Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Enamoramientos
Eduardo García Gaspar
18 mayo 2007
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Si usted me dice que la historia no tiene nada de original, tendré que decir que sí. Le expongo un caso que me pareció, a pesar de eso, por demás digno de ver de cerca.

Es la historia de una persona a la que conozco: muchos años hace que él estaba enamorado de una mujer que no le hacía mucho caso, pero la gran insistencia de la persona terminó en un matrimonio que años después acabó porque él tenía una amante de la que sí estaba enamorado, ya no de su esposa.

Muy bien, ésa es la historia y si nos fijamos bien podemos ver en ella dos enamoramientos del marido. Uno con la esposa y que llegó a la terquedad en sus inicios. Y el otro, con la amante. Son enamoramientos, una especie de acciones muy emocionales que se tienen sin elementos voluntarios, quizá similares a las compras de impulso, aunque desde luego mayores.

No son las “compras” racionales que se hacen pensando. Es decir, quisiera distinguir, como lo ha hecho C.S. Lewis, dos cosas muy distintas: el enamoramiento y el amor. El enamoramiento es emocional, pasional, intempestivo, efímero, impensado e involuntario. Y eso es lo opuesto al amor, que es intencional, voluntario, constante, consciente. Uno es una pasión difícil de controlar, el otro es un acto voluntario.

Esa diferenciación ayuda a entender lo que le sucedió a esa persona y a otras: ganó la pasión sobre la razón, el instinto sobre la voluntad. En otras palabras, hay un elemento de separación que distingue entre la acción intencional y la súbita pasional. Eso nos ayuda, supongo, a comprender el fenómeno estableciendo que no es posible estar enamorado todo el tiempo, pero que sí es posible amar todo el tiempo.

Si el enamoramiento es pasional, súbito e involuntario, quien se guía por este sentimiento no puede durar enamorado de alguien mucho tiempo. La razón es sencilla: la persona no está a cargo de sus acciones. No es un tipo libre que decide. Simplemente se deja llevar por sus propensiones, no muy diferente a quien come de más. En el colmo de este extremo está el síndrome de Don Juan, yendo enamorado de una mujer a otra. O el más extremo aún, el de sexoadicto.

El amor, por otro lado, es una acción voluntaria y por eso mismo puede tener duración indefinida. Es la persona la que decide libremente el acto de amar sin depender de emociones efímeras. La diferencia es abrumadora y tiene el poder de explicar lo que le aconteció a la persona de la historia: si dejó de estar enamorado estaba dejándose llevar por las pasiones y si dejó de amar cometió una acción intencional y libre.

Esto es lo que nos lleva a otras consideraciones al respecto del matrimonio. Un tipo de separación podría ser la ocasionada por las pasiones. Uno de los esposos, o los dos, se han enamorado de alguien diferente y abandonan el matrimonio. Sucede esto por personas que, insisto, obedecen a sus instintos, una especie de esclavos de sus inclinaciones. Contra esto sólo puede argumentarse el uso de la razón.

El otro es la separación que obedece a una decisión personal consciente y libre y que antes de realizar merece reflexión y encontrar una causa justificada y poco común. Contra esto, lo mismo, la razón es la solución encontrando una justificación fuerte y sólida, no pretextos.

El tema es importante porque trata de la familia, una institución social que tiene razón de ser: no sólo es parte de la sociabilidad natural sino la manera de desarrollar a los hijos. Somos la especie que más tarda en desarrollar a sus crías para enfrentar al mundo y la fragmentación del matrimonio tiene un efecto negativo en los hijos. Más tarde, ya sin hijos en casa, los matrimonios sirven de acompañamiento mutuo, una función natural que es amor también.

Al final aclaro que doy una mala impresión si puse al enamoramiento como algo negativo. No creo que lo sea, al contrario. Es como el arranque de lo que después se convierte en amor constante y voluntario, pero no puede durar por siempre. El amor es más constante, confiable, duradero. Es menos pasional e instintivo.

Supongo que sea una cuestión de madurez y conciencia: formar una familia es un asunto realmente serio y de largo plazo. No puede equivaler al gusto de compartir una cama. Ni puede alterarse por encontrar a alguien que intranquilice la hormonas.


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