Corregir los vicios humanos, remediar los defectos de las personas. Ello es una esperanza inútil cuando se intenta hacer por medio de un cambio de régimen o de estructuras políticas. ¿Puede un gobierno corregir los vicios humanos?

10 minutos

Introducción

Sus imágenes y recuerdos son de lo más memorable —inexactas pero perdurables. Las películas proveen esas imágenes y el simplismo, su contagio. Una de ellas es la de un rol en el cine, el personaje Gordon Gekko, en la cinta Wall Street, quien dice eso de «Greed is good», es decir, la codicia es buena.

¿Lo es? No lo creo —al contrario. Pero la codicia es un vicio que casi como un reflejo condicionado se asocia con el capitalismo. De esto, no tienen tanta responsabilidad las imágenes del cine, como por ejemplo, la de Danny de Vito en Other People’s Money, pues también los mismos proponentes del capitalismo han defendido la codicia o alguna versión ligera de ella.

Una columna de Jay W. Richards, Greed Is Not Good, and It’s Not Capitalism trató el tema, coincidiendo con lo anterior. Un ejemplo reciente de la ayuda que no se necesita, una columna de F. Zakaria, en Newsweek, titulada, The Capitalist Manifesto: Greed Is Good (To a point).


📌 El punto central a tratar

¿Es posible que cambiar de un sistema económico o político a otro corrija vicios humanos y haga mejores a las personas? ¿Puede un gobierno modificar a la naturaleza humana al implantar un cierto régimen económico?


El asunto en su fondo

Los sucesos acumulados dan oportunidad a Richards para hablar de un mito, el de la codicia en el capitalismo —un mito curioso, que es usado por quienes ven en el capitalismo la condena del mundo, pero también por quienes lo consideran su salvación. Esto es lo que hace al tema uno excelente para explorar.

Si antes tenía que seleccionarse entre socialismo y capitalismo, el mito ha trasformado esa decisión —ahora es otra decisión también dual: capitalismo o moral/religión.

Richards sugiere que tal vez el origen de la contraposición entre capitalismo y moral haya sido originada por Adam Smith y su famosísima frase de que no es la benevolencia del carnicero lo que hace llegar alimento a la mesa de otra gente.

Si se exagera esa idea, podría llegarse a estirarla tanto que significara un halago del egoísmo —que fue lo que hizo Ayn Rand cuando habló del egoísmo como una virtud.

El centro, tal vez del problema, es distinguir entre el interés mutuo propio en un intercambio voluntario y el beneficio de solo una de las partes.

Esto es lo que quiero explorar antes de entrar en el tema de los vicios humanos y la esperanza de corregirlos cambiando regímenes y estructuras políticas y económicas —concretamente si el socialismo quitará esos vicios humanos. ¿Podrá un gobierno corregir los vicios humanos cuando establezca un «orden económico justo»?

Interés y egoísmo

• Primero, el interés propio —una cualidad humana digna de ser bien considerada. Es la que manda a las personas a ser precavidas, por ejemplo, cuidando su salud, evitando abusos en el beber, ahorrando para el futuro, comprando los satisfactores que necesita. No es egoísmo, ni codicia.

• Segundo, ahora sí, egoísmo y codicia —vicios reprobables y que por esencia, causan daños propios y ajenos, por ejemplo, engañando a otros para obtener beneficios.

Con esos datos, ahora puede verse una acción que es clave en el capitalismo —los intercambios voluntarios de bienes. Ellos solo pueden realizarse cuando las personas que los realizan piensan que después del intercambio su condición mejorará.

Es obvio que las personas tienen interés personal en mejorar, pero la acción realizada jamás implica un daño en la otra persona, al contrario.

Para el observador superficial, la apariencia de ese intercambio puede ser la de un acto egoísta si pone atención en una de las personas —es obvio que esa persona fue movida por su propio interés, pero si se ve también lo que sucede en la otra persona, se verá que también hubo interés propio.



Una curiosa situación esta, en la que el interés propio de ambas personas se satisfizo sin daño mutuo, al contrario, con beneficio para ambos. ¿Hubo interés propio en ambas personas? Por supuesto —no puede negarse, pero sería una exageración llamar a esto codicia o egoísmo, cuando ambas personas salieron beneficiadas del intercambio.

Y, si el acto es examinado sin prejuicios, podrá verse algo muy revelador: la persona que busque satisfacer su propio interés comprenderá que hacerlo requiere producir cosas que satisfagan el interés de otros.

Es decir, el propio interés se convierte en una fuerza que hace pensar en los demás —si el carnicero, o el panadero, quieren satisfacer sus propios intereses, lo podrán hacer bajo una condición, la de ayudar a otros a satisfacer los suyos. Quien a esto llama codicia, cometerá un serio error de evaluación.

Pero hay un elemento del que carece lo anterior —la definición de intereses personales. El panadero, se sabe, gana al ofrecer un buen pan a los demás. Con ello obtiene medios para satisfacer sus intereses, pero no hay datos para saber cuáles son esos intereses.

Y esto es lo que da entrada a la posibilidad de egoísmo o codicia, no el intercambio en sí mismo.



La pregunta que sigue

¿Es posible que algún sistema aminore o bien magnifique los vicios del egoísmo, la codicia y los demás del ser humano? ¿Puede un gobierno corregir los vicios humanos cuando cambia de un régimen económico a otro?

La pregunta está ampliamente justificada y su respuesta es lo que ahora exploro.

Este examen explora la tesis que afirma que cambiando al régimen económico o político será posible remediar los vicios y defectos de las personas.

Típicamente, se supone que cambiando de un régimen capitalista a uno socialista, los seres humanos cambiarán y sus vicios se anularán. ¿Es eso posible?



Cambiar de sistema económico para corregir vicios humanos

El esquema de la propuesta puede verse con facilidad:

  • Bajo el sistema económico-político A, las personas tienen vicios que las lastiman, por ejemplo, son codiciosas y materialistas.
  • Bajo el sistema político-económico B, las personas corregirán esos vicios y vivirán mejor, ya no serán materialistas ni codiciosas.
  • Por tanto, hay que cambiar del sistema A al B.

En ese esquema, el capitalismo o liberalismo es el sistema A y el socialismo el B. Este esquema de pensamiento es lo que genera un cierto romanticismo político, el que propone la posibilidad de una sociedad perfecta con tan solo cambiar de sistema político-económico.



La otra pregunta que sigue

La creencia de que un gobierno al cambiar un sistema político económico por otro es capaz de corregir vicios y defectos humanos lleva a plantear lo siguiente.

¿Son los defectos humanos una constante real con independencia del sistema económico en el que viven las personas, o no? ¿Esos defectos y vicios se padecerán por igual bajo el socialismo y el capitalismo, o acaso el socialismo anulará esos defectos humanos?

Si son una constante los defectos humanos, ellos son se corregirán incluso a pesar de quitar al capitalismo e imponer al socialismo. Es decir, también con el socialismo se sufrirá codicia, corrupción, deshonestidad y demás.

La respuesta, por tanto, puede ser de dos tipos:

  • Sí, el cambio de estructura política y económica corregira a la naturaleza humana produciendo una sociedad al menos cercana al ideal.
  • No, los vicios humanos se mantendrán como una constante sin importar el tipo de estructura económica que se tenga.

El lector debe optar por una de esas dos posibilidades y hacerlo sin caer en ensoñaciones. Por ejemplo, recordando que en El Estado y la Revolución, Lenin creía que en la fase superior del comunismo, la sociedad sin clases, los hombres ya no serán los actuales «filisteos».

¿Puede un gobierno corregir los vicios humanos? Para responder la pregunta ayudará examinar algunas evidencias históricas que ilustren los resultados de la implantación de regímenes socialistas, por ejemplo en la URSS, China y Cambodia.

¿Puede un gobierno corregir los vicios humanos?

Al menos, como punto de partida se supone razonablemente que ningún sistema político puede ser calificado de egoísta o codicioso, puesto esos son rasgos constantes humanos, no del sistema en sí.

Los vicios y las virtudes de las personas se perciben fácilmente en cualquier etapa de la historia, independientemente del sistema político y económico. Lo más razonable es suponer que ellos son una constante que no cambia con cada régimen.

Propensión al vicio

Lo anterior permite ir al segundo paso, el de tener alguna idea sobre si alguno de los sistemas es más o menos propenso a acrecentar el egoísmo, la codicia y los demás vicios, o por el contrario a moderarlos hasta donde sea posible.

La afinación de la pregunta es útil. A pesar de ser los vicios humanos una constante que no puede modificar el régimen político, ¿podrá alguno de ellos moderarlos siquiera un poco? Es posible tener alguna indicación sobre la respuesta correcta si se examina la manera en la que el socialismo y el capitalismo tratan el problema del poder.

La hipótesis básica establecería un principio de solución: el sistema que más concentre el poder es que el menos frenos y más facilidades contiene para la realización de actos egoístas y codiciosos.

Dentro de un sistema económico, cualquiera que sea, en el que el poder carezca de contrapesos, ese será el sistema que más fomentará los vicios humanos. Con este principio basta solo ver qué sistema contiene un arreglo social de más concentración de poder y ese será el menos efectivo para frenar acciones de codicia, egoísmo y demás vicios.

Conclusión

¿Es posible que cambiando de un sistema económico-político a otro pueden remediarse los vicios humanos? ¿O ellos son una constante que se padece bajo todo sistema?

Son esas las preguntas que se han examinado en esta columna, llegando a las conclusiones siguientes:

  • Los vicios y las virtudes humanas son una constante que se tienen bajo todo sistema y régimen político y económico.
  • Por lo tanto, es inútil la esperanza de que cambiando un sistema por otro, los seres humanos corregirán sus vicios y se tendrá una sociedad ideal o casi.
  • Existen, sin embargo, regímenes que pueden ayudar a disminuir los efectos de los vicios humanos cuando ellos evitan concentraciones de poder político y económico.

Es decir, la codicia y el egoísmo no son rasgos esenciales de ningún sistema económico. Son en realidad vicios propios de la naturaleza humana, que no desaparecen con un cambio de sistema económico.

Si se trata de vicios humanos y todo lo que puede hacer un sistema económico es aminorar los efectos de esos vicios, pero no desaparecerlos, lo que sería imposible.

El más apto de los sistemas económicos para tratar de encauzar o aminorar las consecuencias del egoísmo y la codicia es aquel que más diversifica el poder económico y político, y que da, por eso, menos oportunidades y menor tamaño de abusos que serán inevitables en cualquier sistema.


Otros lectores también leyeron…

[Actualización última: 2021-08]