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Madres, Tierra
Selección de ContraPeso.info
7 junio 2007
Sección: ECOLOGIA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Kevin E. Schmiesing, Research Fellow del Acton Institute al que agradecemos el gentil permiso de traducción y reproducción. El tema tratado por el autor es la relación entre la maternidad y el medio ambiente, estableciendo dos visiones muy distintas.

“Madre tierra”. El nombre popular dado a nuestro planeta es atractivo porque percibimos que el aire, el suelo y el agua exhiben muchas de las características que asociamos con la maternidad: fertilidad, crianza, vida.

No obstante esa asociación semántica, parece existir alguna tensión en estos días entre mucho del movimiento ambiental y la real maternidad humana. Más exactamente, se denuncia que los hijos son el problema, lo que necesariamente llega también hasta la maternidad.

El tema central es el entendimiento básico del mandato ambiental y del papel de los humanos en él. El traslape entre grandes segmentos del ambientalismo radical y el cabildeo para el control poblacional ha sido de mucho tiempo y es muy conocido. Lo que sorprende, sin embargo, es la consistencia de ese traslape ante la dramática nueva situación de la demografía mundial.

Incluso, ante el creciente número de naciones que se añaden a la lista de las que enfrentan crisis de población —del tipo bajo más que del tipo sobre— algunos ambientalistas mantienen su insistencia al sostener aún que los logros del control poblacional no han sido suficientes.

Un nuevo reporte de la organización británica Optimum Population Trust (OPT), señala las consecuencias ambientales de la fecundidad y llama a los padres a procrear con responsabilidad. “El efecto en el planeta de tener un hijo menos es de un orden de magnitud mayor que que el de todas esas cosas que podemos hacer, como apagar las luces”, dice John Guillebaud de OPT, profesor emérito de planeación familiar en la University College London.

Paul Watson, presidente y fundador de la Sea Shepherd Conservation Society, hace un llamado para una masiva disminución de la población mundial a mil millones, con ninguna ciudad pasando de los 20,000 residentes. “Necesitamos vastas áreas del planeta donde los humanos no viven y donde otras especie sean libres para evolucionar sin la interferencia humana”, ha afirmado.

Para estas personas, es claro, que las madres son el enemigo.

Pueden ser estos ejemplos extremos, pero están muy difundidas ideas similares. El razonamiento simple manifestado en esos reclamos ignora totalmente el impacto positivo que los seres humanos pueden tener y en realidad ejercen. Se presupone que los hijos adicionales devorarán un cierto monto de recursos, pero se deja de tomar en cuenta que su ingenio puede contribuir a crear tecnologías que reduzcan la “carbon footprint” de todos.

Quienes igualan al crecimiento de la población con el empeoramiento de las condiciones ambientales, no pueden responder ante la ampliamente reconocida mejora de la calidad del aire, bosques y otras medidas ambientales observables en la mayoría de las naciones desarrolladas en el siglo pasado.

En verdad, la relación entre los seres humanos y el planeta que habitan es más compleja —y más prometedora— de lo que dicen los fatalistas. Sí, la gente puede contribuir a los problemas ambientales, pero la gente también puede contribuir a resolverlos.

La Declaración de Cornwall emitida por la Interfaith Council for Environmental Stewardship (ICES) promueve un entendimiento diferente del lugar del ser humano en la tierra: “Muchas personas equivocadamente ven a los humanos principalmente como consumidores y contaminadores en vez de productores y administradores. Por consiguiente ignoran nuestro potencial para sumar —como portadores de la imagen de Dios— a la abundancia de la Tierra”.

Para quienes comparten la evaluación positiva del ICES, las madres no propagan “virus” que se alimentan sin parar de la tierra, apresurando su destrucción. En su lugar, ellas crían hijos que —con apropiado cuidado, buena educación y moral— producirán más de lo que consumen, generarán prosperidad y dejarán al medio ambiente natural mejor de lo que lo encontraron.

Para aquellos que ven los prospectos de la humanidad como sombríos, al mismo tiempo, la celebración del Día de la Madre puede ser sólo limitado y provisional: la multiplicación de la humanidad no es una causa de esperanza sino el signo de una futura catástrofe. La perspectiva que ve a la maternidad con descarada admiración es más gozosa —y posee la ventaja adicional de estar mejor fundamentada en la realidad.

NOTA DEL EDITOR

• Kevin Schmiesing, Ph.D. es research fellow del Center for Academic Research en el Acton Institute. Con frecuencia escribe sobre el pensamiento social y económico católico. Es autor de American Catholic Intellectuals, 1895-1955 (Edwin Mellen Press, 2002) y su más reciente obra es Within the Market Strife: American Catholic Economic Thought from Rerum Novarum to Vatican II (Lexington Books, 2004).

• La gran aportación del breve texto de Schmiesing es el contraste entre dos visiones del mundo. El pesimismo de la visión catastrófica que considera al ser humano como un “virus” de la tierra, contra el optimismo de la posición que ve al ser humano con capacidad de ser co-creador del mundo… con la ventaja de que esta última es la que la evidencia prueba como verdadera.


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