Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sorteo de Oportunidades
Leonardo Girondella Mora
29 septiembre 2016
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Es común escuchar el reclamo de la injusticia que, por definición, existe en la desigualdad de oportunidades —frente a lo que se concluye que las oportunidades deben igualarse, si es que quiere tenerse justicia.

La argumentación se ha expuesto en general de esta manera:

«La igualdad de oportunidades es un principio general cuyos dos aspectos esenciales son la prohibición de la discriminación por razón de la nacionalidad y la igualdad entre mujeres y hombres. Dicho principio debe aplicarse en todos los sectores, principalmente en la vida económica, social, cultural y familiar [...] luchar contra la discriminación por motivos de sexo, de origen racial o étnico, religión o convicciones, discapacidad, edad u orientación sexual.».

Además, esta igualdad se considera lo opuesto a «discriminación», dictando, por ejemplo, que ante igualdad de condiciones con hombres, una mujer no puede ser rechazada para un puesto de trabajo.

La igualdad de oportunidades es una buena idea en general, pero una que contiene problemas muy complejos, los que intento explorar en lo que sigue —la suposición de que pueda lograrse una situación de perfecta igualdad de oportunidad.

Esta perfecta igualdad de oportunidad es la condición en la que nunca ninguna persona tiene una variable que le haga ser una opción preferencial para una particular circunstancia —por ejemplo, todos los candidatos a un puesto de trabajo son iguales, idénticos.

Esta circunstancia de total igualdad de oportunidad necesita que no existan diferencias de tipo alguno —hasta un extremo en el que la selección de quien ocupará la plaza de trabajo sería decidida con un sorteo al azar.

Por supuesto, no existen personas idénticas en todo, pero eso puede solucionarse con un mecanismo simple: los candidatos al puesto no son identificados de ninguna manera y entre ellos se sortea el puesto —con la ventaja de que siendo al azar, el sorteo iguala las probabilidades u oportunidades de todos.

Esto sería la forma de complacer al total la condición de igualdad de oportunidad para todos, sin importar sexo, edad, creencias, educación, nada en realidad —como elegir a un gobernante haciendo un sorteo entre todos los habitantes, no elecciones (como escribió G. K. Chesterton).

La consecuencia de una perfecta igualdad de oportunidades mandaría a la basura toda diferencia de talento, de hábitos de trabajo, de experiencia y preparación, de edad y condición física, de educación y especialidad —una suposición que no puede aceptarse como universal, sino aplicable en el caso de igualdad ante la ley (y no creo que ningún otro).

Mi tesis manda a usar con extremo cuidado el concepto de igualdad de oportunidad —limitándolo a ocasiones en las que resultaría aplicable sin perjuicio a la situación específica y su naturaleza.

Manda también a reconocer que la naturaleza concreta de la situación obliga a diferenciar entre personas, de acuerdo con sus características, impidiendo la perfecta igualdad de oportunidad.

La selección de miembros para un equipo olímpico es un ejemplo de discriminación por edad, sexo, físico, capacidad, hábitos, nacionalidad y otros rasgos más —sin que nada de ello se juzgue indebido.

Lo mismo sucederá en otras circunstancias, como la admisión de alumnos a universidades, la contratación de personal en un hospital, o la selección de modelos para un desfile de ropa interior —incluso con casos como autos de lujos, que discriminan por ingresos.

Otros casos, por el contrario, serán claros, como un voto por ciudadano, aunque solo entre mayores de cierta edad, es decir, todos iguales, sea quien sea —como se aplicaría también en el caso de un juicio legal.

Lo que he intentado hacer es llamar la atención sobre el concepto de igualdad de oportunidad, señalando que sin usarse con racionalidad, conduce a situaciones imposibles y absurdas.

Termino con un ejemplo de esa falta de criterio, en la Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación del Distrito Federal, en México

«Artículo 13.- Los entes públicos, en el ámbito de su competencia y atribuciones, llevarán a cabo, entre otras medidas de prevención destinadas a eliminar la discriminación de las personas, grupos y comunidades en situación de discriminación que habitan o transitan el Distrito Federal, las siguientes: […] XVIII Procurar la eliminación de toda práctica discriminatoria relativa al ingreso en todos los lugares y servicios previstos para el público en general; entre ellos restaurantes, hoteles, teatros y salas de variedades, discotecas u otros».

Los teatros y salas de variedades discriminan necesariamente admitiendo la entrada solo de quienes han pagado su billete; los restaurantes y discotecas discriminan a quienes no pueden o no quieren pagar los precios de sus platos y copas —discriminan en favor de quien llega primero, de quien tiene contactos internos, de quien va vestido de cierta manera, sin que eso sea reprobable.

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