Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derechos Humanos Politizados
Eduardo García Gaspar
28 abril 2015
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Es un gran tema de nuestros días. Un tópico tan frecuente como emotivo. androjo

Causa de reclamos y protestas. No es malo en sí mismo, al contrario.

Pero si es algo de lo que se abusa. Me refiero a los derechos humanos.

Esto es algo que creo que bien vale una segunda opinión.

Todo por la idea de señalar que los derechos humanos son usados con malas intenciones. Y si no con malas intenciones, al menos con errores significativos y una ingenuidad aterradora.

En su origen, esos derechos son una noción que impone obligaciones a todos. Las obligaciones impuestas a todos, significan libertades personales.

La libertad de expresión, por ejemplo, da una libertad a la persona, pero al mismo tiempo impone la obligación de los demás de no impedir esa libertad.

El derecho a la vida en realidad es una obligación de los demás para respetar la vida de cada uno. Igual la libertad de poseer bienes, la de educación, la de creencia. Estas libertades nacen de la misma naturaleza humana. Por tal razón su origen es eso que se llama derecho natural.

Los derechos humanos así considerados tienen una extensión lógica en la política. Por ejemplo, el derecho a ser juzgado dentro de la ley, sin poder ser detenido arbitrariamente. O bien, el derecho a “circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un estado”. Así como el derecho de no ser privado arbitrariamente de las propiedades personales.

Hasta aquí no debe haber problema con los derechos humanos: los derechos humanos deben darle forma al arreglo político, de tal manera que éste los respete. Si somos libres e iguales en nuestra dignidad, eso significa que tenemos derechos iguales y que esta condición debe ser respetada por la autoridad política.

Eso debería satisfacer a todos. Significa que el tipo de gobierno que debe existir es aquel que sea congruente con los derechos humanos que provienen de la misma naturaleza humana.

Quiere decir también que hay formas de gobierno que no son adecuadas a los derechos naturales, como, por ejemplo uno en el que se prohíba la libertad religiosa, o donde las propiedades sean fácilmente confiscadas.

Eso que debía satisfacer a todos, sin embargo no lo hace. No satisface a muchos, por ejemplo, a los socialistas, a las feministas, a los progresistas, a los sindicalistas y en general a aquellos que tienen otras ideas políticas. Ideas que ellos quieren promocionar convirtiéndolas en derechos humanos.

Tome usted, por ejemplo, al derecho al trabajo. Para los no satisfechos, eso significaría la obligación de otros para proveer empleos, algo que no cubre la idea de derechos basados en el derecho natural.

En su origen bien entendido, se hablaría de libertad de trabajo y los demás tendrían la obligación de no impedir trabajar a quien quiera hacerlo, pero jamás la obligación de proveer un empleo.

O bien, tome usted el derecho al aborto. Quien eso propone, como un derecho que debe reconocer la ley, se encuentra con una dificultad: un derecho anterior natural que debe respetar la vida, es decir, que impone en el resto la obligación de no matar.

Más o menos lo mismo sucede con otros derechos adicionales a los naturales y que han sido llamados derechos de segunda y tercera generación.

Me refiero a la aplicación del concepto del derecho humano a reclamos como salario digno, vacaciones pagadas, seguridad social y a algo tan abstracto como “la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad” (como lo ha expresado la ONU).

Esta es la prostitución de la idea de los derechos humanos a la que me refiero.

Cosas como “derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, vejez u otros casos de pérdida de esos medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”. Igual sucede con el derecho a la educación gratuita.

Me refiero a la conversión de propuestas ideológicas en derechos que deben ser reconocidos e implantados por los gobiernos. Con una característica notable, esos “nuevos derechos” tienen casi siempre costos que son sufragados por terceras personas, a quienes se afecta alterando su derecho a la propiedad

Esta prostitución de los derechos humanos, mucho me temo, pasa desapercibida a muchos quienes sin quererlo se convierten en cómplices ingenuos de esta politización de tan noble idea.

Post Scriptum

Mi motivación central al escribir esta columna, fue referirme al final al caso de personas bien intencionadas que entienden que cualquier reclamo debe ser considerado un derecho, sin comprender que un derecho humano es algo muchos más sutil y esencial que el creer tener derecho a dos semanas de vacaciones pagadas al año.

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Son De Dos Direcciones

No Son Derechos, Son Deseos, para un análisis de la declaración de derechos de la ONU.

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