Quiero apuntar una metamorfosis —la de un gobernante que ha dejado de serlo para convertirse en un predicador moral.

Más aún, uno que desea crear un nuevo código de valores, una nueva constitución moral para aplicar en el país.

Me refiero a López Obrador, candidato del PRD a la presidencia en México.

A principios de diciembre, escribió una columna titulada Fundamentos Para Una República Amorosa.

La intención del escrito es describir su intención de crear “una república amorosa, con dimensión social y grandeza espiritual” que combata “La decadencia que padecemos” por en parte “la pérdida de valores culturales, morales y espirituales”.

Entre sus metas de gobierno está en alto lugar, “auspiciar una manera de vivir, sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria” —se trata de “una nueva forma de hacer política, aplicando en prudente armonía tres ideas rectoras: la honestidad, la justicia y el amor”.

Esto es precisamente lo que quiero examinar, esa “nueva forma de hacer política” —la que apunta a la metamorfosis del gobernante, ya no responsable del buen gobierno, sino de la moralidad y la espiritualidad del ciudadano.

La “nueva forma de hacer política” será la de crear una nueva “una constitución moral” para México, la que se introducirá en la enseñanza y en los medios.

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El contenido del escrito es básicamente moral —la responsabilidad del gobernante ampliada a realizar el bienestar del ciudadano, incluye en esta nueva manera de hacer política, la responsabilidad moral en tres ejes, siendo el más importante el último.

• La honestidad es mencionada primero. López Obrador destaca en esta sección la “la deshonestidad de los gobernantes y de las élites del poder”, que ha dañado la vida pública y dado mal ejemplo —incluso ha sido “causa principal de la desigualdad y de la actual tragedia nacional”.

Nada realmente original ni destacado en esta parte del escrito —excepto por el apuntar un tema que se repite en el resto de la columna: “En los pueblos del México profundo se conserva aún la herencia de la gran civilización mesoamericana y existe una importante reserva de valores para regenerar la vida pública”.

Reitera su vieja idea de “aplicar un plan de austeridad republicana para reducir los sueldos elevadísimos de los altos funcionarios públicos y eliminar los gastos superfluos” sin añadir ninguna otra idea significativa sobre como combatir la corrupción y los intereses de grupos de presión.

• La justicia es el punto siguiente. La justicia es tratada como un problema de pobreza y nada más que eso: “Es la demanda incumplida, pendiente, a pesar de la Revolución y de toda la retórica de los gobiernos posteriores”.

La pobreza, dice, “se encuentra por todos lados” —han fallado “los programas de apoyo gubernamental y la ayuda que reciben quienes tienen familiares en el extranjero”. Más aún, “no existe ninguna razón natural o geográfica que la justifique”.

El país tiene recursos naturales, dice, y además, “el pueblo cuenta con cultura, vocación de trabajo y con una inmensa bondad”. La pobreza, en su opinión, se debe a “la corrupción imperante y a la economía de elite que sólo beneficia a una pequeña minoría”.

Critica a continuación “la forma en que se enfrenta la crisis de inseguridad y de violencia” — y propone que “la inseguridad y la violencia sólo pueden ser vencidas con cambios efectivos en el medio social y con la influencia moral que se pueda ejercer sobre la sociedad en su conjunto”.

Los problemas de inseguridad serán atacados por su gobierno por medio de “combatir la desigualdad para tener una sociedad más humana y evitar la frustración y las trágicas tensiones que provoca… enfrentar el desempleo, la pobreza, la desintegración familiar, la pérdida de valores y por incorporar a los jóvenes al trabajo y al estudio”.

No hay mención alguna de aplicación de la ley, mejora policiaca, adelantos judiciales y similares.

• El amor es al tercer punto y el que realmente contiene la esencia de la metamorfosis de la que hablo —el gobernante ya no habla de sus planes de gobierno, de sus estrategias económicas. Ahora se hace cargo del amor que debe existir en una sociedad.

Propone “auspiciar una nueva corriente de pensamiento para alcanzar un ideal moral, cuyos preceptos exalten el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria”. El significado es inequívoco: bajo su gobierno se creará una nueva forma de llegar al ideal moral.

Debe ser el responsable de esto porque “Lo material es importante, pero no basta: hay que fortalecer los valores morales” —es una expansión de la autoridad política, haciéndose ahora cargo de lo moral.

Lo hará “A partir de la reserva moral y cultural que todavía existe en las familias y en las comunidades del México profundo” y contando con la “la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo”.

Será función gubernamental, “exaltar y promover valores… revertir el desequilibrio que existe entre el individualismo dominante y los valores orientados a hacer el bien en pro de los demás”.

¿Es esto realmente responsabilidad del gobierno? Por supuesto, según López Obrador, el que dice que hay quienes “olvidan que la meta última de la política es lograr el amor, hacer el bien, porque en ello está la verdadera felicidad”.

Se apoya en lo que dice la constitución de EEUU, sobre “fomentar la felicidad” —aunque en realidad esa constitución dice “consecución de la felicidad” y la deja a cargo de las personas, no del gobierno. También se equivoca, según Sánchez Susarrey, en su cita de la Constitución de Apatzigán de 1814.

Cita varias veces a Alfonso Reyes, en cuestiones morales —adjudicando al gobierno la responsabilidad de lo que sugiere Reyes. Y cita a Tolstoi en asuntos morales —también adjudicando a la autoridad una función moral que no contienen las citas.

Hace López Obrador llamados morales: “la felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos o fama, sino estando bien con nuestra conciencia, con nosotros mismos y con el prójimo” —a lo “la felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos o fama, sino estando bien con nuestra conciencia, con nosotros mismos y con el prójimo”.

Su tono y contenido ya no es el de un gobernante, sino el de un predicador religioso: “es necesario centrar la vida en hacer el bien, en el amor, y a su vez, armonizar los placeres que ayudan a aliviar las tensiones e insatisfacciones de la vida”.

Continuando con su idea de “auspiciar una nueva corriente de pensamiento para alcanzar un ideal moral”, propone primero “una elaboración libre, personal, sobre lo que constituye el bien para cada uno de nosotros… ” —es decir, cada quien crea su moral.

Pero de inmediato, dice que “existen preceptos generales que son aceptados como fuente de la felicidad humana” —estos son “otros preceptos que deben ser exaltados y difundidos: el apego a la verdad, la honestidad, la justicia, la austeridad, la ternura, el cariño, la no violencia, la libertad, la dignidad, la igualdad, la fraternidad y a la verdadera legalidad… la no discriminación, la diversidad, la pluralidad y el derecho a la libre manifestación de las ideas”.

Insiste en acudir a la “reserva moral de importantes valores de nuestras culturas que se han venido forjando de la mezcla de distintas civilizaciones y, en particular, de la admirable persistencia de la gran civilización mesoamericana”.

La nueva forma de pensar en el ideal moral formará los “fundamentos para una república amorosa deben convertirse en un código del bien”. Es decir, deberá crearse ese código, la nueva corriente sobre el ideal moral. Esto es una responsabilidad gubernamental.

¿Qué hacer para crear esa corriente nueva de pensamiento moral? Su propuesta es crear una nueva constitución:

“De ahí que hagamos el compromiso de convocar con este propósito a la elaboración de una constitución moral a especialistas en la materia…”

Durante su gobierno se convocaría a esos especialistas en la materia moral:

“… filósofos, sicólogos, sociólogos, antropólogos y a todos aquellos que tengan algo que aportar al respecto, como los ancianos venerables de las comunidades indígenas, los maestros, las padres y madres de familia, los jóvenes, los escritores, las mujeres, los empresarios, los defensores de la diversidad y de los derechos humanos, los practicantes de todas las religiones y los libre pensadores”.

Cuando se tenga listo el documento, la nueva “constitución moral”, entonces “debemos hacer el compromiso de fomentar estos valores mediante todos los medios posibles”.

La constitución moral creada en su gobierno se va a “Introducir en la enseñanza [dando] toda la importancia que tienen materias como el civismo, la ética y la filosofía; propagar virtudes y destacar ejemplos positivos en los medios de comunicación”.

De esta forma su gobierno establecerá “las bases para una convivencia futura sustentada en el amor y en hacer el bien para alcanzar la verdadera felicidad”.

Addendum

Las ideas de López Obrador —las propuestas políticas y económicas —han sido analizadas en otro lugar, mostrando una clara mentalidad estatista: para este candidato el gobierno es el corazón y centro de toda la sociedad, el responsable de cuidar al ciudadano desde su cuna hasta su tumba.

El nuevo escrito de López Obrador —de diciembre de 2011— muestra otra faceta aún más extrema, la del intervencionismo moral: el gobierno define y establece la moral, que en el caso de este candidato es la “constitución moral” que creará su gobierno convocando a especialistas.

Con esa nueva “constitución moral” creada por un gobierno se destruye la última frontera del poder —ya nadie podrá defenderse del poder alegando razones morales o éticas. Lo que sea que haga un gobierno será por definición moral.

Sánchez Susarrey apunta con gracia que López Obrador parece estar formando una nueva “secta” religiosa y le aconseja bautizarla como “los juanitos” —creo que es más serio que eso. Estamos frente a una mentalidad con tendencias totalitarias.

Nota del Editor

Lo apuntado por Girondella es un ejemplo de un tema que ha destacado esta página. Las columnas que lo tratan están en ContraPeso.info: Intervencionismo Moral.

La mayor de las ambiciones de un gobierno totalitario es dictar la moral, el determinar lo que es bueno y lo que es malo. Una vez logrado esto, nada puede detener al poder gubernamental. Todas las libertades se habrán perdido.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.