Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Guerra y Diálogo
Leonardo Girondella Mora
24 noviembre 2015
Sección: DIPLOMACIA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Los ataques terroristas en Francia, en noviembre, fueron el origen de una conversación que resumo en sus puntos centrales.

— Es realmente terrible lo sucedido. Algo que no debe ser. Como dijo John Lennon, si desaparecieran las religiones ya no habría guerras, la gente no tendría nada porqué luchar —dijo la persona.

— ¿Podría usted ampliar lo que ha dicho? —pregunté.

— Pues lo que dije, que sin religiones se terminarían los conflictos bélicos, que ya no habría razón para la guerra. Eso fue lo que dije.

— ¿Si las religiones desaparecieran por milagro el día de mañana, ese mismo día desaparecerían también las guerras? Creo que eso es lo que ha dicho.

— En efecto, sin religiones ya no habría guerras.

— ¿No hubiera habido guerras como la del Peloponeso, ni la Primera y Segunda Guerras Mundiales? Me temo que está exagerando. Hay otros motivos de guerra que los religiosos. Si los motivos religiosos desaparecen, permanecerían motivos económicos, políticos y de simple poder.

— Bueno, pero es que la violencia genera violencia y por eso se producen guerras, por ejemplo, la violencia de los bombardeos franceses como reacción a los ataques que sufrió París.

— ¿Qué hubiera hecho usted ante las invasiones de Hitler al inicio de la Segunda Guerra Mundial? ¿No hubiera respondido con violencia para detenerlo, o hubiera dejado que avanzara sin freno?

— Creo que el diálogo hubiera detenido a Hitler y evitado esa guerra.

— ¿No hubo esfuerzos de diálogo antes con ese propósito? Si los hubo. Recuerde a Neville Chamberlain negociando la paz con Hitler durante largo tiempo.

— Hubieran dialogado más hasta lograr un acuerdo.

— Y eso hubiera dado aún más tiempo para preparar al ejército alemán.

— Pero la violencia genera más violencia, eso lo sabe cualquiera.

— ¿Y si esa violencia generada sirviera solo para derrotar a la violencia inicial, la que inició todo? —pregunté

— Pero el mundo sería mejor si no hubiera violencia, si reinara la paz universal.

— No lo dudo y debe tratarse de lograrlo, pero, ¿será posible?

— Sí, es posible si los conflictos se solucionan por la vía del diálogo entre las partes.

— ¿Y si una de ellas se rehusa a dialogar o pone condiciones inaceptables, qué haría usted? —insistí.

— Seguiría dialogando hasta que se lograra la paz.

— ¿A pesar que mientras se prolonga ese diálogo, una de las partes continúa realizando actos violentos? ¿A pesar de que condicionara la paz a su dominio universal?

— Pues sí, a pesar de eso yo trataría de dialogar. Soy un pacifista que se rebela contra la violencia, como los bombardeos franceses en Siria.

— ¿No añade usted a los ataques terroristas en París, los más recientes, además de los anteriores este mismo año? —pregunté.

— Bueno, pues sí, pero ellos son una reacción ante la violencia previa cometida por Occidente en Medio Oriente.

— Entonces, usted no es tan pacifista y aprueba la violencia de una de las partes. Usted, si fuera congruente, hubiera recomendado a los terroristas que dialogaran con la parte contraria y no lo hicieron.

—Pero es que hay que tener una visión global e incluyente de los fenómenos socio-políticos dentro de un marco que…

—Perdón que lo interrumpa, pero es demasiado vago eso que está diciendo. Solo le digo que usted se contradice a sí mismo.

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Obviamente el tema es más complejo que lo mostrado en esa conversación. La he resumido lo más fielmente que he podido para mostrar lo que pienso que puede ser un caso numeroso, el de personas que siguen clisés y los repiten sin mucho pensar.

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