Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Gobierno a Estado
Eduardo García Gaspar
6 junio 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Le tengo una buena noticia. Si usted es fumador de una cajetilla diaria, usted es una buena persona pues da unos 200 pesos al año a obras de caridad, concretamente al Fondo de Gastos Catastróficos del Seguro Popular.

La mala noticia es que ese donativo es forzoso y peor aún, la autoridad desea que usted dé más dinero. La cuestión está así.

Según reportó El Universal “El secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos… promoverá que se eleve el impuesto al precio de las cajetillas de cigarros”. Este secretario además “anunció que impulsará varias medidas para combatir el tabaquismo como promover un impuesto global elevado al precio de las cajetillas de cigarros para hacerlas menos accesibles a los jóvenes”.

Lo recolectado se usará en hospitales y tratamientos médicos, lo que me hace suponer que la autoridad piensa que si la gente fuma, eso es bueno y le conviene para hacerse de más dinero y gastar más para hacernos felices gastado ellos dinero nuestro.

Y la autoridad se comportará con dureza tratando a las tabacaleras. Todo por nuestro bien. No permitirá fumar en lugares públicos y eso es bueno porque quien se encuentre en ellos podrá morir muy sano con las balas de las bandas criminales.

Total que tenemos al gobierno comportándose como Estado, es decir, tratando de hacernos felices usando el dinero que nosotros producimos. Y por eso deciden hacer lo único que saben, crear y elevar impuestos. Van a elevar aún más el impuesto de los cigarros. Hacen lo mismo con las bebidas alcohólicas. Y a las drogas las prohiben.

El asunto no deja de tener su gracia. Todo indica que elevar el precio de bienes con demanda inelástica produce mercados negros, como el de las drogas. Pero no importa. La lección no la aprenden. Los gobernantes son como alumnos que reprueban materias una y otra vez.

Y siempre tienen la misma venta: quieren tener más dinero para gastarlo en nosotros. Sería mejor que nosotros gastásemos nuestro propio dinero como queramos. Y lo peor: convencen a muchos.

En cuanto a los impuestos al tabaco y el alcohol, ellos se llaman en inglés sin taxes, es decir, impuestos al pecado y son aplicados a lo que suele verse como conductas excesivas. Beber se percibe como negativo y entonces el Estado que le hace al moralista le pone un impuesto especial que todos aprueban, pero que a todos quita dinero, hasta al que no bebe.

Y no importa que la mayoría de los bebedores sean consumidores responsables, el impuesto lo pagan todos.

El tabaco también. El Estado nos quiere proteger del tabaco y crea impuestos para evitar su venta, lo que acarrea el aplauso de los ingenuos y termina retirando dinero de la sociedad. Porque el fumador hubiera gastado el monto de esos impuestos de otra manera, comprando bienes a fumadores y no fumadores. Un gobierno no pondría un impuesto así. Para un Estado es la razón de su existencia.

Piense usted ahora en una posibilidad. Si el Estado quiere en verdad que dejemos de fumar, que prohiba los cigarros, igual que hace con las drogas. Si quiere que dejemos de beber, que prohiba las bebidas alcohólicas. Al menos así, tendríamos más dinero para gastarlo como quisiéramos y no como quiere el gobierno. Claro que con esas prohibiciones sucedería lo que todos podemos prever.

Hace unos setenta años o algo así, Jay A. Nock tuvo una idea notable. Si usted hace una encuesta de las personas en las que confía, de seguro en los últimos lugares aparecerían los políticos. Todos tenemos una mala imagen de ellos.

Y hay números para demostrarlo. Sin embargo, al mismo tiempo, en cuanto se presenta un problema, el que sea, los mismos ciudadanos que dijeron no confiar en los gobernantes reclaman que ellos se encarguen de la solución.

Es decir, los ciudadanos hacen algo que es de locos: quieren poner en las manos que ellos saben que son las menos capaces la solución de los mayores problemas que tienen. Para los políticos, esa es la mejor noticia que pueden tener: van a tener dinero cobrado por la fuerza y no se espera mucho de ellos.

Y es así, por tanto, que toman a los problemas más fáciles para solucionarlos a su estilo: cobrando impuestos, emitiendo leyes y más leyes.

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