Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Olvido de Similitudes
Eduardo García Gaspar
24 julio 2009
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No sé si usted tenga la misma impresión que yo. Cuando escucho o leo opiniones sobre las culturas y las naciones, todo el énfasis se encuentra en una especie de adoración por las diferencias culturales y su consecuente reclamo de diversidad y pluralismo. No está mal, me parece, examinar diferencias culturales.

Tampoco está mal reclamar respeto entre esas culturas. Pero sin llegar a extremos. En verdad son fascinantes las diferencias culturales y las distintas maneras que en diferentes tiempos y lugares se expresan las personas. Pero ver todo a la luz de las diferencias tiene sus peligros y consecuencias.

Uno de ellos es el olvido de otra situación aún más fascinante, la existencia de comunes denominadores en todas las culturas. El otro riesgo es el énfasis en una visión colectivista, que se olvida de la persona y que se pierde en las generalizaciones culturales. Déjeme poner esto en otras palabras.

Creo que en los círculos académicos, especialmente las ciencias sociales, se ha cometido durante décadas un error de parcialidad doble. Este error ha causado una visión incompleta en muchas generaciones de alumnos que terminan sus estudios con un marco mental colectivista con fijaciones en las diferencias culturales.

Es cierto, hay diferencias culturales y ellas son temas interesantes de estudio. Pero también hay asombrosos comunes denominadores culturales: constantes que aparecen en todas o casi todas las culturas. Más aún, en esa visión única de diferencias culturales, la persona suele ser comprendida como un accidente cultural que no admite la iniciativa individual.

He visto y leído esa obsesión en encontrar diferencias culturales, que olvida la existencia de constantes humanas. El efecto de esa obsesión es una comprensión parcial de las personas, como divididas en grupos distintos que poco o nada tienen en común. La verdad es que los humanos tenemos muchas cosas en común. Existen constantes humanas de consideración.

Por ejemplo, la igual construcción biológica y la existencia de dos sexos en todas partes y lugares. Cuerpos casi sin pelo, contrario a otros animales. Misma temperatura corporal y ritmo cardiaco y pulmonar. Existencia de conciencia propia, conocimiento de la idea de la muerte, habilidad de razonar y calcular.

Existencia de lenguaje verbal y simbólico en extremo rico y complejo. Capacidad de crear culturas que pasan de una generación a otra. Extrema dependencia de los infantes. Comprensión de las ideas de reciprocidad y parentesco. Entendimiento de la noción de intercambio y de la existencia de amigos y enemigos. Existencia de la familia. Sentido de la división del trabajo.

Sentido de las ideas de honor, prestigio, altruismo. Gusto por la creación de arte sin sentido utilitario. Creencias religiosas. Comprensión de acciones indebidas, como la mentira y el daño a otros. Sentido de la propiedad y reprobación del robo.

Todos esos rasgos y muchos cientos más son desafortunadamente puestos de lado en la academia para crear una impresión de diferencias y no de similitudes. Más, el también desafortunado olvido de la iniciativa personal, la acción del innovador que permite hacer las cosas de otra manera.

Y este es otro rasgo común de las culturas, la posibilidad de cambiar por causas de la iniciativa personal. Uno de los mejores ejemplos que conozco es el de la construcción. Una araña en tiempos de los egipcios construía su telaraña de la misma manera que hoy. Pero de las pirámides hemos pasado por muchos tipos de construcción. No hay una época de telarañas barrocas, ni otra de telarañas neoclásicas.

Tampoco un chimpancé ha escrito algo equivalente a la más mediocre obra de literatura. Ningún animal ha inventado un instrumento musical, ni compuesto una canción, ni descubierto su sistema de circulación sanguínea. Todo esto ha sido obra de personas concretas y específicas, que han tenido inquietudes y poseen curiosidad intelectual.

El tema puede dar la impresión de abstracto y sin consecuencias. Pero las tiene y son graves. Muchos estudiantes, millones de ellos, han salido de sus estudios con una visión equivocada de sí mismos, la que se olvida de la existencia de seres humanos muy parecidos entre sí y la que ignora el gran poder que puede tener la iniciativa personal.


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