Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Proteccionismo y Libertad
Eduardo García Gaspar
31 agosto 2005
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Si se simplifican las cosas un poco, es posible entender a las posiciones políticas en dos extremos más o menos claros: el del intervencionismo gubernamental y el de la libertad de iniciativa. Y uno de los casos en los que esto es fácil de ver, es el del comercio internacional.

Hay allí dos posiciones, la de la libertad y la del intervencionismo.

En otras palabras, hay opiniones que sostienen que lo mejor que puede hacerse es cerrar las puertas a los bienes importados y las hay que sostienen lo contrario. Los que quieren evitar el comercio entre naciones suelen ser llamados proteccionistas y sus argumentos están basados en eso, en el abrigo que desean dar a las industrias de un país.

No quieren que ellas compitan con las extranjeras y por eso quitan la competencia que viene del exterior. Uno de los casos recientes más sonados fue el de las tarifas impuestas a acero extranjero por parte de la administración del presidente Bush.

El objetivo era proteger a la industria de ese país y lo logró sin duda. Se ha reportado que unos 5 mil puestos de trabajo fueron salvados gracias a esa medida. Pero también ha sido reportado que se perdieron unos 26 mil trabajos en industrias que usan el acero. Es éste un buen ejemplo de la teoría de las consecuencias no intencionales.

México fue otro caso ilustrativo. Desde los años 50 hasta el inicio de los 80, el gobierno aplicó una política proteccionista que evitó importaciones con la idea de industrializar al país. No suena mal en papel, pero tuvo efectos no intencionales: productos de baja calidad a precios elevados, descuido del campo, carencia de divisas, desperdicio de recursos…

A lo que voy es a señalar una realidad. Las opiniones intervencionistas que piden la protección de las industrias nacionales tienen una buena historia que contar. Una historia creíble y dulce, pero mentirosa. Mentirosa porque cuenta un lado de la historia solamente y oculta la información que no le conviene.

No habla de productos más caros que lastiman el bienestar, ni de desperdicio de recursos nacionales. Y, desde luego, para el ingenuo resulta un cuento creíble y hasta lógico.

La verdad es que los argumentos en favor del comercio libre internacional son mucho más convincentes y razonables, pero no son tan dulces como las mentiras del proteccionismo. Por eso hay opiniones de personas con buena voluntad que piden cerrar fronteras para “salvar” empleos, sin darse cuenta que los destruyen por otro lado. Lo que sucede a continuación es terrible.

El político en busca de popularidad y votos capitaliza esa ingenuidad de muchos y crea plataformas políticas que llaman al cierre de fronteras y a la imposición de impuestos de importación. Es decir, el político literalmente aprovecha una creencia falsa y la capitaliza en su beneficio. Logra votos gracias a creencias equivocadas que producirán a la larga más pobreza. El asunto es grave.

No es una cuestión de conocimiento, pues sabemos que los mercados libres funcionan mejor que los mercados regulados por el gobierno. No están libres de defectos, pero son mucho mejores que las políticas intervencionistas.

Pero sí es una cuestión de percepciones o de creencias que son falsas y que son más difíciles de corregir. Es mucho más sencillo entender la idea de proteger industrias que la de abrir mercados para lograr prosperidad.

Es una realidad que los problemas de la pobreza, como lo demuestra este caso, no son cuestiones de economía. Sabemos lo suficiente de cómo lograr prosperidad como para indicarnos con muy escasas dudas que debemos irnos del lado de la libertad económica. Los argumentos en favor de eso son abrumadores.

Lo que detiene hacerlo es una serie de condiciones políticas: las opiniones que piden la intervención gubernamental más allá de lo debido.

Y para dejar claras las cosas: lo que impide la prosperidad es la serie de opiniones socialistas de gobernantes y partidos políticos, de intelectuales y de ciudadanos que están influidos por ideas falsas difundidas por esos gobernantes e intelectuales. Sí, la causa de la pobreza es el socialismo en sus diferentes modalidades y variantes.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




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