Un concepto político vago que supone que la autoridad debe estar solamente en manos de élites. La posición usualmente opuesta a los regímenes democráticos. Definición y características del elitismo.

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Introducción

Elitismo es un término de significado vago y confuso que usualmente es usado con connotaciones de discriminación por clasismo. Es decir, suponer que hay segmentos superiores e inferiores en una sociedad, lo que está claramente en contra de la igualdad personal.

Su comprensión es bastante más compleja que su simple uso como insulto dirigido a grupos opositores, los que sea. A pesar de su vaguedad contiene un prometedor contenido político.

📍 El término se asocia con conceptos políticos como el principio doble del poder y la idea de que no importa el gobernante, sino su gobierno. Pone sobre la mesa el inevitable problema de las decisiones democráticas y la innegable realidad de gobernantes imperfectos que forman gobiernos imperfectos.

Primero, ¿qué es una élite?

Su definición hace referencia a un grupo pequeño en número, en una posición jerárquica superior y desde la que dirige al resto de la sociedad. Tiene una connotación de méritos y conocimientos que hacen de el una entidad capaz de gobernar.

¿Qué es una persona elitista? Alguien que tiene conductas y actitudes que le dan imagen de pertenecer la élite, es decir, ideas, intereses y opiniones que son diferentes a las de la gente común.

¿Qué significa elitismo?

El término describe a la forma de pensar que propone la existencia de élites como algo real y deseable, y que ellas deben tener la capacidad de conducción de la sociedad debido a su mayor conocimiento y capacidad.

La idea general puede tener interpretaciones muy diversas, algunas favorables, otras negativas. Puede ser interpretada como un desprecio a la gente común, a la que se ve como peligrosa, deshonesta y vulgar.

También como una desigualdad indeseable asociada con la aristocracia e incluso con la oligarquía. E incluso, negativamente interpretado, es un sinónimo de arrogancia y soberbia.

Igualitarismo y elitismo

Para comprender mejor al significado del término, ayuda el contrastarlo con la idea del igualitarismo. Este último, en sus versiones radicales, propone la igualdad total de las personas y considera injusta cualquier diferencia entre ellas.

Casi lo opuesto del elitismo, al que puede interpretarse como «una forma de apoyar la exclusión de las masas respecto a las posiciones de privilegio y poder».

Sus dos interpretaciones

Primero, su idea de que los gobiernos deben estar en manos de unos pocos, la élite, por ser eso más conveniente que los gobiernos en manos populares.

Segundo, su idea de que no importa realmente que tipo de régimen se tiene, el gobierno siempre está en manos de una élite. No hay otra posibilidad.

Las dos interpretaciones muestran la complejidad del concepto.

1. El gobierno debe estar en manos de la élite

La idea no debe descartarse sin pensar en la división del poder como el conjunto de mecanismos que atemperan los abusos de autoridad, tanto de las masas como de las élites. El bicameralismo de Montesquieu es un ejemplo claro una forma de controlar los excesos democráticos.

No solamente existe el anterior aspecto de controlar los excesos de poder que pueden tener los grupos, sean minoritarios o mayoritarios, también debe reconocerse la diversidad de capacidades, actitudes e intereses de las personas.

No todas son tan iguales como pretende el igualitarismo. Sería irreal suponer que no existe ninguna diferencia entre humanos y que algunas de esas diferencias crean grupos pequeños diferentes a los demás.

📌 El punto central que se abre aquí es el descubrir que existen mecanismos elitistas que pueden servir para moderar los excesos a los que puede conducir un gobierno sustentado solo en la voluntad popular mayoritaria.

2. Sea lo que sea, siempre gobierna una élite

Esto es aceptar una realidad: no importa de qué tipo de gobierno se trate, los principales puestos de gobierno siempre estarán ocupados por los miembros de una pequeña minoría. La observación afirma que eso sucede no importa qué tipo de gobierno se tenga.

Es tan elitista el gobierno de Venezuela o el de Cuba, como el de Francia o EEUU. Un pequeño grupo de personas están en una posición que les permite conducir a un país entero y, usualmente, ellas piensan que saben más que la propia gente lo que ella necesita.

Las diferencias de gobierno no se encuentran en otra parte que en la capacidad institucional para limitar el poder de la minoría en el gobierno.

Conclusión

El concepto, a pesar de su vaguedad y de su uso indiscriminado como insulto, muestra su utilidad práctica cuando muestra la inevitabilidad de la concentración del poder político en pequeños grupos cuyos miembros tienen ambiciones de poder.

Cualquiera que sea el régimen que se tenga y no importa quien gobierne siempre existe el riesgo real y presente del abuso de poder de la élite. Socialistas y liberales, conservadores y progresistas, todos los regímenes tienen esa cualidad elitista que dejada sola lleva a extremos indeseables.


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