Los escándalos sexuales dentro de la iglesia católica. Un examen de los sucesos y, sobre todo, de las críticas y su perspectiva.

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Introducción

Los escándalos de la iglesia católica, especialmente los sexuales, han generado una buena cantidad de críticas y la reprobación general. Por supuesto, esos sucesos merecen ser reprobados con fuerza.

Las críticas, algunas de ellas, sin embargo, merecen a su vez ser examinadas y criticadas. Eso es lo que hago en lo que sigue.

Perspectiva histórica

Los escándalos de sacerdotes católicos que, se ha descubierto, han cometido faltas tremendas y recibido comentarios críticos severos.

Creo que el saldo neto de todo eso es positivo. Revelar actos y sucesos es la razón de ser de los medios, especialmente los que se salen de la norma o de lo esperado.



Y sí, en algunos de esos reportes hubo saña e incluso distorsiones que mostraron antipatías subjetivas más que deseos de tratar el tema con seriedad. Pero lo que importa no es eso solamente.

Encabezados de hace siglos

Imagine usted hace unos dos mil años los medios reportando «Discípulo traiciona a Jesús y lo entrega a las autoridades».

Las noticias habrían puesto todo su énfasis en uno de los apóstoles. Y ése sería el tema central, olvidando a los otros once. La atención en la excepción más reciente.

O bien, imagine usted los reportes de medios durante el papado de Alejandro VI, de 1492 a 1503. Los titulares habrían dicho, «El Papa al descubierto: nueve hijos al menos y variedad de concubinas».

Antes, en el siglo los medios habrían reportado con gusto la escandalosa vida de un joven rico italiano, pero no tanto su cambio y la fundación de la orden franciscana.

La excepción más reciente

Los escándalos, malas conductas y situaciones de excepción son el material que recibe la atención principal y eso puede hacer que se ignoren casos similares anteriores.

Un error grave que en este ejemplo es obvio: no es la primera vez que hay un escándalo en la Iglesia Católica.

Insisto en el punto: la atención desmedida en la excepcíón más reciente… no en las anteriores, ni en la regla general.

Reconocer eso ya es ganancia porque, al mismo tiempo, lleva a pensar en la excepción que es el foco de atención. Es poner atención en Judas y su traición, olvidando a los otros once.

Y esto es lo que me lleva a mi opinión sobre los escándalos católicos de curas con conductas muy reprobables. Son el tema de noticia porque son excepcionales, lo que cambia las cosas notablemente.

Con siquiera un poco de perspicacia, al persona pensante, aunque no sea religiosa, entenderá eso: no puede generalizarse partiendo de la excepción.



El talento está en detectar eso, la excepción: ver a uno y olvidar a los once restantes. La conducta de ese uno es sin duda reprobable, capaz de revolver estómagos y causar la indignación mayor posible.

Se trata de casos que son motivos legítimos de gran reprobación, pero el problema que preocupa no es ese tanto como el de la posible reacción de muchos.

Me refiero a los que crean una opinión general sobre datos de excepción: el de las personas que basadas solo en las noticias de los escándalos en cuestión pierden su fe, la poca o mucha que tenían.

No creo que sea racional tener esta reacción. Sería absurdo perder la confianza en las escuelas por la existencia de casos similares entre maestros.

El punto

Perder la fe en una iglesia por la conducta indebida de algunos de sus miembros es irracional. Y, sin embargo, sucede por el fenómeno que mencioné al principio: la atención excesiva en el suceso excepcional más reciente.

Es tan absurdo como dejar de ir a la ópera porque una noche una soprano cantó pésimo. Pero esto es lo que suponen algunas críticas de los escándalos de la iglesia católica.

Sea lo que sea, no hay duda de que los tiempos son difíciles para católicos como yo. Surgen de manera sistemática ataques contra mi iglesia, algunos justificados, otros carentes de toda lógica.

En medio de todo esto, no creo que exista postura mejor que la que dicta el sentido común y que es la de no sucumbir a lo que es el escándalo excepcional más reciente. Darle una perspectiva ya es ganancia.

Pero sobre todo, entender la naturaleza excepcional de los escándalos es el punto de partida en el que comienza ese sentido común.

Una noticia que revela que «Discípulo de Jesús lo niega tres veces continuas» es un buen material para el comentario inmediato. Pero la noticia completa añadiría años después «Después de negarlo, llora y muere por Él».

Las respuestas de un sacerdote

Hace ya años, un sacerdote católico trató en un texto el tema de los escándalos dentro de su iglesia —las ideas de Roger J. Landry merecen reiterarse, que es lo que hago en lo que sigue.

Landry hace de lado la posibilidad de responder a los críticos de los escándalos de la iglesia católica. Lo que más interesa es dar una respuesta a los escándalos. Una respuesta dirigida a los propios fieles.

1. Los escándalos a la luz de la propia fe cristiana

Cito a Landry:

«[Jesucristo] habló a Su Padre… acerca de a quienes elegiría para que fueran sus doce apóstoles, los doce que Él formaría íntimamente, los doce a quienes enviaría a predicar la Buena Nueva en Su nombre… Pero, a pesar de todo, uno de ellos fue un traidor… Jesús no eligió a Judas para que lo traicionara… Pero Judas fue siempre libre y usó su libertad para permitir que Satanás entrara en él y, por su traición, terminó haciendo que Jesús fuera crucificado y ejecutado».

Desde el mismo inicio, por tanto, existió la traición a los principios de Jesús. Por supuesto, los escándalos actuales son equivalentes a esa traición. ¿Como reaccionar ante ella? Landry dice,

«Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, la Iglesia habría estado acabada antes de comenzar a crecer. En vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los otros once, gracias a cuya labor, predicación, milagros y amor por Cristo, nosotros estamos aquí hoy». 

El creyente actual, por tanto, tiene una lección frente a sí mismo: reaccionar ante los escándalos/traiciones como se hizo antes, centrándose en Jesús y quienes le son fieles. Dice el autor,

«Podemos centrarnos en aquellos que traicionaron al Señor… o, como la primera Iglesia, podemos enfocarnos en los demás, en los que han permanecido fieles, esos sacerdotes que siguen ofreciendo sus vidas para servir a Cristo y para servirlos a ustedes por amor».

2. No es nada nuevo

El reconocimiento de la realidad —estas traiciones no son algo desconocido:

«El escándalo desafortunadamente no es algo nuevo para la Iglesia. Hubo muchas épocas en su historia, cuando estuvo peor que ahora… En cada una de esas épocas cuando la Iglesia llegó a su punto más bajo, Dios elevó a tremendos santos que llevaran a la Iglesia de regreso a su verdadera misión». 

Uno de ellos fue San Francisco de Sales, al que Landry cita textualmente:

«Aquellos que cometen ese tipo de escándalos son culpables del equivalente espiritual a un asesinato, destruyendo la fe de otras personas en Dios con su pésimo ejemplo… Mientras que aquellos que causan el escándalo son culpables de asesinato espiritual, los que acogen el escándalo —los que permiten que los escándalos destruyan su fe— son culpables de suicidio espiritual. Son culpables de cortar de tajo su vida con Cristo…»

El escándalo/traición tiene un autor conocido —el que cometió el asesinato espiritual, pero hay otra persona involucrada en esto: el que puede cometer un suicidio espiritual, alejándose de Dios por causa del acto de traición de un ministro.

La respuesta adecuada del católico no puede ser el abandonar su fe por causa de un mal ejemplo. El cristianismo ya no existiría de haberse hecho esto en el pasado.

3. La fe

La dependencia bien canalizada —¿de quién depende la fe personal? Responde Landry:

«Y es que si siempre tuviéramos que depender de la santidad personal del sacerdote, estaríamos en graves problemas. Los sacerdotes son elegidos por Dios de entre los hombres y son tentados como cualquier ser humano y caen en pecado como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Once de los primeros doce apóstoles se dispersaron cuando Cristo fue arrestado, pero regresaron; uno de los doce traicionó al Señor y tristemente nunca regresó».

La idea puede repetirse al hablar de tener una Iglesia «a prueba de sacerdotes» —siendo éste un punto vital de la actitud que debe tener el católico en estos momentos de traición/escándalo.

4,La respuesta a los escándalos de la iglesia católica

Cómo responder, así:

«¿Tiene la Iglesia que trabajar mejor, asegurándose que nadie con predisposición a la pedofilia sea ordenado? Absolutamente. Pero esto no sería suficiente. ¿Tiene la Iglesia que actuar mejor para tratar estos casos cuando sean reportados? La Iglesia ha cambiado su manera de abordar estos casos y hoy la situación es mucho mejor de lo que fue en los años ochenta, pero siempre puede ser perfeccionada. Pero aun esto no sería suficiente. ¿Tenemos que hacer más para apoyar a las víctimas de tales abusos? ¡Sí, tenemos que hacerlo, tanto por justicia como por amor! Pero ni siquiera esto es lo adecuado». 

¿Cómo responder concretamente?

«¡La única respuesta adecuada a este terrible escándalo, la única respuesta auténticamente católica a este escándalo… es la SANTIDAD! ¡Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una crisis de santidad!… Las bienaventuranzas que leemos en el Evangelio… son una receta para la santidad. Todos necesitamos vivirlas más. ¿Tienen que ser más santos los sacerdotes? Seguro que sí. ¿Tienen que ser más santos los religiosos y religiosas y dar un testimonio aun mayor de Dios y del Cielo? Absolutamente. Pero todas las personas en la Iglesia tienen que hacerlo, ¡incluyendo a los laicos!».

5. Frente a los escándalos

Quinto, la actitud que debe tener el católico frente a las traiciones/escándalos:

«Son tiempos duros para ser católicos hoy… mientras que todos nosotros quizá tengamos que padecer… insultos y falsedades por causa de Cristo, de hecho debemos regocijarnos. Es un tiempo fantástico para ser cristianos hoy, porque es un tiempo en el que Dios realmente necesita de nosotros para mostrar Su verdadero rostro… Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para reconocer que cuando se nada contra la corriente de las críticas, estamos más seguros que cuando permanecemos adheridos a la Roca sobre la que Cristo fundo su Iglesia. Este es uno de esos tiempos. Es uno de los grandes momentos para ser cristianos».

Landry hace referencia a la solución fundamentada en la santidad —santidad que se alimenta de la fe:

«Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase. Él prometió que las puertas del infierno no prevalecerían sobre Su Iglesia, que la barca de Pedro, la Iglesia que navega en el tiempo hacia su puerto eterno en el cielo, nunca se volcará, no porque aquellos que van en ella no cometan todos los pecados posibles para hundirla, sino porque Cristo, que también está en la barca, nunca permitirá que esto suceda. Cristo sigue en la barca y Él nunca la abandonará».

Las ideas de Landry se dirigen a evitar el suicidio espiritual por medio de la comprensión de la respuesta del católico —su santidad. Los escándalos/traiciones, que son indeseables en extremo, son un nuevo llamado a esa santidad. Si algunos han realizado traiciones, el resto debe elevar su santidad.

[Las citas son de P. Roger J. Landry. “What our response should be to terrible scandals in the Church”, una homilía no publicada. Traducida al español y reproducida con el permiso del P. Roger J. Landry.]


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