Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Pancarta Dictatorial
Eduardo García Gaspar
29 agosto 2008
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Por enésima vez escuché la opinión de una persona que hablaba de religión y que afirmaba que él era católico, que no practicaba, pero que si se consideraba católico. No es el único que lo ha dicho.

Esto es lo que tiene mucha gracia involuntaria. Imagine usted a una persona que dice que es vegetariana, que no practica eso, pero que sí es vegetariana. No tiene sentido. Podría ser un buen inicio para una narración de Kafka. Técnicamente tiene su nombre, se llama falsedad. Una cosa no puede ser al mismo tiempo su negación.

Confronté a la persona con esa idea de incongruencia. Me dijo que lo que sucedía era que ella creía en un dios, pero que no estaba de acuerdo con los preceptos del catolicismo. Afirmaba así que en realidad no era católica, por mucho que lo dijera (en realidad no importa de qué religión se trate, el mismo principio funciona para el Islam, el Judaísmo, la que sea).

Se quejó ella con amargura de lo irrelevante que son los ritos católicos. Dijo que eso de ir a misa y pasar por todas sus partes en cierto orden, era tonto y ridículo. Que lo único que contaba era creer en Dios y con eso bastaba. Le resultaba absurdo el que los sacerdotes usaran vestimentas especiales, que se prendieran velas y que se tuviera que ir a la iglesia ciertos días.

Tampoco es infrecuente escuchar esto. Es como una especie de llamado al minimalismo religioso y tiene un elemento que es positivo, el de tratar de colocar el mayor énfasis en las creencias no en las apariencias. Pero de allí a decir que todos los rituales son innecesarios, hay un paso demasiado arriesgado.

Somos una especie animal de rituales. Sí, desde el punto de vista de las opiniones exclusivamente de utilidad inmediata y cuantificable, los rituales son una pérdida de tiempo. Usted, por ejemplo, podría ganar tiempo y ser más productivo, si a nadie saluda ni dice buenos días, si de nadie se despide, si a nadie habla del tiempo; si va a las bodas ya vestido en piyama, o al trabajo en ropa sin lavar; si come a la hora que le venga en gana, sin platos ni cubiertos; si a los muertos los tira en el monte y al cónyuge no le da algún regalo.

Todos esos son rituales de nuestra vida diaria y son importantes. Hacen la vida más placentera y muestran consideraciones hacia los demás. No son cosas que podemos abandonar sin consecuencias. Nuestra vida privada y pública está llena de rituales. Que las religiones los tengan no es sorpresa alguna. Criticarlas por tenerlos es tonto en sí mismo y sólo admisible cuando la ceremonia se torna más importante que las creencias.

Mi punto y que creo que bien vale una segunda opinión es apuntar posiciones personales que son endebles y no se sostienen, pero que son comunes y suelen no ser bien recibidas cuando se señalan. La persona de la que hablo no recibió con gusto lo que le dije. Es una reacción comprensible y humana: no estamos acostumbrados a que se nos hagan críticas.

Por eso quien las hace tiene una obligación, la de seguir otro ritual, el de la humildad y la claridad, siendo siempre educado y amigable. Se debe dar la oportunidad de crear una conversación y no un pleito. La religión, por la razón que sea, es un tema en el que las personas nos volvemos demasiado sensibles.

Recuerdo que hace ya tiempo, una persona en extremo religiosa se tornó un energúmeno furioso cuando le fue atacada su religión, el Judaísmo. Lo mismo he visto suceder a católicos y otras religiones cristianas. Es un error. Si los ataques que se reciben son de buena fe, ellos deben ser bien recibidos y aprovechados para una conversación que puede dar un gran aprendizaje mutuo.

Si los ataques son furiosos y de mala fe, lo mejor es ignorarlos no sin antes tratar de calmar los ánimos y plantear la disyuntiva: escuchar o ser terco. Más de fondo, lo que quiero defender es el don humano del hablar razonando. Cuando esta habilidad se atrofia, las únicas posibilidades que quedan es imponer unos sobre otros creencias por la fuerza y esa maldición de nuestros tiempos, las marchas callejeras cuyas pancartas pretenden ser impuestas al resto.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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