Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Trabajo y trabajador
Eduardo García Gaspar
18 septiembre 2009
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Usted no trabaja, no es un trabajador. Tampoco lo soy yo, ni muchos otros. No sé qué seamos, pero no trabajamos ni somos trabajadores. Eso es lo que concluí de lo que me dijo un profesor de universidad, no hace mucho.

Estaba él realmente preocupado. Gran ansiedad le causaba el problema de los bajos salarios de los trabajadores, un problema que según él, sólo podía lograrse por medio de la elevación legal del salario mínimo. “Los trabajadores ganan muy poco”, insistió varias veces.

Realmente no. Algunos trabajadores ganan millones y otros están sin empleo. Hay trabajadores millonarios y los hay pobres. Lo que le sucedía al profesor es que había definido a los trabajadores como gente con bajos ingresos. ¿Quién es el que tiene salarios bajos? El trabajador. ¿Quién es el trabajador? El que tiene salarios bajos.

Es un error de definición circular, pero también es uno de generalización falsa. La realidad muestra que trabajan el novelista que gana mucho y el que gana nada, el filósofo que explica cosas que a pocos interesan y el chofer de un camión de reparto. Trabajan un profesor de química y el limpiador de pisos. El ejecutivo de marketing y el diseñador de aplicaciones de computadora.

Creer que sólo los obreros de una fábrica trabajan es un error colosal. Son trabajadores los fundadores de negocios, los armadores de autos, hasta los columnistas de periódicos. Entender esto tiene consecuencias de largo alcance. La más obvia de ellas es que la atención debe estar puesta en el trabajo desempeñado, no en la persona.

Ya que hay trabajadores que ganan mucho y otros que ganan poco, la explicación de los altos y bajos ingresos debe estar dada por el trabajo desempeñado, no tanto por la persona (sin dejar de considerarla). En otras palabras, hay trabajos que son muy valorados y los hay que no lo son.

Quien realiza un trabajo muy valorado tendrá más altos ingresos y viceversa. No es difícil de entender. La valoración de los trabajos, no de las personas propiamente, la hace el resto de la gente que necesita de esos trabajos. Alguien que necesita de los servicios de un jardinero le pagará de acuerdo con los que crea que valga ese trabajo y la escasez de él que exista.

La cosa se complica cuando la gente valora un bien cualquiera que requiere el conjunto de servicios de muchas personas. Si usted necesita los servicios de un despacho de abogados, en realidad está comprando el trabajo de uno o más de esos abogados, pero sin darse cuenta también comprará los servicios de secretarias, mensajeros y hasta limpiadores de pisos, reparadores de computadoras… todo lo que necesitan los abogados para servirle a usted.

Es natural que el abogado gane más que su asistente y su asistente que quien hace el aseo. Esto sucede por el valor que cada uno agrega y que los abogados propietarios también valoran. Todos trabajan, pero unos ganan más que otros por una sencilla causa, el valor que añaden al servicio que usted compra.

Quien limpia pisos no añade gran valor, pero sí los abogados que le sacan de un problema legal. Entonces el problema no es el de que todos los trabajadores ganan muy poco, sino el de trabajos que añaden poco valor y por eso generan ingresos bajos a quien lo realiza.

Esto cambia las cosas tanto, que el remedio de los bajos ingresos ya no es el tratar de solicitar la elevación del salario mínimo, sino el intentar elevar la contribución de valor de cada trabajador al producto final, considerando la escasez de ese trabajo.

Un encargado de aseo, que limpia pisos en oficinas, gana más en los lugares en los que ese tipo escasea, donde hay pocas personas que están dispuestas a hacer esos menesteres. Pero gana más también porque es más productivo: limpia pisos más rápido y mejor gracias al uso de mejores herramientas.

Por eso, si usted va al aeropuerto de la ciudad de México, encuentra decenas de personas realizando una limpieza poco eficiente: hay muchos haciendo lo mismo con escasas herramientas y bajos ingresos. En el aeropuerto de Toronto, la situación es la opuesta.

¿Qué puede hacerse? Antes que nada, lo que no debe hacerse: elevar los salarios mínimos,, que producen ingresos más altos al empleado, pero crean desempleo. Y lo que sí debe hacerse es facilitar que las personas aumenten el valor de lo que producen. No es difícil de entender… aunque ese profesor enseñaba en sus clases lo contrario.


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