grandes ideas

Las consecuencias y efectos de las políticas de igualdad. Sus impactos negativos parten de la igualdad cuando es vista y tomada como un valor obsesivo y único con una simple solución. Y cuyas ideas tienen problemas considerables.

Introducción

La preocupación con la igualdad de las personas es una realidad muy actual. Una actitud que los partidarios de la igualdad convierten en acciones de justicia distributiva: la igualación de condiciones materiales.

Una serie de propuestas de políticas que persiguen la igualdad, cuyas consecuencias deben examinarse. Esto es precisamente lo que hace Parfit, analizar los efectos de esas políticas de igualación.

La idea fue encontrada en Bruce, Michael, and Steven Barbone, Just the Arguments: 100 of the Most Important Arguments in Western Philosophy. Wiley-Blackwell, capítulo 66, «Parfit’s Leveling Down Argument Against Egalitarianism», de Ben Saunders.

Punto de partida

En tema es muy actual, es el reclamo de igualdad, que entiende a la desigualdad como algo injusto.

Ello lleva a la necesidad de examinar consecuencias, como la propuesta de políticas de igualdad de condiciones materiales de las personas

Esto produce una variedad de discusiones sobre cuáles bienes deben ser igualados, o si deben ser igualadas las oportunidades, o los resultados.

Del otro lado de la discusión, hay quienes dicen que la igualdad en sí misma carece de significado moral.

Por ejemplo, ha sido dicho que no se siente la necesidad de «igualar a los millonarios con los multimillonarios», lo que demuestra que lo que importa no es tanto la diferencia, como el tener lo suficiente.

Es decir, el problema es más el de la pobreza, que el de la desigualdad.

Políticas de igualdad, sus consecuencias

Parfit, según Saunders, ha ido más allá de lo anterior, hasta un argumento que se dirige a mostrar las «perversas consecuencias» de la igualación.

La idea comienza con la noción de que quien sea que proponga la igualación en sí misma debe antes de eso admitir que es mejor reducir a todos a un nivel inferior (leveling down), antes que elevar a todos a un nivel superior.

Una admisión necesaria

Es decir, el partidario de las políticas de igualdad tiene que aceptar que prefiere bajar a todos de nivel que tener desigualdad. Incluso aunque al hacer eso nadie en realidad salga beneficiado al implantar esa igualación.

Eso es algo «perverso». Un ejemplo, el de personas que nacen con dos ojos sanos, mientras que otros nacen con un ojo enfermo o ciegos.

Haciendo de lado a posibles cirugías, no hay manera de remediar la situación de los enfermos, excepto aceptando que podría haber igualdad si a todos se les quitara un ojo, o los dos.

Otro ejemplo del autor. Para un igualitario sería mejor el mundo en el que todos tuvieran cuatro unidades de un bien, que otro en el que unos tuvieran cinco y otros siete.

No es que los partidarios de la igualación realmente acepten lo anterior, pues no solo piensan en igualdad, sino que como igualadores tendrían que aceptar que eso es lo que verían como bueno, aunque fuese absurdo.

Parfit no permanece inmune a las desigualdades, pues piensa que moralmente debe ayudarse a otros y cuanto peor sea su situación más ayuda merecen.

Entre dos personas en mala situación, es la que que está en la peor situación la que merece la ayuda primera.

Igualdad como un valor único

Para los partidarios de la igualdad, ella tiene un valor en sí misma. Es decir, la desigualdad es vista ampliamente como algo indebido.

Esto produce situaciones absurdas, como la de considerar mejor a un mundo en el que todos viven mal e igual, a otro en el que todos viven mejor pero con desigualdad.

Remover a la desigualdad no lleva por definición a un mundo mejor. Empeorar la situación de unos sin mejorar la de otros no tiene sentido.

Más analíticamente

La desigualdad puede ser solucionada de dos maneras.

  • llevando hacia arriba a quienes están mal, o
  • llevando hacia abajo a los que están bien.

Estas dos maneras son consideradas por los igualitarios como buenas en sí mismas.

Pero llevar a abajo a quienes están arriba no mejora la vida de nadie, lo que indica que esa nueva situación igualitaria no es mejor que la situación desigual anterior.

No puede aceptarse, por tanto, que el deseo de igualar sea aceptable para mejorar una situación de desigualdad.

El argumento anterior de las consecuencias de las políticas de igualdad es sólido. Muestra los efectos indiscriminados de pensar en la igualdad como una meta o valor deseable en sí misma.

Esto es algo que en su más mínima consecuencia resulta muy riesgoso.

Existen otras discusiones sobre la igualdad que tienen alguna similitud con la anterior. Por ejemplo, la de Robert Nozick.

Una solución mejor

Hay una adición interesante, la posibilidad de mejorar la situación de los menos favorecidos por la vía de elevarla sin que ello reduzca la posición de los que están en mejor posición.

Esta posibilidad sí lograría un mejor mundo en el resultado final, sin que la desigualdad sea el factor crucial.

Lo que el argumento de Parfit, explicado por Saunders, aporta es en extremo valioso: la fijación obsesiva con la desigualdad impide ver consecuencias negativas de las políticas de igualdad y otros medios con mejor resultado.

Y unas cosas más…

Esta página ha dedicado una buena cantidad de columnas a la noción de igualdad y que pueden ser vistas en ContraPeso.info: Igualdad.

Entre ellas, es especialmente aconsejable La buena igualdad, la buena desigualdad. Conviene ver Desigualdad auto-producida: efecto de la libertad, Significado de igualdad de oportunidad.

Bonus track: más sobre los efectos y las consecuencias de las políticas de igualdad.

Efectos de las políticas redistributivas de igualdad

Por Eduardo García Gaspar

Obsesión igualitaria

Quizá sea un problema de suavidad. De demasiadas buenas maneras. Eso que lleva a no decir las cosas como son. Algo que, con buena intención oculta a la verdad.

Tomo usted un ejemplo:

«Para producir siquiera una medida cruda de igualdad, los gobiernos deben emitir las órdenes siguientes y respaldarlas con multas, castigos, o incluso prisión o fusilamientos: “No sobresalgas ni trabajes más que el otro, no tengas ninguna nueva idea, no tomes riesgos y no hagas nada diferente a lo que hiciste ayer”. En otras palabras, no seas humano». Reed, Lawrence W. 2015. Excuse Me, Professor: Challenging the Myths of Progressivism. Regnery Publishing

¿Más claro que eso? No creo que pueda ser más diáfana la crítica a la obsesión igualitaria.

Muchas, muy buenas y bien intencionadas personas, han concentrado su atención en la desigualdad económica. No puede negarse que existe, incluso a veces en proporciones grandes.

Es mi impresión que tales personas, la mayoría quizá, han perdido una visión más panorámica del asunto. Las políticas de igualdad han tenido entre sus consecuencias esta pérdida de una visión más amplia.

Me refiero a que ellas han colocado toda su atención en la desigualdad y que esa atención selectiva les ha ocasionado una visión distorsionada.

Han forzado a la realidad a acomodarse a su visión selectiva y es así que han definido el problema con una solución automática: la igualación económica. Si el único problema es la desigualdad, razona, la única solución es la igualdad.

Un cambio sustancial

En otras palabras, han redefinido el problema de la pobreza para comprenderlo ahora como un asunto de brechas de ingreso o de propiedades. El cambio es sustancial.

Si usted define a la pobreza como carencia de ingresos suficientes para tener una vida considerada digna, las soluciones apuntan a formas de promover que esos ingresos aumenten. Se trata de hacer que los ahora pobres tengan la capacidad propia para generar ingresos propios .

Pero si ahora la pobreza se define como desigualdad entre «ricos» y «pobres», deja de tener importancia el hacer que se tenga la capacidad para generar ingresos mayores;. Ahora lo que importa es quitarles a unos para darles a otros. La solución es totalmente diferente.

Un ejemplo de esa mentalidad:

«Los que formamos el Encuentro Popular para la Victoria creemos que para que haya menos pobreza hay que trabajar por la distribución de la riqueza».

Se ve con claridad: para que haya menos pobreza hay que distribuir la riqueza. La solución directa y sencilla, que traducido a políticas de gobierno es también directo: pagar más impuestos.

Y pagar más impuestos con fines redistributivos es otra de las consecuencias de las políticas de igualdad.

El remedio

La pregunta que sigue es la obvia. ¿En realidad puede remediarse la pobreza redistribuyendo la riqueza que ya existe?

Quitándonos de encima toda influencia ideológica que puede afectarnos, responderla es un asunto vital.

Una manera de darle contestación es examinar sus consecuencias. Una de ellas es la citada al inicio de la columna: igualar ingresos implica la emisión de órdenes aplicables por la fuerza que prohiban esfuerzo extra, trabajo adicional, creatividad agregada; y que promuevan uniformidad, resignación, docilidad.

Eso es la creación de una sociedad en la que se castiga a quien trata de ser mejor y eso es inhumano. En Downton Abby, la serie inglesa, uno de sus personajes lo expresa con acierto:

«Durante años, he visto a los gobiernos tomar el control de nuestras vidas. Su argumento es siempre el mismo: “menos costos, mayor eficiencia”. Pero el resultado es también el mismo. Menos control de la gente, mayor control del Estado —hasta que las zozobras del individuo cuentan ya nada. Por eso es que considero mi deber resistir.»

Habló la abuela de la familia, cuando se opone a que el hospital local sea absorbido por un hospital estatal. La clave está en eso de «Menos control de la gente, mayor control del Estado».

Las consecuencias en las personas de las políticas de igualdad

• Un segmento enorme y en crecimiento de ciudadanos dependientes de lo repartido por el gobierno. Y dentro de este segmento, un grupo muy digno de ser mencionado: organismos cuyo objetivo es obtener la mayor cantidad posible, por cualquier medio posible, del monto de distribuir.

• Un segmento pequeño y reduciéndose de ciudadanos a quienes se quita su riqueza, dentro del que hay un grupo también digno de mencionar: ese que estará dispuesto a pactar cualquier cosa con tal de que su riqueza no sea afectada.

• Por último, un organismo redistribuidor de poder gigantesco, un leviatán burocrático que tendrá el control sobre la gente. Un sistema totalitario de gobierno en una economía estancada.

Estas no son cuestiones ideológicas, es simplemente un reconocimiento de las consecuencias de políticas redistributivas de igualdad.

Finalmente

La cita de Reed, Lawrence W. da tres ideas claras:

• Si la gente es libre, las personas serán diferentes, lo que refleja su individualidad. Para hacerlas iguales se requerirá el uso de la fuerza.

• Talentos, trabajo y ahorro son tres de muchas otras razones que explican el tener ingresos diferentes.

• Igualar por la fuerza a la gente hará sentir bien a la gente que quiere igualdad económica, pero dañará a los demás.

[La columna fue actualizada en 2019-12]