¿Es buena o mala la influencia religiosa en la conducta humana? ¿O sería mejor que todos renunciaran a seguir mandatos religiosos? Un asunto de libertad religiosa y de imposición de ideas.

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Introducción

Si se es más o menos racional, será posible hacer una predicción lógica en cuanto al comportamiento de las personas de acuerdo con los dos principios siguientes:

  • Las personas religiosas tenderán a realizar acciones «buenas» en mayor proporción que las personas sin creencias religiosas.
  • Las personas sin creencias religiosas tenderán a realizar acciones «malas» en mayor proporción que las personas religiosas.

Lo anterior apunta a la religión como una influencia positiva en la conducta personal —una que lleva a más acciones buenas y a menos acciones malas. Una tendencia general no exenta de la influencia de otras variables.

Antes de seguir adelante quiero quitarme de encima el argumento inmediato de algunos lectores: dirán quizá ellos que hay personas no religiosas que actúan con bondad y que hay personas religiosas que actúan con maldad.

Es cierto, pero no anula mi punto, que es el de examinar tendencias generales, no casos de excepción. Y, por supuesto, las ideas contrarias que asignan a la religión una influencia negativa.

Tendencia general

Según esos dos principios de tendencia general, la religión tiene una influencia en la conducta humana —una influencia que lleva a evitar lo malo y a realizar lo bueno. Esa influencia se explica por las causas siguientes.

Primero, la creencia en un Dios bondadoso que pide llevar una vida basada en la idea de tratar a otros como uno quiera ser tratado —una religión que predique lo opuesto, difícilmente podría ser ser considerada religión.

Segundo, una creencia general religiosa, la de creer que Dios tiene la capacidad de ver todos los actos humanos y actuar en consecuencia: la bondad será recompensada en la vida futura y la maldad, castigada.

Esas dos causas actuarán en la persona religiosa con una influencia variable, dependiendo de la fortaleza de sus creencias religiosas: a más fuertes convicciones, se esperarían menos actos malos y más actos buenos, siendo todo lo demás constante.

Un caso concreto

Tomando como base lo anterior, exploro una situación específica, la de la persona que roba un banco. Podría especularse con buena probabilidad que la persona no tiene convicciones religiosas claras —si las tuviera, ellas abrían actuado como un freno, entre varios, evitando ese robo.

Esto es congruente con cosas que se saben sobre incentivos al crimen: si las condenas de prisión se elevan, el crimen decrece; si las aprehensiones aumentan, lo mismo. El criminal actúa con lógica ante lo que él reconoce como cierto, el funcionamiento del sistema de policía y justicia.

Las personas actúan con la misma lógica ante lo que ellas piensan que es cierto. Con convicciones religiosas, de amor a Dios o incluso por solo temor a su castigo, la persona tendería a no robar bancos, por ejemplo. La clave es esa palabra, ‘tendería’.

Un argumento en contra

Es una palabra clave por el peligro de un razonamiento un tanto primitivo que suele encontrarse en diferentes autores.

Argumentan ellos que para un creyente el castigo a una falta es eterno y que, si Dios lo sabe todo, entonces se esperaría que las personas religiosas jamás cometerían falta alguna como robar un banco.

Dicen, por tanto, que la realidad de que personas con creencias religiosas cometan ilícitos es prueba de que la religión no tiene influencia en la conducta de las personas.

Por supuesto que los cometen —lo que digo es que los cometen en menor proporción dependiendo de la fortaleza de sus creencias porque tienen incentivos mayores para no realizarlos. O al menos, tienen conciencia de haber obrado indebidamente.

Las ideas contrarias

El opositor a las religiones sostiene que al menos, la religión no mejora a las personas en términos de hacerlas más propensas a realizar acciones buenas y menos propensas a realizar actos malos —exactamente lo opuesto de lo que digo.

El opositor a la religión va un paso más allá y concluye otra cosa. Dice que si la religión no hace mejores a las personas, entonces eso significa que las personas no tienen grandes convicciones religiosas. Si esta conclusión es cierta, entonces resulta que entre las personas que tienen conducta reprobables, la fuerza de sus convicciones religiosas es media, baja o nula.

Es una discusión interesante que arroja luz en el tema de la influencia religiosa en la conducta humana y podría estudiarse recolectando datos como los siguientes:

• Mediciones diferentes de intensidad de creencias religiosas —por ejemplo, la asistencia frecuente a templos indicaría más intensidad que la asistencia ocasional o nula. Esta y otras mediciones serían indicativas de la fortaleza de las creencias religiosas.

• Mediciones de conductas indebidas de diversa gravedad y la frecuencia de su realización.

Cruzando los datos de los dos tipos de mediciones, creo, se mostraría que conforme disminuye la intensidad de las creencias religiosas se eleva la realización de conductas indebidas e ilegales —exactamente el punto que intento señalar sobre la influencia religiosa para el bien.

Las personas tienen inclinaciones religiosas naturales y que cuando se intenta anular a las religiones, se crea un vacío en esas personas —un vacío que será llenado con creencias similares pero de fuentes no religiosas, generalmente las ideas de moda.

Debe reconocerse un problema, el de la afinación del significado de «creencia religiosa». Se trata de evitar casos como el del culto a deidades como se da en casos de narcotraficantes y también el asunto de religiones que sostienen la validez del daño a terceros.

Las ideas de B. Russell

En un ensayo —titulado ¿Por qué no soy cristiano?—, Bertrand Russell (1872-1970) expresó una serie de ideas que han servido como argumentos, citados a menudo, por parte de quienes tienen opiniones opuestas a las religión.

En lo que sigue, intento explorar esa cita de Russell, examinando su significado y consecuencias. Comienza el famoso párrafo afirmando que,

«La religión se basa, pienso, principal y primariamente en el miedo. El miedo es el padre de la crueldad, y por tanto no es sorprendente que crueldad y religión han ido tomadas de la mano».

La línea de pensamiento es clara: dice que la religión se fundamenta en el miedo y que el miedo es causa de crueldad —por lo que crueldad y religión está ligadas sin remedio una a otra.

Sí creo que en parte, efectiva pero no totalmente, la religión inspire miedo. Pero un miedo a no conocer la verdad —es el temor que inspira a la curiosidad, a saber más, a no permanecer en el error.

Y, miedo también, aunque quizá pueda mejor ser descrito como sobresalto frente a la presencia de lo Absoluto.

🔎 El argumento de Russell hasta aquí no es negativo en sí mismo. Es natural que la religión produzca asombro y temor, quizá incluso miedo —no puede ser indiferente e incluso atemorizante al humano la existencia de su Creador.

No es eso malo en sí mismo, pues lleva al susto de estar en el error y buscar la verdad —y de enfrentar al Creador.

La parte medular del argumento de Russell está en una cabriola no justificada, la de ligar al miedo con la crueldad.

No están ellos intrínsecamente ligados —quien tiene miedo frente a un ladrón armado, seguramente exhibirá muchas reacciones antes que crueldad. Quien cree estar frente a un fantasma, posiblemente tratará de huir; no pensará en ser cruel.

Me parece que Russell razona con un non sequitur claro. Si bien existe en la religión un elemento de temor, no es este el fundamento central —recuérdese, por ejemplo, que el amor es realmente el centro del Cristianismo. Y de ese temor religioso no puede concluirse que se convierta siempre en un motivo de crueldad.

Bertrand Russell 1872 - 1970«Bertrand Russell 1872 – 1970» by oneredsf1 is licensed under CC BY-NC-SA 2.0

Religión no, ciencia sí

El texto citado continúa con la solución que propone Russell, la de confiar en la ciencia y no en la religión. Dice que,

«La ciencia puede ayudarnos a superar este cobarde temor en que ha vivido la humanidad por tantas generaciones. La ciencia puede enseñarnos, y yo pienso que nuestros propios corazones pueden enseñarnos, a dejar de buscar apoyos imaginarios, a dejar de inventarnos aliados en el cielo, sino mejor a mirar a nuestros propios esfuerzos aquí en la tierra para hacer de este mundo un lugar más adecuado para vivir, en vez de la clase de lugar que las Iglesias han hecho de él durante todos estos siglos».

Si para Russell la religión es esencialmente miedo, este temor que se ha padecido será remediado con la ciencia —ella permitirá poner de lado las creaciones falsas de la religión, que son sustentos imaginarios para los humanos.

La ciencia hará mejor, por sí misma, este mundo que las religiones han dañado tanto. Ella será una mejor influencia que la religiosa, dice.

Mucha claridad existe aquí y ella facilita analizar lo citado. Russell propone algo simple y profundo: sustituir a la religión con la ciencia y eso mejorará al mundo. Es una afirmación ambiciosa y, me parece, un tanto gratuita. Explico las razones.

Muy bien, la ciencia

La actitud científica es una apertura al conocimiento y a la verdad —no puede por principio desechar posibilidades de explicación ex-ante, sin darles oportunidades futuras posibles.

Retirar la explicación religiosa del mundo es igual a retirar una fuente de conocimiento posible.

Si la actitud científica de apertura a la verdad, sin embargo, se interpreta a la aceptación de solo aquello que pueda ser probado con números en un laboratorio, la ciencia sufriría una reducción sustancial de sus fines y propósitos. ¿Cómo probar científicamente la existencia de la libertad?

En la ciencia no existen consensos absolutos sobre conocimientos y explicaciones y, sobre todo, ella tiene conocimientos que suelen superarse en el tiempo —no es una garantía de conocimiento perfecto actual.

Pero, en el fondo, creer que la ciencia que sustituya a la religión es una garantía de que el mundo mejore es una opinión débil. Lo es porque ignora que el centro de un mundo imperfecto, su causa última, es la imperfección humana.

Es decir, si se presupone un mundo en el que no hay religión alguna y todo es ciencia, ese mundo seguiría padeciendo las desventajas de la imperfección humana —pudiendo imaginar luchas entre partidarios de distintas teorías científicas, no distintas a los conflictos de creencias religiosas.

La cita de Russell, hasta aquí, contiene ideas que son claras y están expresadas de forma que permiten un buen entendimiento —cualidad escasa y que debe apreciarse. Sin embargo, contiene errores y debilidades sustanciales, como he expuesto.

Si la religión quiere ser criticada e incluso anulada, deberán encontrarse mejores razonamientos.

📌Una nota extra📌

Dentro del Catolicismo se hace una distinición de tipos de miedos o, mejor dicho, temores. Existe el miedo mayor (metus gravis) y el miedo menor (metus levis), pero sobre todo, existe el metus reverensalis. Este útimo es el que provoca Dios, un temor reverencial, respetuoso.

He encontrado a más de un ateo que citan este párrafo de Russell como una prueba que confirma su ateísmo, aprovechando el gran prestigio de su autor: si lo dijo Russell, parecen argumentar, tiene que ser verdad. Usado así, el párrafo es una confirmación débil y debatible. La calidad de la fuente no es una prueba contundente de nada.


«Aunque es muy importante para el hombre como individuo que su religión sea verdadera, ese no es el caso de la sociedad. La sociedad no tiene nada que temer o esperar en la otra vida; lo más importante para ella no es que todos los ciudadanos profesen la religión verdadera, sino que deben profesar la religión».

— Alexis de Tocqueville

Sigue Russell

Con graves calificativos, Bertrand Russell describe a las religiones —en otra parte de su escrito ¿Por qué no soy cristiano?

Lo escrito por Russell dice así:

«Pienso que todas las grandes religiones del mundo […] son tan falsas como dañinas. Es evidente, como cuestión lógica que, ya que discrepan entre sí, no más que una de ellas puede estar en lo cierto. Con muy pocas excepciones, la religión que acepta un hombre es la de la comunidad en que vive, lo que hace obvio que la influencia del ambiente es lo que lo ha llevado a esa religión».

El párrafo es usado con frecuencia por quienes sostienen puntos de vista similares —y lo usan, obviamente, para apoyar su posición. En lo que sigue examino el significado de esa cita, la que contiene varios elementos para examinar si la influencia religiosa en la conducta humana es buena o no.

¿Todas?

Primero, afirma que «Pienso que todas las grandes religiones del mundo […] son tan falsas como dañinas».

Es una aseveración doble que se refiere a (1) las grandes religiones son engañosas, es decir, no verdaderas; y (2) todas las religiones son nocivas, es decir, tienen efectos negativos.

No necesariamente todas las religiones son falsas —cabe la posibilidad de que una de ellas sea la verdadera, o bien la posibilidad de que algunas de ellas contengan elementos verdaderos.

La afirmación de que todas son falsas es demasiado general, muy poco científica y en exceso amplia. Una mente curiosa y disciplinada no puede negar absolutamente a toda creencia por ser religiosa.


«Desde entonces he llegado a comprender la verdad de todas las religiones del mundo: luchan con el mal dentro de un ser humano (dentro de cada ser humano). Es imposible expulsar el mal del mundo en su totalidad, pero es posible constreñirlo dentro de cada persona.»

Aleksandr I. Solzhenitsyn

¿Nocivas todas?

Dice la cita de Russell que, también, todas las grandes religiones son nocivas. Interpreto esto como el tener efectos dañinos en las personas —como llevarlas a cometer faltas que dañan a otros y a las personas mismas. Esto puede ser puesto en tela de juicio.

Primero, no hay remedio, debe reconocerse que han existido casos numerosos en los que las religiones han producido dolores y males —pero eso no ha sido la regla general, también ha habido numerosos casos en los que las religiones han producido grandes bienes. La realidad es más compleja de lo que afirma esa cita.

Existe otra variable con mayor poder de explicación: no la religión en sí misma, sino la mentalidad de fanatismo negativo.

Esta mentalidad intransigente no solo se da entre personas religiosas, también entre quienes no lo son y en campos de creencias personales —los nihilistas y los anarquistas son ejemplos de eso. K. Marx era un fanático de sus teorías y una persona opuesta a la religión.

El fanatismo real e intransigente es una mejor explicación para los daños que producen las creencias personales —aceptando que en algunas personas ese fanatismo puede tener un origen religioso.

Desacuerdos

Segundo, afirma que «Es evidente, como cuestión lógica que, ya que [las grandes religiones] discrepan entre sí, no más que una de ellas puede estar en lo cierto».

Hay también claridad en esta frase, la que sostiene dos ideas: (1) todas las religiones divergen una de otra, es decir, disienten entre sí; y (2) debido a lo anterior, solo una podría ser la verdadera religión.

¿Difieren? Por supuesto, entre ellas existen diferencias notables —pero al mismo tiempo entre ellas hay grandes coincidencias sobre lo que debe ser el comportamiento humano. La situación, por tanto, es algo más compleja de lo que Russell describe.

Las grandes religiones contienen elementos comunes que son admirables y por supuesto, tienen también diferencias enormes —esto complica la afirmación general de Russell y la hace poco exacta.

Por ejemplo, podría ser que varias de esas religiones contengan elementos comunes y verdaderos, o comunes y falsos. Incluso podría ser que ninguna fuera real y verdadera, negando la afirmación de Russell.

De entre esas religiones, la que se profesa es aquella que la persona piensa que es la real y auténtica —por la razón que sea— y, de allí se deriva un panorama de creencias personales distintas el que no debe confundirse con la realidad.

Si una religión es la verdadera, ella lo es con independencia de lo que cada quien piense.

Selección involuntaria

Tercero, dice que «Con muy pocas excepciones, la religión que acepta un hombre es la de la comunidad en que vive, lo que hace obvio que la influencia del ambiente es lo que lo ha llevado a esa religión».

La idea es clara: la regla general que determina la religión que una persona profesa es la que domina en la sociedad en la que se vive. Y, por eso, la influencia religiosa que se tiene no es totalmente libre en la conducta personal.

La afirmación tiene un elemento positivo al reconocer la influencia que tiene el medio en el que se nace y la religión que se profesa —es imposible negar eso.

Mi tesis, sin embargo, es que el medio ambiente no es la única variable de influencia, lo que puede probarse con facilidad enorme: si el medio ambiente en el que se nace fuese la única variable que dicta a la religión profesada, no existiría ninguna de las grandes religiones, se seguiría teniendo las religiones locales nacidas en la prehistoria.

Quiero decir, como antes, que hay más complejidad en la realidad de la que percibe Russell. El Cristianismo no podría haberse propagado, como tampoco el Budismo, ni el Islamismo, ni el resto.

Hay en las religiones una variable adicional de conversión, algunas veces de gran envergadura —como sucedió, por ejemplo, con el Protestantismo. Las misiones cristianas en China, por ejemplo, muestran la existencia de otras variables.


«Los hombres están calificados para la libertad civil en proporción exacta a su disposición a poner cadenas morales a sus propios apetitos … en la medida en que estén más dispuestos a escuchar los consejos de los sabios y buenos, en lugar de la lisonja de los bribones».

— Edmund Burke

Conclusión

Al explorar lo anterior, he querido mostrar que esa cita tan usada de B. Russell por parte de quienes atacan a las religiones aprovechando las cualidades de un gran filósofo, no consideran que en la realidad hay más complejidad que la que aparece en esa cita.

Pero el punto central es sostener que la influencia religiosa en la conducta humana es un factor inevitable. Las ideas religiosas son una parte del proceso de decisión de las personas.

Hasta aquí, no hay problema, supongo. La controversia está en si esa influencia religiosa es buena para la conducta humana, o lo contrario.

  • Si es buena, entonces anular a la religión sería una acción que llevaría a una sociedad de más actos reprobables.
  • Si es mala, entonces anular a la religión llevaría a una sociedad con menos actor indebidos.

Será lógico, por tanto, concluir que si la influencia religiosa viene de una religión que reprueba actos reprobables y aprueba acciones buenas, esa influencia será bienvenida. Este es mi punto exactamente.

Sin embargo, hay un descubrimiento adicional. La influencia religiosa será negativa en el caso de religiones que lleguen incluso a exaltar acciones criminales y reprobar actos deseables.

Quizá el problema pueda ser solucionado considerando a la regla de oro. Cuando una religión la siga, su influencia será positiva, y viceversa.


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[Actualización última: 2021-11]