Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Hipótesis de Pinkerton
Leonardo Girondella Mora
12 octubre 2006
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, SALUD, Sección: Asuntos
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Curiosa es la hipótesis que James Pinkerton expuso en una columna el 18 de agosto pasado, poco después de la conferencia sobre SIDA en Toronto —una hipótesis de efecto búmerang para los activistas de esa enfermedad.

La columna tiene la estructura básica siguiente —primero examina tres hechos reales acerca del tema en los últimos 25 años.

• El SIDA se ha elevado notablemente —hay 28 millones de muertes por esa causa y 43 millones con HIV positivo. No son números para ser ignorados.

• El gasto en SIDA también se ha elevado notablemente —no se citan cifras, pero se habla de miles de millones de dólares, incluyendo a reuniones como ésa.

• El mundo se ha ido a la derecha política, dice Pinkerton —ejemplos de eso son los EEUU con Bush, Canadá con Harper (quien no fue a la conferencia), Australia con Howard, o bien personajes que al menos no son del tipo progresista, como Blair en Gran Bretaña. Tampoco, dice, pueden ser progresistas los líderes de China e India, ni los de países musulmanes. En esencia lo que trata de demostrar es la popularidad de la mentalidad más bien conservadora en el mundo.

Con esos tres elementos, el columnista plantea una posibilidad curiosa —¿son elementos separados o están relacionados? ¿podría ser que la creciente mentalidad conservadora se haya elevado por causa del activismo del SIDA?

La reacción inicial ante esta hipótesis es la extrañeza al menos —hasta que entendí el mecanismo causal que el autor pone a consideración: los activistas en pro del combate al SIDA usan argumentos que ocasionan una reacción opuesta a la buscada, elevando la reacción conservadora. La argumentación del autor ofrece algunas muestras de razonamiento:

Uno. La promoción abierta del homosexualismo que llegó a pedir la legalización de matrimonios de personas del mismo sexo se ha encontrado con obstáculos serios, producto de mentes conservadoras. El efecto puede ser más grande de lo esperado, especialmente con las consistentes victorias de conservadores en varios países y las consideraciones morales en las elecciones.

Pinkerton dice que hay otras variables, pero que consideraciones de este tipo han pesado en las decisiones de los ciudadanos de varios países —recuerdo la reacción en España en contra de Rodríguez Zapatero.

La pregunta queda para ser investigada: ¿las propuestas progresistas de moral relajada crean apoyos a políticos conservadores? Creo que sí, pero no sé en qué monto variable por país. En México, las elecciones trataron el tema con pinzas y los conocidos defensores del progresismo moral no lo trataron abiertamente, como el PRD que apenas lo sugiere en su plataforma.

Dos. Pinkerton ofrece comentarios de activistas progresistas, asistentes a la conferencia: “es como las marchas de los 60”, “el Hinduismo es una religión sucia que debe confrontarse”. Uno de los asistentes, Bill Gates, fue abucheado cuando habló de la abstinencia como práctica preventiva. Hubo los tradicionales ataques a los conservadores, como Harper y Bush —a pesar de los 15 mil millones de dólares del presupuesto de EEUU a esa causa.

Lo que se trata de mostrar, creo, es la mentalidad progresista que domina a esos activistas —ya no es una cuestión de encontrar soluciones a una enfermedad, sino una agenda más amplia, que incluye política diferente, cambios morales, transformaciones religiosas, cambios económicos.

Y eso es una lástima porque el SIDA no es una cuestión de moral relajada y progresista, sino un asunto de grandes consecuencias especialmente en los países menos desarrollados. Dice el autor que “la cara del SIDA ha cambiado, de un homosexual blanco a un hombre negro y una mujer morena” —el 60% de los casos de HIV en el mundo son femeninos y los homosexuales representan el 5%.

La hipótesis de Pinkerton es ahora más clara: los activistas del SIDA tienen una agenda de cambios mundiales que son un ataque al conservadurismo de muchos países —es una agenda político-sexual que choca directamente contra creencias de muchos en muchas partes. Un ejemplo llama la atención.

Peter Plot, cabeza de UNAIDS, pidió entre aplausos inversiones en la prevención y cambio social —igualdad de sexos, aceptación del homosexualismo. Éste es precisamente el punto focal de Pinkerton a mi entender: la conversión del activismo en contra del SIDA en un activismo social de cambio total. Es la agenda progresista que pide al mundo aceptar la nueva ética activista y abandonar sus creencias tradicionales.

Y contra ese reclamo de sustitución de moral es que ahora puede entenderse la conexión que Pinkerton hizo en un principio: los políticos progresistas que hacen suya esa agenda pueden estar causando una reacción opuesta, la de llevar al poder a gobernantes conservadores. Si la nueva agenda activista y su moral van con contra de principios arraigados y sólidos, la hipótesis de Pinkerton ya no suena tan extraña como al principio —y provoca una prognosis: a más activismo progresista más conservadurismo.

ADDENDUM

Ignoro las reacciones de la población mexicana en esta agenda de una nueva moral progresista opuesta al conservadurismo —pero puedo señalar dos de ellas más o menos previsibles. Una es la fuerte oposición de los sectores fácilmente clasificables como conservadores. La otra es más sutil y creo que se debe a una naturaleza compleja del “conservadurismo” mexicano.

Si bien casi el 90% de la población es clasificada como católica en el censo y su proporción ha disminuido muy poco, mi opinión es que la religión practicada es mucho menor a ese número y que ella es acomodada por los mexicanos a su entender personal de maneras flexibles en extremo —con una educación laica obligatoria de décadas, el sentimiento religioso es muy débil en este país, lo que unido a enormes índices de corrupción, hacen entender a esta población como una con escasas y relajadas reglas morales que mayoritariamente aceptaría la moral progresista mencionada antes, basada en la simplista idea de que “si a mí no me afecta en lo personal y de inmediato, que los otros hagan lo que quieran”.


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