Economía libre y civilización

Defender a los mercados libres, por más razonada que sea su defensa, es un error cuando olvida el cimiento en el que se sostiene —un olvido que debilita la argumentación a favor del que es claramente el mejor sistema económico.

Es un error que ayuda a la construcción equivocada de los mercados libres como un mito —un objeto de terquedad miope que impide ver nada más que un proceso de formación de precios, asignación de recursos y procesos de intercambio.

Los mercados libres merecen una mejor defensa —con lo que debe entenderse, un discurso más amplio que el meramente descriptivo de procesos económicos.

Si se defiende al mercado libre, sus adalides deben decir insistentemente que no argumentan solamente a favor de la libertad económica, sino de la libertad humana total —la adición de un elemento filosófico.

Si se cree en la libertad económica, como un bien en sí mismo, resulta obvio que se crea también en otras libertades —las políticas, las educativas, las culturales, de expresión, religión y otras más.

El liberal debe aceptar que su defensa de los mercados libres es en realidad la defensa de la libertad humana —y no solamente la exaltación de un proceso de formación de precios que es notablemente superior al intervencionismo económico.

Esto hace que el defensor de los mercados libres deba hablar también de la naturaleza humana —pues si defiende a la libertad es que entiende a la persona de esa manera: libre, racional, responsable y no como el socialismo, que la define como incapaz, irracional e irresponsable.

En lo que quiero hacer hincapié es en que la defensa de la libertad económica es en realidad la defensa de una cierta forma de pensar acerca de lo humano —y que es esa forma de pensar lo que no deben olvidar incluir señaladamente en sus argumentos.

Con frecuencia escucho o leo admirables argumentaciones en favor de lo mercados libres que olvidan eso —y acaban por convertirse en posiciones estrechas que todo quieren resolver por medio de razonamientos económicos liberales que acaban en el simple consejo de creer que la sociedad perfecta sería aquella en la que todos hicieran lo que quisieran, sin límites.

Olvidan que los mercados libres son una consecuencia de un mucho más vasto marco —de toda una civilización que en compañía de otras ideas tuvo un desarrollo de muy largo plazo.

El olvido que intento enfatizar, en la defensa de los mercados libres, es el de dejar de considerar que la libertad económica es parte de una civilización —y que al no defender a esa civilización, la defensa de los mercados libres nace impedida y mutilada.

Es la civilización que entendió a la persona como individual e irrepetible, imperfecta y racional —así como responsable por su libertad, lo que le hace tener que aceptar las consecuencias de sus acciones y rendir cuentas por ellas.

Una civilización que acepta reglas y normas universales y objetivas —con un marco general reconocido de que hay actos indeseables y acciones loables. Rascando un poco siquiera, el defensor de la libertad económica verá, seguramente con sorpresa en muchos casos, que defiende a la civilización que es greco-judeo-cristiana.

La defensa de los mercados libres, quiero resaltar con insistencia, es mucho más que el alegato en pro de sin duda el mejor sistema económico que se conoce —es también la argumentación a favor de la libertad humana individual y de la civilización en la que esa idea nació, maduró lentamente y produjo la manera de pensar que, entre otras cosas, reprobó el abuso de la autoridad gubernamental.

Cuando se olvida que la defensa de la libertad económica es también la defensa de una civilización, el resultado será el predecible —una derrota sonora ante formas de pensar que socavan  a la civilización que produjo a los mercados libres.

Estoy hablando de que el defensor de los libres mercados se convierte en un aliado inconsciente de sus opositores cuando olvida que también debe defender ciertas creencias que, tal vez, le parecerán, conservadoras y dignas de olvidar.

Este es Hayek (1899-1992), un ídolo de los defensores de la libertad económica:

«No necesita enfatizarse más que el verdadero individualismo afirma el valor de la familia y de todos los esfuerzos comunes del grupo y la comunidad pequeña, que cree en la autonomía local y en las asociaciones voluntarias y que en verdad su defensa descansa principalmente en la creencia de que mucho de lo que ocasiona el llamado a la acción coercitiva el Estado puede ser mejor realizado por la colaboración voluntaria». The Essence oh Hayek

La conclusión es difícilmente más clara: defender a los mercados libres es también defender a la idea de la familia, de las asociaciones pequeñas y locales. Supongo con cierta base que de esto tienen muy poca conciencia los defensores de los mercados libres.

Y eso es un olvido que hace fracasar sus esfuerzos —incluso a pesar de que están en lo cierto. Un olvido que debilita al libre mercado, incluso a pesar de su fortaleza y explica, al menos en parte, la popularidad de sistemas económicos malos.

Addendum

Y apunto también el otro lado de la moneda, el de defensores de esa civilización en la que nacieron las libertades —y que se han convertido en enemigos de los mercados libres, sin darse cuenta que su defensa de esa civilización está también mutilada y tullida cuando no incluye la defensa de la libertad económica.

Cito otra parte de Hayek, cuando dice que es una creencia común que:

«[…] la existencia de convenciones y tradiciones comunes dentro de un grupo de personas les permitirá trabajar conjuntamente de manera sosegada y eficiente con mucho menor organización formal y obligatoriedad que un grupo sin ese antecedente común». Ibídem

Son esas tradiciones y convenciones comunes la civilización que han olvidado defender.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

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