Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Héroes de Caricatura
Eduardo García Gaspar
28 octubre 2004
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es razonable sostener la idea de que la educación general de los mexicanos no es elevada, que muchos no pueden hacer reflexiones un tanto refinadas acerca de las cuestiones políticas.

Narro dos anécdotas personales que ilustran esta idea. Ambas derivadas del programa de radio que tengo y de las llamadas hechas por los radioescuchas.

En una de las transmisiones expuse la idea de que el laicismo en la educación había sido interpretado más allá de la educación pública impartida sin instrucción religiosa y que había sido llevado al extremo equivocado de olvidar la religión en toda actividad humana. L

a llamada que recibí protestó porque, según el radioescucha, yo había pedido que se tuviera instrucción católica obligatoria en las escuelas.

En diversas transmisiones, señalé que en general lo que había visto yo de los medios mexicanos eran notas favorables a Kerry al reportar información acerca de la campaña electoral de los EEUU. Y dije que eso era un sesgo indeseable.

Estos comentarios me valieron una llamada de otra persona afirmando que yo prefería a Bush… lo que es cierto, pero nunca dije en ese programa. Sobre esas vivencias se puede construir una tesis, la de un pensamiento un tanto extremo en cuestiones políticas.

Pero antes, otro ejemplo. Una persona, profesor de una institución universitaria, afirmó que los empleadores era unos abusivos, todos, que explotaban a los obreros. Yo la corregí diciendo que también había empleados malos, que la bondad no era exclusiva de los trabajadores. Ella me contestó que yo estaba del lado de los patrones y apoyaba la explotación obrera.

La tesis que puede construirse es la siguiente: los mexicanos tendemos a entender a la política en situaciones extremas, sin posibles posiciones intermedias y sin entender cuestiones complejas. O es blanco o es negro, o es bueno o es malo, siempre extremos totales.

Otro ejemplo ilustra esto, el de las invasiones violentas del PRD a la Cámara de Diputados. Esa situación tiene dos partes que es necesario separar para entenderla. Una es la parte de la modificación constitucional, su impacto en el DF y en otros lugares y las circunstancias bajo las que se da, en la que caben razonablemente especulaciones de mala voluntad.

La otra parte es el uso de la violencia por parte del PRD, lo que sin duda es reprobable y que no puede justificar la serie de efectos que tiene el cambio en la Constitución. Esa distinción es básica y sin embargo no se hace en lo común. Una persona, por ejemplo, me criticó afirmando que estoy en contra del Jefe de Gobierno del DF por haber criticado a la invasión de la cámara.

Sí, AMLO me parece un elemento negativo, como pocos en estos momentos, pero el punto no era ése, sino el de la invasión violenta del recinto parlamentario. Todo lo que he querido establecer en esta segunda opinión es que en algunas personas existe la fuerte inclinación a pensar en términos muy simples y extremos.

Son mentes muy primitivas que no dañan a nadie mientras no lleguen a posiciones políticas, en donde se requieren razonamientos más refinados. Desafortunadamente las mentes simplificadas sí llegaron ya al gobierno. Una de esas mentes primitivas es la de AMLO que ve al mundo dividido en los que están a su favor y los que están en su contra. Igual piensan quienes creen en la lucha de clases y créame que aún hay muchos de esos y que están en posiciones gubernamentales.

Vayamos ahora a las causas de esa manera de entender al mundo, como si fuera una historieta de héroes y villanos. Una de las causas es la falla de la educación mexicana, que ha fracasado en desarrollar habilidades de pensamiento y solución de problemas. Leemos menos de 3 libros por habitante al año, 74 por ciento de la población estudiantil no entiende lo que lee (CIEX).

Lo que me lleva a una conclusión acerca de un problema que algunos columnistas han tratado y que es el explicar las razones por las que el Jefe de Gobierno del DF es popular, cuando a cualquier persona razonable le parece mal. Mucha de la razón es ésa, la existencia de un pensamiento primitivo en la mayoría de las personas: en un mundo de caricatura, esa persona se ha entendido en el bueno de la trama.

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