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El Valor Económico es Subjetivo
Selección de ContraPeso.info
1 agosto 2005
Sección: ECONOMIA, Sección: AmaYi
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Los bienes tienen importancia para nosotros en el monto que nuestro conocimiento les da valor personal para satisfacer nuestra jerarquía de necesidades. Sobre este cimiento Menger construye un edificio lógico de conclusiones que sorprende y coloca a la Economía en una posición de real utilidad para tomar decisiones racionales.Todo porque esa ciencia se ve ahora como una de comportamiento humano.

AmaYi® celebra con esta carta su décimo aniversario. La idea presentada en esta carta es de Carl Menger (1840-1921). Menger es considerado como el real fundador de la Escuela Austriaca de Economía, por una muy sencilla razón: fue él quien ideó el sistema de valor y de teoría de precios que forma la base de esa escuela.

Es reconocido que Menger, Jevons y Walras, otros dos grandes economistas, propusieron a la percepción subjetiva co mo la explicación del valor económico y, desde luego, a la Teoría de La Utilidad Marginal que establece que el valor de cada unidad de un bien poseído se reduce conforme se eleva el número de unidades poseídas.

La idea para esta carta está en Menger, Carl (1981). PRINCIPLES OF ECONOMICS. New York. New York University Press. 0814753817, chapter The Theory of Value, pp 144-174 .

Si se tuviera una lista en extremo reducida de libros de economía que deben ser leídos, el de Menger estaría muy cerca del primer lugar. Es una obra clara, comprensible aún por el lego y, lo más fascinante, es un real ejercicio de inteligencia, juicio y sentido común.

Y, debe ser aclarado abiertamente, que es en extremo difícil resumir un capítulo como ése, tan lleno de ideas ricas en significado; por esto es que la carta presenta sencillamente piezas sobresalientes que sólo pueden servir como una imperfecta introducción a la Teoría del Valor entusiasmando al lector a correr hacia la fuente original.

Menger facilita la labor de abreviar su idea en ese capítulo al ofrecer un resumen a la mitad de ese capítulo y del que parte esta carta.

En la página 139 ese sumario de principios a los que ha llegado en las páginas anteriores acerca del valor establece lo siguiente.

Los bienes, productos y servicios tienen importancia para nosotros los humanos. Pero esa importancia que les damos es una importancia asignada por nosotros mismos.

Les imputamos ese atributo de calidad para nosotros porque de esos bienes depende nuestra vida y nuestro bienestar.

Además, es muy claro que la importancia es asignada no a cualquier bien, sino a esos de cuya disponibilidad sabemos que dependemos para la satisfacción de necesidades. El valor de los bienes no es intrínseco a ellos, sino dado a los bienes por los humanos.

El valor de los bienes viene desde fuera de ellos y depende de los que sepamos que ese bien hace por nosotros. Esto añade una dimensión, que es nuestro conocimiento, pues si no sabemos que un cierto bien puede satisfacer necesidades nuestras, ese bien no tiene valor.

Y esto es muy lógico, pues si el valor es asignado al bien por quienes lo usan para satisfacer necesidades, el valor del bien dependerá enteramente del conocimiento de quien asigna el valor.

La satisfacción de diferentes necesidades, además, tiene diferentes niveles. No hay igualdad en la satisfacción de necesidades. Unas son mayores que otras. Esa magnitud diferente proviene de la variación que existe en la importancia que cada bien tiene para el mantenimiento de nuestra vida y bienestar.

Es decir, existe una jerarquía de necesidades que sigue el orden de preeminencia que se da a cada una de ellas. Las hay en diferentes gradaciones. Por tanto, resulta lógico que los valores que imputamos a los bienes sean diferentes.

El valor de los bienes es asignado por la persona a cada bien dependiendo del valor de la importancia de la necesidad que satisface ese bien.

Si las satisfacciones de necesidades varían en importancia es indiscutible que varíen los valores que asignamos a los bienes que las satisfacen. Los bienes que satisfacen las necesidades mayores tendrán un valor mayor.

Sigue Menger con su resumen de ideas, mencionando que en cada caso particular de todas las posibles necesidades que puede satisfacer la cantidad total disponible de un bien, sólo las necesidades de menor importancia para una persona dependen del dominio que esa persona tenga sobre una porción de la cantidad total.

El criterio de asignación de valor de un bien está determinado por la importancia que tienen las necesidades de más baja prioridad que ese bien puede satisfacer de acuerdo a la cantidad que de él disponga el individuo.

Por tanto, el valor de un bien o de una cantidad determinada de unidades del mismo bien que está a disposición del individuo es igual al nivel de importancia que tiene la menos importante de las necesidades que asegura esa cantidad disponible.

Es a este nivel de importancia que  la persona valora la disponibilidad de un bien, aunque ese mismo bien pueda satisfacer necesidades de mayor importancia.

Y esto explica la paradoja del valor del agua y del oro. Los humanos podemos satisfacer sólo las necesidades más altas que tenemos y que el oro puede satisfacer.

Pero existe tal cantidad de agua que con ella podemos satisfacer necesidades de muy escaso valor para nuestro bienestar. Ya que el valor del bien está determinado por la importancia de la menos importante necesidad posible de satisfacer con la cantidad disponible, resulta lógico que se dé más valor al oro que al agua.

Esta es una gran y revolucionaria idea. Si no la entendemos como tal en esta época es porque contesta una pregunta cuya respuesta conocemos antes de habérnosla planteado.

Y nos parece lógica, sencilla y razonable, cuando antes prevalecían ideas contrarias que eran las aceptadas.

Si la causa del valor de los bienes es externa a ellos y proviene del valor que los humanos asignamos a esos bienes para satisfacer una jerarquía de diferentes necesidades, debe seguirse que el valor de un bien cualquiera sea determinado por la menos importante de las necesidades que ese bien es capaz de satisfacer dada la cantidad disponible de él.

Por eso, precisamente, puede contestarse la situación de diferentes valores de un mismo bien en diferentes situaciones.

Un mismo vaso de agua tiene un valor muy diferente dentro de un restaurante, donde la cantidad disponible de agua es tal que puede emplearse para lavar platos e irrigar plantas, que en un desierto donde es realmente escasa.

El mismo bien, idéntico en todo, cambia su valor de acuerdo a la jerarquía de la menos importante de las necesidades que puede satisfacer la cantidad disponible del bien.

En un desierto esa agua puede significar la vida y, por eso, tiene un valor inmenso pues existe en cantidad reducida y se destina a satisfacer necesidades realmente vitales. Por el contrario, en un restaurante, el agua tiene un valor igual a la más mínima de las necesidades que satisface, quizá lavar los vidrios del establecimiento dos veces al día.

El valor del bien es asignado por el individuo y ese valor es igual a la importancia que tiene la menor de las necesidades que es posible satisfacer dada la cantidad aprovechable de ese mismo bien.

El resto del capítulo de la obra de Menger expande esas ideas, llegando a una diversidad de conclusiones, siempre deduciendo conclusiones lógicas que siguen a las anteriores.

Unas, muy pocas de ellas, son anotadas a continuación.

Basados en el razonamiento anterior es posible tratar el caso de bienes que son diferentes y existen en cantidades diferentes pero que sirven para satisfacer la misma necesidad.

Este tipo de bienes deben ser vistos como homogéneos desde el punto de vista económico y tendrán un mismo valor pues satisfacen la misma necesidad, incluso a pesar de existir en cantidades diferentes.

El valor de un bien es asignado de manera subjetiva, como se dijo antes. El juicio de la persona y la jerarquía de sus necesidades imputa valor al bien. Por esto puede concluirse que un mismo bien puede tener diferentes valores para personas distintas.

Una de ellas puede considerar a un cierto bien como de gran valor, mientras que para otra ese mismo bien carece totalmente de valor.

Las personas asignan el valor a los bienes y si las personas son diferentes es lógico que los valores de los bienes varíen de acuerdo al valor que les atribuye cada persona.

Si el valor de los bienes es subjetivo, variable entre personas, dependiendo de escalas o jerarquías de necesidades que satisfaces esos bienes, se sigue que no existe una correspondencia necesaria entre el valor asignado a un bien y el monto de lo requerido para producir ese bien.

Producir un bien requiere mezclas de trabajo, otros bienes, capital, tierra y otros elementos, que no determinan el valor del bien.

Es decir, si el valor de un bien es asignado por la persona eso implica que no existe una relación entre ese valor y lo que fue usado para elaborarlo.

Lo que acarrea otra conclusión lógica. Las personas asignan el valor a los bienes independientemente de lo implicado en la producción de ellos.

Por esto, es posible tener una indicación sobre los beneficios de haber producido un bien al comparar el valor asignado al bien con el valor de los recursos usados para producirlo.

El valor asignado a un bien para satisfacer una necesidad puede ser mayor, igual, o menor que el valor de los bienes utilizados para producirlo. No hay una relación necesaria entre el valor de un bien y el valor de lo usado en su producción.

La asignación de valor a un bien es netamente subjetiva, lo que no significa que sea arbitraria. El valor imputado a cada bien obedece a una escala de importancia de necesidades para cada individuo fundamentada en su juicio de bienestar.

Esto, desde luego, no excluye la existencia de errores y equivocaciones en los juicios personales que significarían la asignación de un valor erróneo.

Quizá el conocimiento del individuo haya sido defectuoso, o su modo de pensar haya sido fallido. Y, ya que la asignación de valor a los bienes está basado en el conocimiento que de ellos se tiene, es forzoso concluir que al cambiar ese conocimiento, se modifique el valor que se les ha imputado.

Hay bienes de primer orden y bienes de un orden superior. Los bienes de primer orden son los que sirven para satisfacer las necesidades de las personas, como una manzana que come un individuo para satisfacer su hambre. O como una casa para satisfacer necesidades de habitación.

Para producir bienes de primer orden son necesarios bienes superiores, de segundo, tercer, cuarto y otros órdenes mayores que se ocupan en procesos de producción cada vez más alejados de los bienes de primer orden.

Con el valor de los bienes siendo asignado por las personas de manera razonada conforme a su escala de necesidades, es lógico que el valor de los bienes de orden superior sea dado por el valor de los bienes de primer orden que ellos producen.

El valor asignado a los bienes de primer orden es el que determina el valor de los bienes de orden superior, los que sirven para producirlos.

Los bienes que se utilizan para la producción de un automóvil derivan su valor del valor que tienen los automóviles que son bienes de primer orden para satisfacer necesidades de transportación.

De lo que puede concluirse que si se eleva el valor esperado futuro de un bien de primer orden, también se elevará el valor de los bienes de orden superior que sirven para elaborarlo. Y viceversa.

Es decir, el valor de los bienes de orden superior depende del valor estimado futuro de los bienes de primer orden que producirán. De modo que, por lógica, los bienes de producción sólo pueden tener valor en la medida en la que damos importancia a nuestro propio bienestar.

Un principio de acción humana es la preferencia por la satisfacción de las necesidades presentes antes que las futuras. Las necesidades del futuro inmediato son más importantes que las necesidades del futuro lejano.

Por tanto, la persona tiene ante sí una dualidad de opciones de acción, el usar bienes para la satisfacción inmediata de satisfacciones, o el utilizar los bienes como bienes de un orden superior que produzcan bienes de primero orden después de cierto tiempo.

La duración del proceso de producción se alarga conforme crece el orden de los bienes de producción, pasando de segundo a tercer orden, a cuarto orden y superiores. Es lógico que deba existir dominio sobre esos bienes de orden superior durante el tiempo en el que se realiza la producción de los bienes de primer orden.

De acuerdo con lo anterior, el valor presente de todos los bienes de orden superior es igual al valor estimado de los bienes de primer orden que producirán, menos el valor de los servicios de esos bienes de orden superior.

Uno de los servicios necesarios para la creación de bienes de primer orden es la función del entrepreneur, el que realiza actividades esenciales. Una de ellas es la recolección de información sobre el medio ambiente económico. Más la tarea de realizar el cálculo económico que indique la conveniencia de la actividad de producción.

El entrepreneur también actúa asignando bienes de orden superior al proceso de producción. Y, finalmente, actúa supervisando el proceso para que se realice de manera económica. Estas funciones del entrepreneur significan una tarea tan necesaria como la de cualquier otro de los servicios necesarios en la producción.

El entrepreneur es un bien de orden superior como cualquiera otro de los necesarios para producir bienes de primer orden.

Al final de este capítulo Menger trata un tema en extremo sensible. Dice que una de las preguntas más extrañas que se hacen es la de los ingresos derivados del uso de tierra y capital.

Por ejemplo, afirma que puede aparecer como deplorable la realidad de que el capitalista o el propietario de una tierra obtengan un ingreso superior al del trabajador que realiza un trabajo más intenso.

Dice que la razón de esto no es inmoral. Simplemente significa que en esos casos la satisfacción de más importantes necesidades dependen más del capital y la tierra que de los servicios del trabajador.

Quienes tienen la inquietud de asignar una porción mayor de los bienes de consumo a los trabajadores en realidad están solicitando que se paguen esos servicios por encima del valor que tienen.

Si una demanda de salarios mayores no está unida a un programa de capacitación y educación de los trabajadores o confinada a una más libre competencia, esa demanda requiere que se pague al trabajador en desacuerdo con el valor de lo que ellos dan a la sociedad.

NOTA DEL EDITOR

La noción del valor subjetivo de los satisfactores ha sido criticada por creerse que ella promueve la idea del relativismo moral al apoyar a las percepciones subjetivas de las personas. Tal crítica no vale.

La idea del valor subjetivo de los bienes o satisfactores es una aseveración objetiva, que establece una realidad, y no subjetiva. El decir que la percepción del valor es subjetiva, o del hambre, o de cualquier otra sensación no es de forma alguna una promoción del relativismo moral.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



3 Comentarios en “El Valor Económico es Subjetivo”
  1. norma Dijo:

    hola les escribo para decirles que esta muy chida susu paginas….

  1. Contrapeso » Empezar Por el Principio
  2. Contrapeso » Mismo Bien, Diferente Valor




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