Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Palabras Pedantes, Infladas
Eduardo García Gaspar
3 octubre 2012
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Llega a causar risa. Más bien, humor involuntario.

Me refiero a esas palabras que inflan lo que se dice y escribe.

Su resultado superficial suele ser una impresión de grandeza, al menos las primeras veces que se escuchan.

Pero al cabo del tiempo, regresa a lo que son, nada o muy poco.

Recuerdo una vez que uno de esos personas de neuronas infladas hablaba en público. Mencionada un pequeño cambio en las técnicas de venta de su empresa. Nada realmente importante. Más bien obvio.

Sin embargo, él lo llamó “un cambio de paradigma”. Todos salimos impresionados, pero eso duró poco, al darnos cuenta de la realidad.

Es como un efecto colateral que pretende buscar esplendor y pasado el tiempo, esa gloria se convierte en nada. Es una depreciación del lenguaje, una alteración de significados que llama grande a lo pequeño, colosal a lo mínimo, importante a lo irrelevante.

Usted conoce esas palabras.

“Sinergia” fue una favorita y aún subsiste. Ni siquiera es español y, me imagino, tiene que ver con las ventajas de trabajar en conjunto varios elementos que previamente eran independientes.

“Empoderar” es más actual y tiene sus fanáticos que la ven como una solución “paradigmática”. Una vez pregunté que significaba y recibí más palabras incomprensibles. Me imagino que quiera decir autonomía y libertad que han sido coartadas por alguna razón.

También está eso de ser “proactivo”, una mala palabra que en realidad significa anticiparse a las cosas, prever eventos y actuar estando preparados. El problema es que su significado es borroso. Es mejor ordenar anticipar las cosas que ser proactivo.

Lo mismo sucede con hacer “reingeniería” para sólo decir que las cosas deben cambiar.

También con frases hechas, como “el futuro ya llegó”, sabiendo que el futuro no puede ser hoy y nunca lo será, por muy proactivo que se quiera ser.

Los negocios suelen padecer de esto, como cuando a la jubilación anticipada le dicen “incentivar la separación voluntaria previa”.

Hace tiempo escuché una maravilla. Un ejecutivo reportaba pérdidas en su unidad de negocios a las que describió como “utilidades negativas”. También hay “incrementos negativos”.

Cuando los futbolistas mexicanos perdían consistentemente partidos en el extranjeros se hablaba de “se consiguió foguear” y “lograr experiencias”.

En el fondo de este padecimiento, creo, hay algo que bien vale una segunda opinión. Me refiero al miedo a la verdad, al hablar con simpleza y sencillez.

Cuando usted oiga a dos personas discutir usando estas palabras y expresiones infladas, escuche sus argumentos y luego proceda a no creer a ninguno de los dos. Las probabilidades es que los dos estén equivocados.

En los negocios es común, pero también en la política. Muchos ejecutivos y gobernantes logran largas y brillantes carreras huyendo de la posibilidad de enfrentar problemas serios lo que hacen por medio de ese lenguaje inflado.

Crean documentos impresionantes, dan discursos muy retóricos, pero hasta allí. Es eso de que nada hay que no sea posible para quien no tendrá que hacerlo.

Es el temor a la realidad lo que creo que está detrás de ese uso del lenguaje. Del creer que un cambio de una palabra simple a otra compleja es una solución. Del creer que todo es un asunto de percepciones que pueden manipularse a voluntad.

Leí en algún lugar que este lenguaje inflado, político, es como la música a la que cada quien pone su propia letra. Cada quien lo entiende como quiere.

Este lenguaje inflado, inexacto, se usa para suavizar la realidad, para endulzar la verdad, para hacer creer que las meras palabras son acciones, para disfrazar intenciones.

Tome usted cualquier sustantivo, palabras como turismo, familia, economía, responsabilidad, internet, ley, medicina, la que sea y vuélvala mágica añadiéndole calificativos como “social”, “democrático”.

Y no sólo es un lenguaje que intenta ocultar la verdad con un disfraz vacío de contenido, sino que también oculta ignorancia, no sólo del dominio razonable del idioma, sino de la realidad.

Y, lo peor, el hablar con propiedad es visto con desprecio, como si fuera una falta y no una virtud. Le digo, estos son tiempos de demasiada televisión, de demasiadas imágenes y de poco seso y escasos libros.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Lenguaje.

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