Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es la Pobreza
Eduardo García Gaspar
11 mayo 2012
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Flota en el aire una obsesión, la igualitaria.

Es la que se tiene cuando cualquier problema tiene como explicación la desigualdad.

Y, se dice, que, por ejemplo, el narcotráfico se acabaría si no existiera la desigualdad.

El tema bien vale una segunda opinión, empezando por el principio.

En un sentido, es la persistente presencia de algo. Una idea, un sentimiento, una preocupación. Le llamamos obsesión y no es negativa en sí misma.

Puede serlo, sin embargo, cuando se trasforma en una explicación total demasiado simple. De nuevo, el ejemplo anterior sirve: no pocos afirman que el narcotráfico existe porque existe la desigualdad económica.

Lo que proponen es una relación causal. Donde existe desigualdad habrá más narcotráfico que donde haya igualdad económica.

De esta manera, se propone y justifica una solución a ese delito: hacer a todos iguales o similares, en lo material, acabaría con el narcotráfico y hasta con la criminalidad. Demasiado simple. Demasiado obsesivo.

Los problemas con esa propuesta son los obvios. No considera los efectos colaterales de la prohibición de las drogas, por ejemplo. Ni la efectividad policiaca.

El problema es similar al de otra obsesión, una marxista: todo lo explica la lucha de clases. No creo que el mundo sea tan simple, ni los humanos tan sencillos.

Johan Galtung, un sociólogo noruego, no hace mucho dijo que podemos imaginar que se han matado a todos los narcotraficantes, siguiendo la lucha en su modalidad actual, pero que haciendo esto, “lo único que queda es el problema de la desigualdad económica”.

Es muy revelador lo que dijo. Muestra esa obsesión.

Para Galtung, como para otros, la desigualdad económica es el problema. Si es que lo es, la solución es la igualdad económica. Es un cambio notable.

La otra visión es más natural, es considerar que el problema es la pobreza, no la desigualdad económica. Si la pobreza es el problema, su solución es encontrar maneras de elevar los ingresos de los pobres.

El contraste está en las soluciones. Allí está la real distinción. Para quien la desigualdad es problema, la solución es la igualdad económica. Para quien la pobreza es problema, la solución es elevar el ingreso de los pobres.

Nótese la enorme diferencia entre las soluciones. Son dos caminos totalmente distintos, incluso opuestos.

La causa es entender el problema de dos maneras distintas. Sus consecuencias son mayores.

Imagine usted a un candidato a presidente en algún país, para el que el problema central es la desigualdad económica… y piense usted en las decisiones que ese gobernante tomaría. Su meta será igualar económicamente todo lo que pueda a todos. La única posible manera será quitar a unos para dar a otros.

¿Terminarán realmente todos iguales o siquiera se reducirá la desigualdad? No realmente.

La desigualdad de mantendrá por un efecto colateral imposible de anular. Será el gobierno el que ahora sea el más rico de todos. Antes había pocos ricos, ahora hay uno sólo, la autoridad que tiene los recursos que ha retirado a los pocos ricos y que, en intención, dará a los pobres que son todos los demás.

Imagine ahora usted a un candidato a presidente que piensa distinto. Para él, la pobreza es el real problema. Su meta será elevar los ingresos de los pobres, no disminuir los de los ricos. La solución estará en preparar a los pobres para que ellos eleven sus ingresos. No hay otra manera.

¿Terminarán todos iguales bajo este sistema?

Tampoco. Seguirá existiendo desigualdad, pero menor gracias a la reducción del número de personas pobres. Con una ventaja de consideración, habrá más ricos y menos pobres, sin que el gobierno sea el único realmente rico. No está mal.

Mi intención fue llamar la atención a un problema de confusión de ideas. Demasiados entienden a la pobreza y a la desigualdad como siendo lo mismo. Y no, no significan lo mismo.

Son muy diferentes. Conducen a soluciones opuestas. Cosas como estas son necesarias de aclarar por los errores a los que conducen.

Por ejemplo, los gobernantes que hablan obsesivamente de la desigualdad como un problema tomarán medidas que no necesariamente conduzcan a la solución de la pobreza, que es el real problema. Y es que, al final de cuentas, la meta de la igualdad económica sólo es posible bajo el totalitarismo.

Post Scriptum

Debo añadir que dentro del totalitarismo tampoco es posible la igualdad económica. En un régimen así, la desigualdad es aún mayor: el dueño del poder es el único “rico” (más los miembros aduladores de su cohorte).

El remedio del narcotráfico por medio de la igualdad económica, que suena descabellado y lo es, tiene sin embargo una faceta poco examinada. Bajo un sistema de igualdad económica, los narcotraficantes estarían sujetos a muy altos impuestos para no tener fortunas desproporcionadas, es decir, tendría que legalizarse ese tráfico. Recuérdese que entre los hombres más ricos del mundo hay algunos narcotraficantes.

Una columna de hace varios años, Obsesión Igualitaria, trata este tema.

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