Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Arte de Generalizar
Eduardo García Gaspar
21 febrero 2007
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todo empezó con quienes han ido a Las Vegas y regresan diciendo que ganaron dinero jugando. Si lo que dicen es cierto, entonces los casinos de esa ciudad son una institución de caridad que se dedica a regalar dinero a quienes la visitan.

El razonamiento va así: casi todos regresan diciendo que ganaron, lo que generalizando debe ser cierto para el resto de los visitantes, por lo tanto los casinos pierden dinero.

Así es como se usa el arte de generalizar: proyectando una situación al máximo para ver si ella resulta lógica. Tome usted, por ejemplo, una medida del gobierno de la capital mexicana, por la que se han expropiado cinco mil metros cuadrados de viviendas en un barrio popular arguyendo que así se combate el narcotráfico y al piratería.

Si por medio de expropiaciones se combatiera con éxito el crimen, éste ya no existiría en parte alguna y todas las propiedades inmobiliarias serían de los gobiernos.

Puede así verse que la medida de ese gobierno es tonta, al menos para lograr el objetivo que busca. O, por igual, tome usted el caso que ya he mencionado en otras columnas, el de los monopolios estatales mexicanos: si ellos son la mejor forma de manejar a la economía, entonces también deberían ser empresas estatales el resto de las compañías y el país sería de inmediato uno más avanzado que Suiza.

Generalizando la situación la hemos llevado a su absurdo demostrando que es ilógica. Lo mismo puede hacerse con otra de las cosas que suelen proponerse con frecuencia, la elevación del gasto gubernamental para aumentar el bienestar.

Si eso es cierto, entonces a más gasto de gobierno mayor bienestar y por tanto conviene que todos demos nuestro dinero al gobierno para que él lo gaste y mejoremos aún más. Una tasas de 100% en impuestos sería la mejor de todas y el país que lo aplique logrará de inmediato el desarrollo.

Una de las campañas de publicidad del gobierno mexicano (tiene tantas que no sé de qué institución es) contiene una parte en la que alguien con voz de niño dice “tengo derecho a ser escuchado”.

Si eso fuera cierto y aplicable a todos, entonces el país se vendría abajo, porque cualquiera podría detenerle a usted en la calle para hablarle de lo que esa persona quisiera y en caso de no hacerle caso, usted sería llevado a la cárcel. Y es que simplemente no existe ese derecho a ser escuchado. Nadie puede obligarme a escuchar a nadie si yo no quiero.

Otra de esas campañas publicitarias que son una pérdida de dinero y tiempo dice que gracias a la emisión de leyes que castigan más severamente la violencia familiar ya no habrá más mujeres golpeadas.

Si eso fuera cierto, entonces tampoco existiría el narcotráfico por el simple hecho de tener leyes con fuertes castigos en su contra. Y si hubiera leyes severas contra el robo, por el sólo tenerlas dejaría de sufrirse ese delito. La realidad es que se necesita más que tener leyes para detener en algún monto esos actos.

Un caso clásico es el de los salarios mínimos que pretenden ayudar a las personas a tener un estándar aceptable de vida. Si en verdad funcionan, entonces todo lo que se requeriría es que la autoridad elevara los salarios mínimos a, por ejemplo, veinte mil pesos al mes para que todos los mexicanos vivieran mejor y asunto arreglado, la pobreza se habría terminado.

Generalizando la idea original entonces es posible ver lo falsa que es. Convirtiéndola en un principio general puede examinarse su veracidad. De allí que puede concluirse con relativa certeza que quienes regresan de Las Vegas diciendo que han ganado pueden estar mintiendo en buena proporción. Todo, porque en Las Vegas los casinos buscan utilidades y eso significa que la mayoría de las personas perderán al jugar.

Lo he llamado el arte de generalizar, pero tiene un nombre más elegante. En latín se llama reductio ad absurdum y consiste en refutar una idea por causa de las consecuencias insostenibles que ella contiene. Es una poderosa forma de rebatir ideas, ampliando su aplicación y examinando las consecuencias.

Pero aún así, no hay que hacerse ilusiones. Por ilógico que sea pensar en, por ejemplo, elevaciones de salarios mínimos habrá quienes los pidan. Y habrá quien insista en lo bueno de que Pemex sea propiedad estatal. Podemos razonar con lógica, pero no necesariamente significa que actuemos de igual forma.

POST SCRIPTUM

• Un empleo del reductio ad absurdum se da en la negación del relativismo moral. Por ejemplo, un profesor afirma a sus alumnos que deben ser objeto de respeto todas las creencias sostenidas por todas las personas porque todas son legítimas y válidas. Ante esta situación, uno de los alumnos puede responder de la manera siguiente y ganar la argumentación:

— Por mi parte, sostengo que no todas las creencias de las personas son de igual validez.

— Es decir, sostengo una creencia que es opuesta a la suya.

— De acuerdo a su forma de razonar, mi creencia es igual de válida que la que usted sostiene.

— Pero es posible ver con claridad que su opinión hace imposible a la mía porque la contradice totalmente.

— Por lo tanto, su opinión es absurda ya que se niega a sí misma al afirmar lo que no puede hacer. Está negando que pueda tener validez una creencia contraria a la suya.

• Hace poco, una periodista de radio y de televisión, Adela Micha, hizo comentarios personales acerca de una exposición sobre sexo y habló elogiosamente de la industria de las películas pornográficas. Su argumentación en defensa de sus comentarios se basó en el argumento de que es bueno que se rompan tabúes.

Si el principio de romper tabúes es bueno, entonces debe ser aplicable a todo y por eso sería aconsejable permitir otras acciones como la pederastia, el casamiento con parientes cercanos, el canibalismo y todo aquello que sea considerado tabú. Su error de razonamiento es patente: romper tabúes no es un principio lógico de acción o justificación.

• Puede pensarse en otro caso como éste. De nuevo el profesor afirma que todas las personas tienen creencias que son de validez igual y que por ello deben ser dignas, todas, del mayor respeto. Entonces el alumno puede responder con la secuencia siguiente:

— Usted afirma que todas las creencias tienen igual validez.

— De allí se sigue que las creencias de Juan son de igual validez que las creencias de Pedro.

— Por lo tanto, la creencia de Juan es válida. Él cree que mezclando tierra con leche puede obtenerse oro.

— Usted acepta como válidas todas las creencias y por eso acepta la de Juan.

— Entonces usted acepta como válidas algunas creencias que pueden ser negadas.

— Y al ser posibles de negar, entonces no todas tienen la misma validez que usted sostiene.


ContraPeso.info es un servicio con antecedentes desde 1995, que funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras