Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Poder Como Adicción
Eduardo García Gaspar
26 agosto 2011
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


El problema es conocido. Se trata de un trastorno mental, una adicción. La adicción al juego. Eso de jugar, generalmente en casinos, hasta el punto en el que es una obsesión que modifica la conducta normal de la persona.

Le llaman ludopatía y es real. Tanto como el alcoholismo y la drogadicción.

Como todo problema, la ludopatía es una causa que mueve a los gobernantes a sentirse capaces de remediarla.

Podríamos llamarla remedio-patía y también es real. Es el trastorno mental que lleva al gobernante a creer que tiene la capacidad, la preparación y el conocimiento necesarios para resolver el problema que sea.

En específico, los legisladores del PRI ilustran esa remedio-patía: han propuesto el incremento de un impuesto a los casinos. Ese incremento producirá recursos, dicen, para que con ellos se abran centros de atención médica a los ludópatas.

Es el mecanismo estándar que se usa para remediar problemas desde el gobierno.

El mecanismo es directo: se cobran aun más impuestos y con ese dinero adicional el gobernante ofrece abrir otro organismo gubernamental, el que servirá para remediar el problema detectado.

Funciona para todo, desde obesidad hasta tabaquismo, pobreza, lo que usted quiera. Su esencia es una idea supuesta: no hay problema que los gobernantes no puedan resolver si ellos tienen más dinero.

El pequeño detalle es que el mecanismo no funciona. La realidad actual muestra de hecho lo opuesto: demasiado dinero en manos gubernamentales es causa de crisis.

Recuerde usted que el déficit mensual público en EEUU equivale a acabar al mes con 1.5 veces la fortuna de Carlos Slim (y dos veces la de Bill Gates). Estas cosas bien valen una segunda opinión.

Primero, para señalar abiertamente esa remedio-patía del gobernante, su obsesión con remediar todo si contara él con más dinero.

Me imagino que sería una mejor idea que entre los ciudadanos pagásemos a un grupo de psiquiatras para que tratara a nuestros gobernantes y los curara de esa obsesión. Sería enormemente más barato.

Pero hay más que eso. Debemos poner atención en las ideas que están detrás de esa propuesta de cobrar más impuestos a los casinos para remediar a los adictos al juego.

Bajo este modelo, los fabricantes de golosinas deberían también pagar más impuestos para curar a los adictos a dulces. Los juegos de cartas, de ruletas, de juegos de dominó, de juegos electrónicos, de redes sociales… todos ellos deberían pagar más impuestos para curar a sus adictos.

Eso tendría una consecuencia inmediata, la de elevar los precios de los bienes que ofrece el productor. Esos precios los pagan todos, no solamente los afectados por el trastorno.

Es decir, el costo del remedio es transferido a los usuarios razonables del bien. Los sanos pagarían el tratamiento de los enfermos. Hay un feo olor a injusticia en esto. Se pierde la responsabilidad personal que es del adicto y de nadie más que él. Es igual a que el adicto al juego entrara a las casas de sus vecinos y les obligara a darle dinero para curarse.

Otra razón por la que el remedio gubernamental no funcionaría es la manera en la que se implantaría: la mayor parte de esos fondos serían destinados al pago de la burocracia y sus necesidades, no al tratamiento en sí mismo.

Es lo mismo que sucede con la educación, donde sería mejor dar el dinero a cada familia y que ellos lo gastaran en la escuela que quisieran.

La propuesta de aumentar impuestos a los casinos mexicanos para curar la adicción al juego es digna de destacarse, no en sí misma, sino por ser un ejemplo reciente y diáfano de otra adicción.

La adicción del gobernante a sentirse capaz de remediar todo si el tuviera más dinero (es decir, elevara los impuestos). Obama, ahora mismo, es un ejemplo de esa adicción.

No es el único que padece el trastorno. En la realidad, a juzgar por los hechos, la padece la inmensa mayoría de los gobernantes, de derecha y de izquierda, en democracias y en monarquías.

Es su estado normal y tiene un efecto de consideración: los gobiernos son organismos que por diseño tienden a salirse de sus límites naturales.

Al exceder esos límites, los gobiernos ocasionan problemas considerables: frenan el desarrollo, se endeudan demasiado, violan libertades… y fallan terriblemente en lo que es su esencia central.

Post Scriptum

El dato del déficit de los EEUU:

The federal deficit averaged $110 billion per month through the first 10 months of fiscal year 2011, according to the Congressional Budget Office’s (CBO) latest budget review (CNSNews.com)

Esos 110 mil millones son iguales a 1.5 veces la fortuna completa de Carlos Slim. Esto es lo que demuestra que en realidad la institución más rica del mundo es el gobierno. Tener un déficit que es igual a dos veces toda la fortuna de Bill Gates muestra sin dudas quienes son los multimillonarios reales.

En Claro Que es Injusta me uní a la idea de que la riqueza está mal distribuida en el mundo. Tan sólo añadí que es injusta porque la acumulan los gobiernos

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras