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Nivelación Social
Selección de ContraPeso.info
21 marzo 2011
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
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ContraPeso.info presenta una idea de Hunter Baker. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de traducción y publicación.

Esta es la versión breve de otro artículo, publicado como Social Leveling: Socialism and Secularism. “Social Leveling” ha sido traducido como nivelación social y connota la idea de igualación en los dos sentidos a los que Baker se refiere.

Hunter Baker, ganador del Premio 2011 Michael Novak Award es autor de The End of Secularism. Es deán asociado de artes y ciencias en la Union University.

La nivelación social (social leveling) es algo que asociamos típicamente con la destrucción de diferencias materiales entre seres humanos.

Es el sueño socialista de una sociedad sin clases en la que las diferencias, usualmente el resultado de diversidad económica, se hacen irrelevantes.

El estado, con el poder de la acción política de las masas (o al menos del grupo que reclama hablar a nombre de las masas), trabaja para tomar control de la riqueza y de la propiedad de una sociedad y, entonces, redistribuirla en una manera que haga igual a las personas.

Debe ser obvio que este tipo de acción incrementa vastamente el poder del estado porque se convierte en el poseedor efectivo de toda la propiedad.

Aunque el socialismo persigue desaparecer a la desigualdad, puede meramente presentar una nueva oportunidad de pecado.

James Madison hizo notar que el tomar control de la propiedad en un estado no hará a la gente igual por más de un corto tiempo. Tienen ellas diferentes talentos, habilidades y niveles de energía. Una nueva elite surgirá, como lo ha hecho en cada nación con una revolución comunista.

Mientras que ha habido cristianos socialistas, el socialismo ha sido primariamente el terreno de los seculares.

Sospecho que es así porque mientras es fácil entender cómo los cristianos podrían apoyar el compartir voluntariamente toda la propiedad, es más difícil verlos apoyar el compartir no voluntariamente, lo que una persona más claramente podría calificar como la confiscación coercitiva legitimada por el poder gubernamental.

El pensamiento agustino pensó así cuando él imaginó a los gobiernos como bandas de ladrones con uniformes oficiales del estado.

Hay otra razón por la que los cristianos están poco inclinados a apoyar la nivelación social. La lógica de la nivelación social se aplica a más que a la propiedad. En realidad, el socialismo y el secularismo están cercanamente relacionados uno con otro.

Mientras el socialismo busca borrar las diferencias económicas entre seres humanos por medio del retiro de decisiones personales sobre la propiedad, el secularismo busca borrar las diferencias entre las personas por medio del hacer a la religión algo irrelevante en la vida de la comunidad.

Esta acción del secularismo, tan similar al socialismo, es la razón por la que lo refiero también como una nivelación social.

La nivelación social tiene un cierto atractivo. La idea es que la gente será hecha igual porque la igualdad es una meta valiosa de perseguir. El gran problema al aplicar la nivelación social a la propiedad y/o al logro económico es que ignora el mérito y no reconoce la virtud, por tanto disminuye el valor de ambos.

La nivelación social aplicada a la religión puede ser peor aún porque no pone atención en la posibilidad de la verdad religiosa. Todas las propuestas religiosas son tratadas como revelaciones totalmente imposibles de probar y propias primariamente del crédulo.

Esto presenta un problema especial para los cristianos que creen que su fe es realmente verdadera y de que existe evidencia para probarlo en espacio y tiempo real. No debe sorprenderse uno que los seculares vean al Cristianismo como una muleta psicológica.

La nivelación social en la modalidad del secularismo en realidad trata fielmente a las religiones como lo mismo. Ellas se convierten por igual en una forma privada y segregada de la vida de la comunidad.

Desde luego, los seculares esperan que la religión eventualmente desaparezca al abrazar su igualdad una persona con otra. El empiricismo tienden a ir en una dirección distinta. Si hay igualdad entre los seres humanos, es igualdad ante Dios que ha colocado su imagen en nosotros.

He argumentado que la nivelación social logra un mal resultado en el sentido de que ignora cosas como mérito y virtud en su forma socialista y la verdad en su modalidad secular. Solamente eso es una buena razón para oponerse, pero hay un problema más grande.

La nivelación social que se logra por medio del socialismo y del secularismo sólo puede ser implantada por una entidad en la sociedad. Esa entidad es el estado. Por tanto, el estado se convertirá en el real poseedor de toda propiedad y el estado determinará también qué manifestaciones religiosas (si es que las hay) son aceptables para él.

Si damos poder al estado hasta ese nivel, entonces el estado dicta realmente la realidad y tiende a moverse en la dirección del totalitarismo.

Es notable que el sueño marxista de la fraternidad universal cimentada en la igualdad universal se ha detenido repetidamente en la etapa de la dictadura, sin ningún movimiento probable hacia adelante al “desvanecimiento del estado”, como Marx lo predijo.

Esta tendencia a la dictadura entre las naciones que han optado por la fraternidad radical confirman la visión sobre los seres humanos de los Padres Fundadores, en EEUU, y están en desacuerdo con la visión de Marx.

En otras palabras, la sospecha del poder adoptada por los conciencia cristiana del pecado es un enfoque más realista. Esa sospecha llevó a los fundadores de EEUU a hacer sea extraordinariamente difícil de lograr un sistema dictatorial, o su equivalente funcional.

El siglo 20 fue el siglo por excelencia de la nivelación social. En ningún otro momento de la historia se ha puesto tanta energía en los experimentos gubernamentales a escala masiva. Fue el más peligroso siglo que el mundo ha conocido porque casó la más grande ambición política con el mayor logro tecnológico.

Aunque el final del siglo 20 vio embotarse la amenaza del totalitarismo, debemos entender el papel que en su ascenso jugó el entusiasmo por la nivelación social.

Y debemos continuar opuestos a la nivelación social, al regresar ella con apariencias más suaves, más amigables.

Nota del Editor

El mérito de Hunter Baker es enorme al colocar de manera tan comprensible el peligro totalitario de una idea tan popular como la igualdad llevada a su extremo material y a su extremo religioso. Cuando todos son iguales en todo, el más igual de todos ellos es la autoridad, por parafrasear al George Orwell.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Laicismo, también en ContraPeso.info: División del Poder y en ContraPeso.info: Redistribuciones.

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