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La Respuesta (no) Está en el Aire
Selección de ContraPeso.info
26 enero 2005
Sección: ECOLOGIA, Sección: Asuntos
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Las propuestas de uso del viento para la generación de energía han sido tomadas en ocasiones como un remedio mágico que sin costo nos dará una energía sin producir contaminación. Anthony B. Bradley, research fellow del Acton Institute, nos da una respuesta diferente: esa energía no es lo que se dice que es, a pesar de todos los esfuerzos de relaciones públicas que se hacen. Agradecemos la amable cortesía del Acton Institute para traducir y publicar este texto.

Los defensores del medio ambiente merecen reconocimiento por ayudarnos a pensar con seriedad acerca de nuestro mandato sobre la naturaleza. Desde el Génesis, las Escrituras están cargadas con el mensaje de que la creación es buena, de que su sentido es la manifestación de la gloria de Dios y que los seres humanos están al mando de ella.

Nuestro papel en la creación hace muy importante que los participantes en los debates sobre al manejo apropiado de los recursos de la tierra tengan un compromiso con la verdad. Aprovechando la confusión actual sobre las reservas de combustibles fósiles, los proponentes de la energía del viento están trabajando esforzadamente, engañando con propaganda sensacionalista a ciudadanos preocupados.

Grupos como la Asociación Americana de Energía de Viento (AWEA, por sus siglas en inglés) y a Federación de Consumidores de Michigan, promueven el uso de energía de viento usando afirmaciones engañosas. “Diferente a otros combustibles, el costo del viento nunca cambia. Es gratuito.

Y tiene la ventaja adicional de no producir polución,” dice esa federación. Afirma la AWEA que el viento produce energía, “sin consumir recursos naturales ni producir polución o gases invernadero.”

No solamente es el poder del viento menos caro que otras formas de producción de energía, se nos dice, también eleva la “seguridad de la oferta de energía de los EEUU.”

Tan abrumadoras son las ventajas de ese tipo de energía a los ojos de algunos de sus proponentes, que quieren ellos aprovechar el poder de la autoridad para obligar a las empresas eléctricas y a las empresas a hacer la conversión a energía de viento.

Dos estudios recientes, uno de la Royal Academy of Engineering y otro del David Hume Institute han echado aire fresco sobre los rancios argumentos de la energía de viento.

Estas investigaciones destacan unas pocas maneras en las que los ambientalistas del viento engañan a los consumidores. Primero, el poder del viento no es gratuito. Hay una abrumadora evidencia internacional que indica que la energía de viento obligará a los consumidores a pagar el doble comparado con la más económica opción de los combustibles fósiles. La energía de viento es perjudicada por los costos colaterales.

Ambos estudios señalan costos de capital no considerados, como preparación del lugar, adquisición, construcción e instalación del equipo. Los costos de capital también incluyen diferencias en el costo de la electricidad generada durante los períodos pico y los no pico. Existen costos de redes, incluyendo el mantenimiento y reemplazo de infraestructura existente, más costos de nuevas construcciones para satisfacer demandas nuevas de energía.

Costos adicionales de operación incluyen al personal, sus salarios y seguros —los costos corrientes e inflacionarios son independientes de la energía realmente generada. Segundo, la energía de viento no está libre de polución. Se usarán combustibles fósiles en la manufactura, instalación, mantenimiento y desmantelamiento de las turbinas de aire y sus torres.

Habrá contaminación resultante de la producción de plásticos, metales, cemento y fibra de vidrio, usados en la construcción de las torres y turbinas. Tercero, el funcionamiento mismo de las turbinas de viento daña el medio ambiente de ciertas maneras. El notable efecto de las turbinas sobre las poblaciones de aves hicieron que el Sierra Club las bautizara como “cuisinarts del aire.”

Solamente en California, miles de aves y murciélagos, incluyendo especies en peligro, son muertos anualmente —más de 44 mil aves en los últimos 20 años, según H. Sterling Burnett del National Center for Policy Analysis. Ya que las bases de las torres atraen a roedores, las granjas de viento son trampas mortales para búhos, halcones y águilas.

Adicionalmente, la energía de viento reduce el espacio abierto de hábitat natural. Producir solamente mil megawatts de poder en una granja de viento requiere unas 300 millas cuadradas. Es decir que 192 mil acres de tierra serían usados para ninguna otra cosa (cerca de 780 kilómetros cuadrados).

El equivalente para una planta convencional de fósiles es de 3.05 millas cuadradas y 2.65 para una instalación nuclear segura (casi 8 y casi 7 kilómetros cuadrados respectivamente). Para tener idea de la extensión requerida, debe pensarse que New York en verano necesita 11 mil megawatts de energía.

Se requerirían 2 millones de acres de granjas de viento para producirlos (más de 8 mil kilómetros cuadrados). La AWEA tiene su base en Washington, D.C. y hace notar que las extensiones de tierra necesitadas podrían encontrarse en estados como Dakota del Norte, Texas, Kansas, Dakota del Sur y Montana.

Estos lugares (y su impacto ambiental y de otros tipos) estarían cómodamente lejanos de Washington, D.C. Cuarto, el poder del viento no necesariamente eleva la seguridad de nuestra generación de energía. El poder del viento es poco fiable, con limitaciones críticas de capacidad.

No tiene la capacidad de negociarse entre niveles de demanda de energía. Durante períodos pico de demanda no puede producirse más energía. Durante períodos de baja demanda no hay manera de reducirla.

Como una fuente impredecible de energía, el poder del viento debe ser siempre respaldado por otras fuentes, listas para usarse de inmediato. No puede ser una fuente independiente de energía. En el libro de los Proverbios sabemos que, “La ciencia del prudente está en entender su camino; mas la indiscreción de los necios es engaño.” No nos engañemos.

Como política general, el sustentar una decisión importante en la energía del viento es mero disparate. Las necesidades de energía deben ser manejadas en un mercado abierto, ausente de impuestos especiales y subsidios.

Ésta es la única manera que puede ayudarse a que los productores y consumidores descubran la forma más eficiente de combinar métodos de producción. Este descubrimiento es esencial al esfuerzo de usar los recursos de manera que se respete su propósito: el bienestar de todos y la gloria de Dios.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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