Las empresas fijan los precios. La idea es extendida. Se repite con cierta obstinación. Son las empresas las que establecen los precios y el comprador se ve obligado a pagar lo que ellas quieren.

Introducción

Quiero explorar una idea que se repite con alta frecuencia —la de que las empresas fijan los precios de los productos que fabrican y obligan a la gente a comprarlos al precio que ellas quieren.

«Por el “alto poder de mercado” que ejercen ciertas empresas que producen y comercializan tortilla, pan, pollo, leche, huevo, carne de res, carnes procesadas, frutas, verduras, lácteos, así como medicinas y servicios de transporte, las familias mexicanas quedan sujetas a pagar hasta un 98 por ciento más en los precios de dichos bienes esenciales”, denunció Alejandra Palacios, presidenta de la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece)». lajornada.com

El centro del tema es la capacidad de las empresas para fijar ellas los precios de sus productos y obligar al comprador a pagar más. O, del otro lado, si ellas tienen una capacidad limitada para fijar precios.

¿Las empresas fijan los precios? Algunas precisiones

Los siguientes comentarios espero que ayuden a arrojar luz sobre esa idea de que las empresas y solamente ellas fijan los precios.

La vida cotidiana

Antes que nada, basta con entrar a un mercado para constatar que es falso. Las personas seleccionan productos, los que ellas quieren, y eso significa que rechazan comprar muchos más productos de los que aceptan.

Nadie puede obligar a otros a comprar sus productos, al menos en un mercado libre. En una situación de competencia económica existe una variedad de empresas que ofrecen sus productos. Los compradores seleccionarán entre ellas, las que quieran.

Y uno de los criterios de selección de compra es el precio. Los compradores tienen la capacidad para rechazar precios.

La situación monopólica

La idea de que las empresas son las que fijan los precios, sin embargo, tendría razón —y no del todo— en una situación especial. La del monopolio de un producto sin sustitutos fáciles.

Por ejemplo, un monopolio de gasolina un producto que no tiene sustituto. En este caso, la empresa sí fijará ella sola los precios. Lo mismo sucedería en el caso de otra empresa como una telefónica que no tuviera competencia. Podría ella fijar precios muy altos a su servicio.

Aún en esos casos, si los precios son demasiado altos, las personas podrían decidir comprar menos de esos productos. Usarían menos gasolina buscando otras formas de transporte. Y podrían hacer menos llamadas. Esta reacción podría hacer que esos monopolios modificaran sus precios quizá un poco hacia la baja.

Si el comprador no influye en el precio de un bien monopólico sin sustitutos, podrá influir disminuyendo su demanda.

Si la situación monopólica de un producto que sí tuviera sustitutos fáciles, entonces no tendría el poder para fijar precios ella sola. Tendría que seguir los precios de sus sustitutos.

Un solo productor de sardinas enlatadas, no tiene de ninguna manera el poder para fijar el precio que ella quisiera. La razón es obvia. Existen sustitutos fáciles de esas sardinas, como atún enlatado, o algún otro. Incluso, esas sardinas compiten con el resto de los alimentos, como pescado fresco y demás.

El monopolio propio

Hay una variante del caso anterior, que es más real de lo que se supone. Todas las empresas, o casi todas, tienen un monopolio de su marca. Únicamente una empresa puede vender cerveza Heineken, o  Coca-Cola. Nadie más puede hacerlo.

Sin embargo, tampoco estas empresas tienen poder para fijar solas los precios . Si no compra Heineken por cara, quizá compre la gente otra marca. Si Pepsi-Cola está barata quizá algunos comusmidores de Coca-Cola decidan probar la primera. Hay muchas marcas de cerveza y muchas de refrescos.

Productos genéricos e iguales

En una situación de mercado competitivo, con productos idénticos, y muchas empresas, el que fija los precios es otra persona, no el productor.

Bajo esta situación, cualquier empresa que eleve su precio venderá nada. Tendrá que aceptar el precio del mercado sin poder para alterarlo.

Más aún, en esta situación existirá un incentivo para que la empresa reduzca sus precios —quizá introduciendo medidas de eficiencia— y por lógica, venda más. O buscando diferenciar sus productos con valor añadido.

En gran cantidad de situaciones los productos no son idénticos. Entonces, sus creadores tratan de diferenciarlos y hacerlos más atractivos para los clientes.

Esto lleva a mejoras, innovaciones y demás, como los teléfonos inteligentes, un mercado en el que existen pocas empresas y aún así tienen rivalidades competitivas ásperas.

Tampoco en este caso las empresas tienen un gran poder para fijar precios a su antojo.

¿Y los acuerdos entre empresas?

Es muy común apuntar la posibilidad de acuerdos entre empresas —lo que se llama colusión y consiste en tener acuerdos ocultos para fijar precios de todos los fabricantes tratando de que sean los más altos posibles. Son los cárteles.

La posibilidad es real y se dañará al consumidor en la medida en la que no existan sustitutos fáciles de esos productos. Por ejemplo, una colusión entre cerveceras puede lograr eso.

Aunque tampoco tendrían una gran libertad de manipular precios por la existencia de productos sustitutos y, si existe libre comercio, por la entrada de importaciones de otras empresas.

Concluyendo

Lo que he tratado de hacer es examinar la idea de que las empresas tienen todo el poder para fijar precios y obligar a la gente a comprar sus productos a los precios que ellas quieran.

Se ha concluido que esa idea es al menos inexacta y en muchas ocasiones totalmente falsa. Las empresas no tienen un poder significativo para fijar precios a su antojo.

Y si acaso lo tuvieran en algún monto, ese poder podría disminuir en beneficio del consumidor elevando la competencia con empresas que ofrezcan productos sustitutos.

La competencia es el mejor freno a la elevación de precios y la competencia se incrementa con mayores facilidades para abrir negocios.

Y una cosa más…

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Libre Mercado.

[La columna fue revisada en 2019-07]