Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Imposible Contra un Clisé
Eduardo García Gaspar
25 junio 2010
Sección: DERECHOS, FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
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La obra, que un buen amigo me prestó señalando con intención una página, fue reveladora. Probó, de nuevo, que casi toda ocasión presenta oportunidades de aprendizaje.

El libro dice que hay propuestas diferentes para resolver problemas de desigualdad y menciona tres de ellas.

Pero antes de ver esas tres propuestas para resolver la desigualdad, vale la pena ver a la desigualdad misma. ¿Es mala? No necesariamente.

Gracias a la desigualdad podemos contar con bienes que no podemos hacer usted ni yo. Es bueno que exista gente que pueda construir aviones y coches, que otros no podríamos hacer. La variedad y desigualdad de talentos es muy positiva.

Entonces para ver como problema a la desigualdad, ella debe definirse como una cosa concreta y no en general. Intentemos definir desigualdad económica.

Entre muchos de nosotros y los grandes multimillonarios hay mucha desigualdad de ingresos, pero eso no es necesariamente un problema si los otros tienen ingresos para vivir razonablemente. Si usted tiene tres Ferraris y yo un Toyota, no hay gran problema.

Entonces el problema no es propiamente de desigualdad económica, sino de ingresos por debajo de un límite razonable. Es lo que llamamos pobreza y no es lo mismo que desigualdad.

Si usted define el problema como de desigualdad, lo remediará haciendo iguales a todos. Pero si el problema lo define como de pobreza, el punto será cómo remediar esa pobreza… no cómo igualar a todos.

Aclarado esto, que no es trivial, continúo con lo que dice el libro. Afirma que hay tres sistemas o propuestas para remediar esa desigualdad (indefinida y mal planteada).

Una de esas propuestas es calificada como “estrategia individualista” y se sustenta en la idea de remediar la desigualdad persona por persona, una por una, mediante su autorrealización y automejoramiento.

No está mal la estrategia. Después de todo, somos personas únicas e irrepetibles que por eso merecen tratos diferenciados que consideren esa individualidad. Pero, según el libro, esta estrategia no es la buena, aunque no explica la razón.

La segunda estrategia es la “colectivista”. Consiste en dar poder al gobierno para que regule la vida de las personas remedie la desigualdad y así se logre bienestar.

No tiene opinión el libro sobre esta estrategia, pero me perece equivocada porque se presta a abusos de gobierno y violaría libertades personales.

Y ahora viene la tercera estrategia, la que el libro muestra como la mejor. Se llama estrategia de “participación popular”.

Es una denominación fascinante por su vaguedad. No puede uno imaginarse de qué se trata. Incluso ni leyendo la descripción que de ella se hace.

Dice que “propone la participación de las personas, el pueblo, para que en una labor conjunta y no individualista, mejoren sus condiciones sociales…” Bien, entiendo que es más colectivista que individualista, pero qué exactamente es.

No lo dice el texto. Sólo añade que es la estrategia que promueve la ONU, lo que sea que eso valga y que no creo que sea gran cosa.

Le dije a mi buen amigo que leí la página que él había señalado y, sin pausa él se echó a reír muy sonoramente. Le dije que pensaba escribir algo sobre ese material y me dijo: “No lo sé, tal vez sea bueno que otros conozcan ideas malas, como las del libro, para poder reconocer las buenas”.

No creo que sean ideas malas. Menos aún buenas.

Son mediocres: parten de una situación válida, la pobreza, pero la conceptualizan como desigualdad, que es miope y luego descartan opciones de solución para adoptar algo incomprensible, que es un clisé: participación popular, que debe ser bueno porque lo apoya la ONU.

Las diferencias entre liberales, que defienden la libertad, y los socialistas, que defienden el mayor poder gubernamental, pueden llegar a ser interesantes y difíciles. Hay buena cantidad de ricas opiniones en pro y contra de ambas posturas.

Pero cómo argumentar contra un clisé indefinido que sólo dice estar basado en una “labor conjunta del pueblo”.

Que sea lo que la ONU quiera implantar en el mundo es causa de sospecha más que una ventaja, pero es irrelevante la recomendación.

Puede que sólo sea el producto de esa mentalidad que pretende encontrar la tercera vía al progreso y que no es otra cosa que un socialismo disfrazado en un clisé desgastado.

Post Scriptum

El libro citado es el de Medina, J., & Cielo, S. (2008). Formación Cívica y Ética II (3o. Secundaria). México: Santillana, p. 26. Se usa en México como libro de texto autorizado por el gobierno. A notable cómo los clisés pueden convertirse en material académico que nublan la mente de los alumnos.

 


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