Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Camino a la Pobreza
Selección de ContraPeso.info
21 septiembre 2015
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Análisis
Catalogado en: , ,


El pensamiento económico del Papa Francisco es la idea que examina Dylan Pahman. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es Show Me the Way to Poverty.

En un discurso reciente, en Bolivia , el papa Francisco lanzó su acusación de lo que él llama «esta globalización de la exclusión y la indiferencia».

Hablando de los que él cree que son los problemas universales de América Latina, él desea «Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra». Pero me pregunto quiénes están escuchando.

Es cierto que la situación de los pobres en América Latina puede ser trágica. Francisco compartió las historias desgarradoras que él escuchó acerca de personas que luchan por sobrevivir, que carecen de derechos humanos básicos y de los medios para vivir. Pero no es en absoluto cierto que sus voces no hayan sido escuchadas.

Como ha sido recientemente señalado por Samuel Gregg, la política de América Latina ha estado dominada durante décadas por la demagogia. Desafortunadamente las soluciones del Papa a los problemas de los pobres son difíciles de diferenciar con respecto al mismo proteccionismo populista que a tantos ha mantenido en la pobreza en América Latina durante tan largo tiempo.

Con audacia el papa Francisco hace un llamado a «un cambio, un cambio real, un cambio positivo, un cambio redentor». ¿Cuál es el cambio que el papa Francisco quiere ver?

Él lo tiene claro: «Es una economía donde el ser humano en armonía con la naturaleza, estructura todo el sistema de producción y distribución para que las capacidades y las necesidades de cada uno encuentren un cauce adecuado en el ser social». Hasta aquí todo está bien. ¿Quién es el que no quiere eso?

¿Qué es lo que estorba de acuerdo con el Pontífice? —«corporaciones, prestamistas, algunos tratados denominados “de libre comercio” y la imposición de medidas de “austeridad” que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres». ¿De verdad?

Los negocios, el crédito, el comercio y la responsabilidad fiscal son signos de economías sanas, no los problemas, aunque sea muy popular denunciarlos. En realidad, estos son los signos de economías que realmente se preocupan por la «MadreTierra», cuya difícil situación es considerada por el Papa como «la más importante [tarea] que enfrentamos hoy».

Así es, más importante que la situación de los pobres es la situación de los árboles, del agua y de los animales inferiores.

Haciendo de lado esta confusión moral, ¿hay alguna forma en la que pudiéramos estudiar cuáles son las políticas asociadas con las metas admirables del Papa? Sí, resulta que sí hay una forma.

El Índice De Desarrollo Humano de las Naciones Unidas clasifica a los países usando una calificación agregada de crecimiento económico, cuidado del medio ambiente y condiciones vida y de salud —precisamente las mediciones que parecen importar más al Papa.

Sin embargo, 20 de los países mejor calificados en la más reciente medición de ese índice también están clasificados como «libres» y «casi libres» en el más reciente Índice De Libertad Económica de Heritage.

Las únicas dos excepciones fueron Liechtenstein, que no fue clasificado por Heritage, y Francia que fue clasificada en el lugar 20 de acuerdo con el índice de las Naciones Unidas y que antes habría sido mucho más económicamente libre.

¿La lección? Casi todos los países en los primeros lugares que tienen el tipo de economía que el Papa quiere están también caracterizados por responsabilidad fiscal, apertura al comercio, acceso al crédito y un ambiente general amigable con los negocios. Esto es, precisamente las políticas que el Papa condena.

Ahora bien, podría ser injusto de mi parte criticar a Francisco por no ser un economista, o, igualmente, por no estar siquiera familiarizado con las condiciones básicas del crecimiento económico que son enseñanzas de cualquier curso inicial de economía.

Al menos, no se olvidó de mencionar a Jesús. Pero no debería causar controversia el decir que él estaba hablando desde una posición externa a la de su vocación y competencia. Una cosa es llamar la atención sobre las raíces morales de los problemas económicos, pero otra cosa distinta es emitir un juicio acerca de qué políticas prudenciales son los mejores medios para los fines morales.

Atrás han quedado los días en los que un pontífice solo hablaría con mucha cautela y matizando acerca de estos asuntos, para luego estar a favor más que en contra de los sustentos básicos de una economía libre. Como lo expresó el papa Juan Pablo II en su encíclica Centesimus Annus:

«¿se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad? ¿Es quizá éste el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil?» [42]

Reconociendo que la respuesta es compleja, responde él con cautela que sí, con razón, proponiendo que una economía libre «debe ser propuesta a los países del Tercer Mundo».

Demasiados de estos países, incluyendo a América Latina, están todavía, sin embargo, por experimentar esa libertad. Y el sucesor más reciente de Juan Pablo no está ayudando a hacerles ver lo útil que sería.

En su lugar, mientras dictadores reales, Nicolás Maduro en Venezuela y los hermanos Castro en Cuba, encabezan países latinoamericanos, Francisco prefiere denunciar la «sutil dictadura» de la libertad económica que tan pocos latinoamericanos han sido lo suficientemente afortunados como para disfrutar. Es por esta razón, lo sepan o no, que los pobres están excluidos y claman justicia.

No es la libertad económica sino los altos impuestos y el exceso de reglamentación lo que sustenta «el avasallamiento de las grandes corporaciones» en América Latina. Solamente las grandes corporaciones pueden darse el lujo de pagar esos impuestos, contratar la ayuda legal para cumplir con esas regulaciones, o de otra manera mantener el negocio por medio del soborno, socavando al estado de derecho.

El perfil de América Latina llamado Doing Business 2014, coloca la región como una de las más difíciles del mundo para iniciar un negocio. Bolivia, donde el Papa denunció los supuestos males de la libertad económica, está colocada en el lugar 171 dentro del total de 189 países en el mundo. La Venezuela de Maduro está en el lugar 181.

El Papa tiene razón cuando dice, «Ese sistema atenta contra el proyecto de Jesús», que vino «para dar la buena nueva a los pobres» (Lucas 4:18).

Pero está equivocado cuando identifica a este sistema con los sustentos principales de la libertad económica. Con la excepción de Chile, la libertad económica es escasa en América Latina como también lo son otros derechos humanos básicos, por no mencionar el cuidado de la «Madre Tierra».

Los pobres están aún en espera de las buenas noticias con respecto a sus circunstancias materiales, a pesar de las mejores intenciones del Papa para difundir una «globalización de la esperanza».

Dijo a la gente allí que podía tomar la iniciativa, lo que es admirable. Pero mientras sus manos estén atadas con medidas proteccionistas y mientras papas y políticos continúen alabando esas políticas entre la gente, me temo que la excluirán de la prosperidad que espera.

Nota del Editor

El párrafo que sigue a la cita de San Juan Pablo II es:

«La respuesta obviamente es compleja. Si por “capitalismo” se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de “economía de empresa”, “economía de mercado»” o simplemente de “economía libre”. Pero si por “capitalismo” se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa».

No puedo dejar de mencionar una idea que desde hace tiempo he tratado de desarrollar sin haberlo logrado totalmente: un problema de confusión, de imágenes distintas y opuestas. Lo que personas como el papa Francisco escuchan cuando están frente a una situación de pobreza, como la de América Latina, es casi lo contrario de lo que escuchan otras personas, como Dylan Pahman.

Los primeros creen que esa pobreza es causada por la presencia de capitalismo, de liberalismo, o de libertad económica, mientras que los segundos creen que esa pobreza es causada por la ausencia de capitalismo, de liberalismo, o de libertad económica. Lo que unos piensan que es el origen de lo malo, los otros piensan que es el origen de lo bueno.

La traducción del articulo Show Me the Way to Poverty publicado por el Acton Institute el 12 de agosto de 2015, es de ContraPeso.info: un proveedor de ideas que sostienen el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

Esta columna fue publicada originalmente en Library of Law and Liberty.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras