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Ley Sustituye a Moral
Selección de ContraPeso.info
17 febrero 2005
Sección: LEYES, NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info tiene el honor de presentar un texto del Rev. Gerald Zandstra, Programs Director del Acton Institute. Zandstra es pastor ordenado de la Iglesia Cristiana Reformada de Norte América y director del Center for Entrepreneurial Stewardship en Acton.

El autor pone sobre la mesa un tema muy poco tratado y frecuente en la realidad diaria: la sustitución de la ética por la ley, lo que lleva a cometer un error de enormes consecuencias, el pensar que al estar dentro de la ley equivale a ya no preocuparse por asuntos éticos.

Partiendo de la nueva ley en los EEUU, promulgada para prevenir y castigar delitos corporativos, la ley Sarbanes-Oxley, el autor nos lleva a un reflexión concreta y razonada: las leyes podrán prevenir algunos actos criminales, pero no son substituto del desarrollo moral de la persona.

La ley Sarbanes-Oxley de 2002 ha producido un cambio fundamental en el panorama de las acciones de auditorías y reportes financieros de las empresas cotizadas en bolsa. Es una ley con consecuencias amplias en los sistemas de reportes financieros de las empresas. Por ejemplo, hay disposiciones nuevas por las que los papeles de auditoría son retenidos.

Se ha creado también un nuevo comité de vigilancia de empresas públicas. Aquellos que revelan prácticas ilegales o no éticas reciben protección adicional. Los que interfieran en las investigaciones recibirán castigos adicionales.

Para promover transparencia existen ahora nuevas reglas respecto a la independencia del auditor, el reporte de conflictos de interés en el análisis financiero y cómo las empresas cotizadas reportan su situación financiera.

Cumplir con las obligaciones no es barato. Según un editorial reciente del Wall Street Journal, el costo estimado de hacerlo es de 2 millones de dólares anuales por empresa. Es un costo elevado. Pero si los ejecutivos no se cuidan a sí mismos, de acuerdo a la filosofía convencional, los legisladores entrarán al juego y pondrán más reglas. Sin esa intervención, la confianza de los inversionistas caerá y el mercado no funcionará con efectividad.

¿Es esa legislación un elemento sano, o resultará algo dañino? Aún no se sabe, por ejemplo, si las personas de Enron eran criminales bajo las leyes que existían en ese tiempo.

Sus juicios aún pendientes lo determinarán, pero ciertamente fueron personas no éticas. Sin embargo, la ley Sarbanes-Oxley crea una situación en la que los ejecutivos corporativos y los directorios de las empresas cambian su entendimiento de la ética.

En lugar de ser responsables de hacer lo debido, su responsabilidad se convierte ahora en determinar la frontera de la legalidad, moviéndose hacia ella lo más cercanamente posible sin rebasarla, mientras maximizan el retorno de la inversión.

Recientemente pregunté a varios CEOs de empresas cotizadas sobre lo que ellos pensaban de la nueva legislación, ahora que habían tenido la oportunidad de vivir bajo ella. Dos preocupaciones surgieron.

La primera, mencionaron el costo enorme. Ninguno de ellos estaría sorprendido del costo promedio mencionado en el Wall Street Journal. Segundo, hablaron de la ética corporativa tornándose una cuestión de ‘box-checking’, por la que ya no tendrían que debatir asuntos éticos.

Bajo la ley Sarbanes-Oxly, la ética se ha convertido solamente en un asunto legal —ya no es una cuestión de conciencia o prudencia. Esto coloca a los legisladores y a los líderes corporativos en un peligroso juego ético de gatos y ratones.

¿Podrán esos que hacen la leyes anticipar todo lo que hará la minoría inmoral? Probablemente no. La legislación, cuando mucho, es solo una respuesta parcial. Realmente, la proliferación de leyes no resolverá el problema.

Como el jurista G. Gilmore escribió alguna vez, “Cuanto mejor es la sociedad, menos leyes habrá. En el Cielo no habrá ley y el león descansará junto al cordero. En el Infierno, todo será leyes y ellas serán meticulosamente observadas.”

El resto de la respuesta es una cuestión de desarrollo de nuestra cultura y sociedad. Quizá un buen lugar para iniciar la conversación está en los salones de los académicos, maestros de los líderes de negocios. Los días de la educación sin valores se han acabado.

El muy común método de presentar casos de estudio sin examinar lo bueno y lo malo de las posibles soluciones, ya no es adecuado. Quienes enseñan ética de negocios e incluso negocios en general deben volver a requerir a sus estudiantes el reflexionar en algunos de los asuntos centrales de la existencia humana.

Los estudiantes harán bien en pensar sus respuestas a preguntas como las siguientes:

• ¿Quién soy yo?

• ¿Cuál es mi trabajo?

• ¿Cuál es mi responsabilidad ante los demás?

• ¿Puedo trabajar bien y ser bueno al mismo tiempo? •

¿Qué diferencia existe entre ser exitoso y ser significativo? • ¿Cómo equilibro las demandas de mi tiempo?

• ¿Cuánto es suficiente?

La legalidad es importante. Ella provee un contexto dentro del que deben operar los negocios. Ella asegura que existen ciertas expectativas razonables que serán obligatorias bajo las leyes. Pero las cuestiones de legalidad no cubren todo el tema.

Quienes enseñan ética de negocios estarán obligados a distinguir entre lo virtuoso y lo que no lo es. Tendrán que defender esas distinciones frente a sus estudiantes. Tendrán que proveer guías a estudiantes que están debatiéndose con algunos de estos asuntos centrales de la humanidad.

Pero no tendrán que entrar a ese debate sin recursos a su disposición. Existe un enorme cuerpo de literatura disponible, que ha sido construido durante miles de años. Este material, realmente global, sirve de guía para distinguir lo que es ético de lo que no lo es, y separar lo que lleva y no lleva al tipo de reflexión que es necesaria.

Ese cuerpo puede ser encontrado en las principales enseñanzas de las religiones del mundo. Puede ser encontrado en antiguos y modernos filósofos.

En lugar de encontrar respuestas inflexiblemente opuestas al tipo de preguntas colocadas arriba, mi sentido me indica que habrá una consistencia que sorprenderá a muchos. Pensar, por ejemplo, en la reflexión ética sobre la dignidad humana podría comenzar a dar respuesta a esas interrogantes. O, también, cómo la referencia a las virtudes tradicionales de justicia y prudencia podrían también contestarlas.

Un libro relativamente reciente, editado por Robert Kraynak y Glenn Tinder, In Defense of Human Dignity, es un buen punto de inicio. El autor de uno de los capítulos, John Witte, describe en esta palabras el proyecto,

“Este volumen de ensayos de académicos de varias religiones y profesiones es precisamente el tipo de ejercicio que actualmente se necesita. Felizmente, es una pieza más entre otros importantes estudios que han aparecido… de estudiosos del Judaísmo, Islamismo, Confucianismo, Budismo e Hinduismo que laboran en cuestiones de dignidad humana y derechos humanos usando sus propios textos.”

Podríamos añadir a eso otros materiales, incluyendo la declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. La legislación nunca tendrá el poder real de gente éticamente bien desarrollada.

La ley Sarbanes-Oxley podría prevenir algunos actos no éticos al considerar como crímenes algunas acciones en el nivel corporativo, pero tiene la capacidad de formar moralmente a los actores humanos. Es tiempo ahora de volver a las cuestiones esenciales de lo que significa ser seres humanos responsables.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural. Tiene una colección de más de tres mil textos.




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