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Humildad en la Economía
Selección de ContraPeso.info
13 diciembre 2010
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Kevin E. Schmiesing. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

El autor es research fellow en el Research department del Acton Institute. La idea central del escrito es poner sobre la mesa la idea que justifica la intervención económica gubernamental, la fatal fatuidad del presuponer saber más.

En el filme independiente Napoleon Dynamite, el personaje principal expresa su opinión en términos absolutos: “Este es por mucho el peor video jamás hecho”.

Su hermano, Kip, responde con lógica incisiva, “Como si eso lo supiera cualquiera”.

En tiempos de engrandecimiento gubernamental y vanidad intelectual, las palabras de Kip podrían convertirse en un eslogan de utilidad.

La ley de estímulo económico de 2009 en EEUU es la prueba A. Cuando fue aprobada en febrero de ese año, el presidente Obama y sus consejeros económicos insistieron en que así se impediría que el desempleo superara el 8%.

Como si eso lo supiera cualquiera.

Para octubre de 2009, el desempleo llegó a 10.1%. Ahora ha permanecido arriba del 9% durante 19 meses, el período más largo desde la Segunda Guerra Mundial.

Los políticos y los economistas que los sirven piensan que el gobierno puede “crear” empleos por medio del gasto, ignorando los costos de corto y largo plazo de mayores impuestos y/o déficits más altos.

La economía es un sistema complejo, influido por factores innumerables —psicológicos y materiales— que no pueden ser manipulados con efectividad inyectando unos pocos miles de millones de dólares aquí o allá.

Por igual, el congreso, proponiendo reformar el sector de salud, planteó la idea de que la industria era tan complicada que el mercado no podría ajustarse con efectividad a los deseos de la oferta y la demanda.

En sustitución, comités y comisiones de gobierno calcularían lo que deberían costar los seguros médicos, qué procedimientos médicos representarían gastos válidos y necesarios de 300 millones de personas con distintas creencias y prácticas, y qué monto de cuidados últimos serían razonables para todo caso individual de un paciente terminal en Medicare.

Como si eso lo supiera cualquiera.

Los conservadores, también, pueden estar presuntuosamente equivocados. Los críticos de la ley de medicina de Medicare del presidente Bush en 2003, arguyeron que sus costos superarían por mucho los calculados y que el programa se convertiría en un barril sin fondo de gasto federal (yo me conté entre esos dudosos).

Sin embargo, los números de 2009, reportados este año, descubrieron que los gastos estuvieron 40 mil millones por debajo del cálculo inicial. Este aparentemente inconcebible resultado de un programa de bienestar gubernamental costando menos de lo anticipado, es una combinación de factores cuyos efectos fueron subestimados, incluyendo la competencia de aseguradoras y una demanda decreciente de medicinas de receta.

Y quizá, también, algunas otras causas que uno tiene todavía que identificar. El punto es que es imposible una interpretación completa del efecto total de amplias y complicadas intervenciones en el mercado.

Entre las razones por las que el socialismo no funciona está la que los economistas austriacos, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, llamaron el problema del cálculo económico. La economía no puede ser planeada, debe desarrollarse orgánicamente.

Un papel central de ese desarrollo es el precio de mercado, el que, observaron ellos, funciona como un transportador de información. El monto de información que el precio contiene es tan grande que desafía la capacidad de cualquier autoridad central o sola inteligencia que la capture e interprete.

Hayek puso el dedo en el origen del error que lleva a los gobiernos a intentar —usualmente con resultados desastrosos— manejar centralmente a la economía o cualquiera de sus partes. La llamó “fatuidad fatal” (fatal conceit).

Hayek, el agnóstico, no escribió sobre ella en términos religiosos, pero su lenguaje correctamente identificó a este evidente error político económico como, en su raíz, una falla moral.

El mercado es un instrumento que descansa en humildad y circunspección. Refleja y revela los valores reales, no los admitidos, que colocamos en los respectivos bienes y servicios. Demanda que creemos por medio de nuestro trabajo algo que tiene valor para otros, en lugar de atender en exclusiva sólo nuestras preferencias.

Y satisface con más eficiencia las necesidades cotidianas de otras personas mejor de lo que lo podríamos hacer mediante el uso de nuestra propia inteligencia y sinceridad ante el problema de satisfacer demandas reales con bienes escasos.

Como si eso lo supiera cualquiera.

El mercado nos requiere que sometamos nuestras ideas, sobre cómo puede una sociedad ser mejor servida, a las necesidades y deseos de nuestros conciudadanos y cómo ellos los expresan mediante sus miles de millones de decisiones de comprar y no comprar.

De esta manera, el mercado es un antídoto a la arrogancia. La humildad mitiga nuestra inclinación a creer que la economía puede acomodarse a nuestras nociones de cómo debe ella ser.

Hay algunos principios generales que parecen mantenerse como verdaderos y que no es coincidencia que sean de sentido común. Por ejemplo, los impuestos altos desalientan el crecimiento económico, los impuestos bajos lo promueven.

Más allá de estos principios básicos, está la conjetura y la especulación. Las consecuencias no intencionales de cambios de política a menudo anulan el objetivo buscado.

La siguiente ocasión en la que usted escuche a un político o a un economista dar como un hecho innegable que tal o cual intervención gubernamental tendrá precisamente este o el otro efecto en la economía, haga una pausa durante un segundo, cierre levemente los ojos y diga con intención, “como si eso lo supiera cualquiera”.

Post Scriptum

El diálogo completo de la cinta dice

Uncle Rico: So what do you think?

Kip: It’s pretty cool, I guess.

Uncle Rico: Ohhhh, man I wish I could go back in time. I’d take state.

Napoleon Dynamite: This is pretty much the worst video ever made.

Kip: Napoleon, like anyone can even know that.

Uncle Rico: You know what, Napoleon? You can leave.

Napoleon Dynamite: You guys are retarded!

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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