Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Exaltación de la Basura
Eduardo García Gaspar
9 marzo 2007
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El comentario de un amigo me había recordado una película de 2004. Una en la que los protagonistas dejan ver sus bajezas: infidelidades, complejos, vacíos humanos. Ahora este amigo me hablaba de una obra similar: una de teatro en la que salían a la superficie abusos sexuales del padre y otras vilezas. Lo curioso de ambas es que habían sido elogiadas como “exploraciones de las complejidades humanas”.

Pensando sobre eso, tuve la fortuna de encontrar al Sentido Común. Usted sabe, ese hombre vestido de gris, con camisa muy blanca y brillantes zapatos negros. Cruzamos una mirada y me invitó a su mesa. Pedimos una cerveza y compartí con él lo que pensaba sobre esas obras. Le pedí que me hablara de eso.

— Tiene usted un buen punto, cosa rara dada su obtusa mente —me dijo—, pero no importa. Hay veces que me da la impresión que estos tiempos son los de un extraño regodeo en las más bajas pasiones. Cuanto más bajas mejor. Es como una adicción por lo vil y abyecto que puede haber en el ser humano. Puede ser que venga desde Freud y su apetito por lo bajo.

Concordé con él, le pedí que no me llamara obtuso y le cité casos de personas que conozco y que ante tales obras habían mencionado palabras elogiosas. Un caso en particular, el del Picasso en algunas de sus últimas obras exhibidas en su museo en Barcelona, las que muestran genitales una y otra vez. La gente hablaba de arte y comunicación del artista.

— Sí, yo también lo he escuchado —dijo—, pero insisto. Estos son tiempos de festejo de lo abyecto y degradado. Hubo otros que no fueron así. Tome usted las obras de Shakespeare y las del teatro español clásico. Son bellas, atrevidas, graciosas, profundas y todo sin recurrir a los instintos bajos. Había en ellas un deseo de tratar a la naturaleza humana al mismo tiempo que verla con optimismo.

Comenté que, entonces, nuestra época era una de pesimismo. Encendimos ambos un cigarro y pedimos otra cerveza al muy servicial mesero. Continué con mis reflexiones y pregunté qué era lo que había pasado, cómo es que se perdió el optimismo de otros tiempos. Tomó un poco de tiempo su respuesta.

— Sí, se ha perdido el optimismo. Quizá sea un fenómeno del siglo 20 y de sus pensadores exaltando la desesperación y el sin sentido. Quizá se debe a un factor: el abandono de la idea de buscar la verdad y declarar como consecuencia que todo es legítimo. Cuando todo trabaja bajo el principio de tolerar lo que sea, no sorprende que las más bajas pasiones sean consideradas como expresiones artísticas de lo que el artista quiere decirnos. Ese artista dejó de tener ideales, piensa que todo es admisible y para probarlo baja a niveles impensables antes.

Lo miré con sorpresa y le dije que según lo que él decía, la tolerancia era un error, que su adoración actual era equivocada. Porque, de entra todas las cosas que existen en la actualidad, quizá nada es tan exaltado y valorado como la tolerancia.

— Usted lo ha dicho. La tolerancia elevada así es un error de nuestros tiempos. No digo que debamos ser intolerantes, pero sí que debemos ser prudentes, que es algo mucho mejor. Tolerar en su acepción actual nos obliga a decir que algunos trabajo de artistas son arte, cuando no lo son porque en ellos no hay belleza. Ser tolerante en extremo significa dar cabida a la fealdad y a la mentira como iguales de la belleza y de la verdad.

Y siguió hablando: mencionó una idea curiosa, la de la comparación entre Disney y Picasso, en la que la obra del primero resulta más bella y trascedente que la del segundo. Y también otra idea: es mucho más sencillo y simple sucumbir a lo bajo que elevarse a lo ideal. Le pregunté cómo resumiría todo esto.

— Quizá sea una cuestión de actitudes. Es más común el pesimismo en la actualidad que el optimismo. Muchas obras actuales son tristes. Están disfrazadas de estudios psicológicos de la naturaleza humana, pero son parciales. Se han olvidado de que las personas ríen, se burlan de ellas mismas y tienen ambiciones. Es una pérdida del sentido de superación humana. Se necesita más Calderón de la Barca y Shakespeare, y menos Freud y Comte.

Al decir esto último ya estaba levantado y se disponía a ir. Yo había tomado notas de la conversación y me despedí de él. Lo agradecí sus ideas y él me agradeció que me hiciera cargo de su cuenta. Lo de siempre.

POST SCRIPTUM

• La idea de comparar a Picasso con Disney está en Johnson, Paul (2006). Creators: From Chaucer And Dürer To Picasso And Disney. New York. HarperCollins Publishers. 0060191430, lo mismo que la idea de señalar el deseo de elevar al público en las obras de Shakespeare.


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No hay comentarios en “Exaltación de la Basura”
  1. María Elena Rodríguez, México Dijo:

    García Márquez dijo ayer en tono de broma a algunos reporteros en la Cd. de México, que está “cansado de ser amable”, que ya no puede “mentarle la madre a nadie”. Yo creo que lo hizo con su último libro: “Mis Putas Tristes”, alabado hasta el hartazgo en España. Creo que nos equivocamos cuando asociamos automáticamente a los famosos con los dignos de ser imitados (y comprados). Comprar contenidos basura, ya sea por la TV, radio, cine, literatura, internet, música, etc., es comprar mentadas de madre.





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