Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Soledad, Apertura y Otros Asuntos
Eduardo García Gaspar
28 septiembre 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es la historia de un hombre, célebre y poderoso, que no podía estar solo. Siempre tenía gente a su alrededor. Siempre. Fabricaba sin razón alguna reuniones que le impidieran estar solo en su oficina.

Era otra manifestación del complejo de Twitter y FaceBook. Un tema de manejo de la soledad.

En nuestros tiempos se llama el manejo de la privacidad, que es el saber mantener ciertas cosas para uno mismo. Un arte que es retado por la tendencia a abrirse todo en esas páginas de internet y por un miedo terrible al estar solo siquiera unos momentos. No sé muy bien cómo expresar esto, pero lo intentaré.

Al mismo tiempo existen tendencias humanas en direcciones diferentes. Por un lado, el temor a estar solo, a enfrentarse a uno mismo, a ponerse a meditar por cuenta propia. Por otro lado, el deseo de privacidad, de que los demás no sepan todo de uno, como una especie de creación de una imagen pública que no corresponde a la real. Y, otra tendencia, el deseo de compartir con otros los más insignificantes detalles, como en Internet.

En resumen, esas tendencias me hacen ver en primer lugar ese temor a la soledad en combinación con un deseo de compartirlo todo, al mismo tiempo que nos aislamos unos de otros. En fin, una situación complicada y fascinante.

Comienzo con la soledad, que no es el aislamiento de los demás, sino una especie de buena disciplina del tiempo libre. Son momentos propios, lejos de otros, física y mentalmente, que sirven para pensar sin orden en lo que sea. Ayuda a crear opiniones y a justificarlas. Desarrolla la personalidad propia y el sentido de individualidad.

Si existe temor a la soledad es porque se confunde con aislamiento, con falta de amigos, con carencia de popularidad personal. Y se le teme también porque nos presenta momentos para pensar, un hábito quizá perdido en buena proporción. Y esta confusión impide la soledad sana, el buen tiempo libre individual.

Luego están dos fuerzas opuestas. Existe una apertura excesiva en ocasiones, una que revela las más íntimas partes del ser humano. Lo que sucede con las revelaciones de las celebridades, sucede también en casos de los no célebres: el hacer objeto de conversación partes demasiado íntimas.

Pero al mismo tiempo, hay un deseo de privacidad. Es eso del “no te metas con mis creencias, yo tengo mis verdades”. Es así que nos enteramos de los detalles de los encuentros sexuales de Al Gore, pero evitamos hablar de cuestiones más importantes, como las religiosas.

Todas estas cosas mezcladas tienen un efecto no precisamente positivo, la pérdida del hábito de pensar, de meditar, de reflexionar y de distinguir entre lo trivial y lo importante. Sin tiempo para nosotros mismos en soledad momentánea se pierde el arte de esas actividades y lo que en público entretiene es lo ramplón e irrelevante.

Se está dispuesto a profundizar en la sentencia judicial de un artista de cine, en los amantes de un personaje de televisión, en los detalles superficiales de las vidas. Compartimos eso física o virtualmente. Entretiene y divierte, lo que no está mal en sí mismo, excepto por el descuido de lo esencial, de lo que nos hace seres humanos.

Nos abrimos en lo ordinario y prosaico y nos cerramos en lo esencial y sustancial. Esto crea un vacío mental, el de lo sustancial que es llenado con lo que sea. Es la sustitución del pensar con eslóganes y frases contagiosas que ni siquiera tienen la riqueza de los refranes. No es un problema menor.

Somos seres humanos, muy distintos al resto de las criaturas de nuestro mundo. Podemos hacer cosas que los demás no pueden. Cultivar esos rasgos distintivos es deber de nuestra propia naturaleza. Si somos libres, debemos creer que la libertad tiene un mejor uso que el de meternos en la cama con quien sea que esté dispuesto.

Si somos capaces de pensar, debemos creer que nuestra razón tiene un mejor uso que el de repetir frases chatarra sin haberlas comprendido. Si somos capaces de hablar, debemos pensar que nuestro lenguaje tiene un mejor uso que la emisión de palabras soeces creyendo que eso es gracioso.

No creo que estos tiempos sean peores que otros anteriores. No creo en la nostalgia de mejores tiempos pasados. Sí creo que enfrentamos los mismos problemas de otros tiempos aunque en circunstancias distintas y con otras modalidades.

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