Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Realidad y Terquedad
Eduardo García Gaspar
26 agosto 2005
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quizá sea la pasión de nuestros intelectuales y gobernantes para tomarla contra los EEUU y desechar todo lo que de allí venga. Quizá sea su delirio por la mentalidad europea. O simplemente, tal vez, una cuestión de ignorancia y ceguera.

Pero el caso es que en nuestra región Latinoamericana estamos mucho más inclinados hacia lo que hacen en Europa que a lo de otras partes.

El resultado es previsible: no saldremos de pobres. La realidad es innegable. Europa está en anemia económica. Francia, por ejemplo, tiene 10 por ciento de desempleo y eso se ha mantenido durante una década. Alemania anda algo por arriba de eso. Los EEUU como a la mitad… y creciendo los dos últimos años al 3.7 contra 1.5 de la UE.

Son cifras reveladoras y si siguen, en menos de medio siglo EEUU tendrá el doble de ingreso per cápita que los europeos.

A América Latina le sucede lo mismo, pero con una desventaja, no parte de la base de prosperidad que la UE ha logrado desde el siglo 19. Las razones de la brecha en el desempeño económico son bastante visibles y señalan que donde la intervención estatal pasa de cierto límite y comienza a ser distribuidor de limosnas, la caída económica es inevitable.

Subsidios, pensiones irreales, ayudas populistas, protección laboral exagerada, conquistas laborales… todo esto lastima las probabilidades de prosperidad.

Eso se sabe y es ampliamente conocido. Cualquiera que tenga deseos de saberlo lo puede leer en miles de textos y estudios. El intervencionismo estatal en la economía y el estado benefactor son sistemas que no dan resultados y, sin embargo, existen personas e instituciones que reclaman su establecimiento.

Hay políticos en los EEUU que desean adoptar el modelo europeo y muchos en América Latina tienen iguales intenciones. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué quieren adoptarse políticas económicas que no funcionan?

Un ejemplo bastará para arrojar alguna luz al respecto, el de una persona con la que conversé y que se mostró como un arduo defensor de la política del gobierno interventor que planea la economía y reparte sus beneficios “con criterio social”, para usar sus palabras.

Las ideas de esta persona no tienen desperdicio. Me dijo que los empresarios no deben decidir precios ni qué producir, que eso debe hacerse centralmente, con la autoridad decidiendo todo a nivel nacional y, desde luego, estableciendo cuotas de importación para proteger a la industria nacional.

El cúmulo de evidencia para demostrar que eso no funciona le importó un comino cuando se lo mencioné con un ejemplo muy sencillo: de acuerdo con él Cuba sería una potencia económica mayor que Irlanda y, además, Francia crecería a tasas mayores que EEUU.

Sin conceder nada, entonces alegó que se trata de una cuestión social y de justicia, de atención a los necesitados y de caridad con el prójimo. Su respuesta era la obvia, la usada y abusada por el que pierde la discusión de las evidencias y pruebas.

Porque, al final, la motivación central es lograr prosperidad y eso es lo mejor que podemos hacer para ayudar a los pobres. Si usted quiere ayudar a los pobres, ¿qué medidas económicas adoptará? ¿las que logran mayores tasas de crecimiento o las que logran menores tasas? La respuesta es bastante obvia.

Mi argumento, desde luego, no convenció a esta persona. Siguió pensando como antes y eso me manda al punto principal de esta columna: la idea de que es la terquedad mental la que aún insiste en seguir las políticas que no funcionan.

Ya no es un problema de discusión disciplinada al estilo científico donde se presentan pruebas y se busca la verdad o lo más cercano a ella. Contra la tozudez no encuentro remedios efectivos.

Es tremendamente difícil argumentar sanamente contra el el empecinamiento mental. Todo lo que puedo señalar es la realidad: una serie de personas e instituciones que mantienen tercamente ideas que producen pobreza.

Allí los tiene usted fácilmente identificables, son los que proponen el estado benefactor, el intervencionismo estatal y que piensan que las buenas intenciones lo son todo. Las buenas intenciones no son suficientes si ellas van en contra de lo que la realidad muestra con evidencias tangibles.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Realidad y Terquedad”
  1. Eso de la Terquedad | Contrapeso




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