¿Existe el derecho al placer sexual? Su significado, características y consecuencias. La distinción entre libertad sexual y derechos sexuales.

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Introducción

Las ideas que consideran al sexo como una de las posibles diversiones humanas, convertidas en derechos reclamados, tiene un fundamento —que es lo que examino en lo que sigue.

El propósito es explorar las razones que se esgrimen para sostener que el tener relaciones sexuales es uno de los gozos y placeres a los que se tiene derecho. ¿Existe realmente el derecho al placer sexual?

Antecedentes

Se argumenta que existen dos etapas, claramente diferentes, en cuanto al entendimiento del sexo y que suele ser parte de cursos de educación sexual para adolescentes:

• En la primera etapa histórica, se dice que la razón para tener relaciones sexuales era la procreación —es decir, si se tenía sexo con alguien, en esos tiempos anteriores, eso se justificaba con el objetivo de tener hijos.

• En la segunda etapa histórica, se dice que ya fue reconocido el derecho a tener relaciones sexuales sin la consecuencia de tener hijos —es decir, ahora el tener sexo con alguien se considera algo que no incluye el objetivo de procrear.

El parteaguas que divide a ambas etapas, se afirma, es la aceptación de un derecho —el derecho a tener relaciones sexuales sin que haya consecuencias reproductivas. Tener sexo es, según esto, es ahora un derecho humano al placer y la diversión.

La idea detrás del derecho al placer sexual

La idea incluye dos elementos no explícitos: (1) el sexo es una actividad que es placentera y (2) el sexo tiene consecuencias físicas de creación de otra vida.

Estos elementos, a los que separa, coloca al placer sexual al nivel de un derecho humano.

En otras palabras, se reconoce el derecho a tener relaciones sexuales por el solo placer que ellas producen —un derecho que significa anular las posibilidades de procreación, las que tendrían una consecuencia que anularía el placer sexual.

Lo que he hecho hasta aquí es exponer con brevedad una de las justificaciones que se usan para promover la idea de considerar a las relaciones sexuales como una fuente de placer y diversión a la que se tiene derecho.

La OMS, por ejemplo, propone que es parte de la salud sexual el tener relaciones sexuales sin riesgo de un embarazo no deseado —de lo que se deriva la serie de razones que validan el uso de anticonceptivos y, en el último extremo, el aborto.

Ejemplos

Se proponen en este caso 14 derechos sexuales:

  • Decidir sobre mi cuerpo y mi sexualidad
  • Ejercer y disfrutar mi sexualidad
  • Manifestar mis afectos públicamente
  • Decidir con quien o quienes me relaciono
  • Respeto a mi privacidad e intimidad
  • Vivir libre de violencia
  • Decidir sobre mi vida reproductiva
  • Igualdad
  • Vivir libre de discriminación
  • Información sobre sexualidad
  • Educación integral en sexualidad
  • Servicios de salud sexual y reproductiva
  • Identidad sexual
  • Participación en políticas públicas sobre sexualidad

O bien, este otro caso de derechos sexuales (énfasis mío):

«Ejercer la sexualidad de manera independiente de la reproducción.
Estar libre de discriminación, presión o violencia en nuestras vidas sexuales y en las decisiones sexuales. Contar con acceso a educación sexual (y afectiva) desde temprana edad dirigida al desarrollo de la persona y el ejercicio responsable de la sexualidad en forma plena, libre e informada».

Examen del derecho al placer sexual

Lo que sigue es una exploración de los orígenes y las consecuencias que acarrea la idea de declarar al placer sexual como un derecho

1. Olvido de la idea de responsabilidad

Este es un caso claro del fenómeno de comprender a las libertades como derechos o reclamos. Hacer esa transformación produce el retiro de la idea de responsabilidad personal.

Mientras que las libertades incluyen a la responsabilidad, los derechos tienden a hacerla de lado. Es decir, colocan al placer sexual como una demanda que no contiene ninguna obligación, especialmente el embarazo.



2. Traslado de costos

También, la conversión de libertades en derechos reclamados, contiene la noción de transferir los costos del derecho al placer sexual a terceros —como el pago estatal de abortos y el reparto gratuito de anticonceptivos.

3. Simpleza

La separación en dos etapas históricas es demasiado simple y artificial. Los antiguos no eran tan ingenuos como para pensar en el sexo solo como medio de procreación —la historia está llena de ejemplos de conductas que veían en el sexo una buena fuente de placer en el que se trataba de evitar la concepción.

Todo lo moderno que puede alegarse es la disponibilidad de métodos anticonceptivos más efectivos que en tiempos anteriores —nada más.

4. Artificialidad

También es artificial la separación entre placer y procreación. En verdad son dos partes del acto sexual, pero separarlas solo puede ser una herramienta de análisis, similar a la de separar al comer de sus efectos.

Comer, para muchos es un placer en sí mismo, pero puede tener consecuencias inevitables como la obesidad y quizá otras enfermedades.

Aceptar solo el placer de comer sin sus consecuencias llevaría a acciones como el vomitar la comida. Separar al sexo de la consecuencia de procreación es igualmente artificial.

5. Degradación propia y ajena

La idea del sexo como placer sin consecuencias comete otro error, el de olvidar un elemento crucial en las relaciones sexuales: el amor comprometido entre las dos partes. El sexo es una apertura íntima entre personas que va más allá del solo placer corporal.

Esto produce una degradación del otro en la relación sexual, al que se ve solo como un instrumento proveedor de un servicio de gratificación propia y cuya identidad poco importa realmente. El placer propio implica necesariamente una degradación del otro.

6. Debilitamiento de carácter

Igualmente, la propuesta de que el placer sexual es un derecho humano sin consecuencias de procreación tiene otra consecuencia en la persona que busca esa satisfacción: afloja su voluntad —debilita su carácter, mina su disciplina.

Tiende a convertirlo es un buscador de placeres por sí mismos, retirando de su mente la noción de la responsabilidad. Los actos humanos tienen un elemento natural, el de sus consecuencias y si estas se retiran, el resultado es el fomento a la ligereza, la imprudencia y la frivolidad.



Cita

«Los dos primeros hechos que un niño o una niña saludables sienten sobre el sexo son estos: primero que es hermoso y luego que es peligroso».

— G. K. Chesterton

Conclusión

Lo que he hecho es exponer la idea de que el placer sexual sin consecuencias de procreación es un derecho humano —y he expuesto algunas de las debilidades y consecuencias del pensar así.

Quizá todo pueda resumirse en la idea de que el sexo es parte natural del ser humano y que, por eso, es algo serio e importante. Tan serio e importante que pensar en él solo como una fuente de placer es reducir la dignidad entera del ser humano.

Creo necesario enfatizar la afirmación de que «fue reconocido que se tiene el derecho a disfrutar de la sexualidad sin riesgo de embarazo». El sujeto de la frase es generalmente ignorado. ¿Quién fue el que reconoció eso y qué argumentos usó?


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[Actualización última: 2021-06]