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Los límites de las leyes humanas. La determinación de los campos en los que esas leyes no deben adentrarse. Como la supresión de vicios y el fomento de virtudes.

Introducción

¿Debe esa ley llegar a la supresión de los vicios y las malas costumbres, o debe tener una misión más limitada como castigar el robo? La respuesta necesita el examen del poder de los gobiernos y si ellos deben aceptar una responsabilidad en el desarrollo de las virtudes de los ciudadanos.

La respuesta de Santo Tomás de Aquino es razonada y analítica. Sí, hay un límites en las leyes humanas emitidas por los gobiernos y ese límite está fundado en las necesidades de una vida en sociedad.

La idea reportada en este resumen fue encontrada en Aquinas, Thomas saint, Treatise on law. Washington DC. Regnery Publishing, pp 90-93.

El asunto central

El tema de esta parte del tratado de Aquino, examina si la ley humana debe incluir la supresión de todos los vicios.

Es, por tanto, una exploración del alcance que debe tener la ley que declara una autoridad. ¿Debe llegar hasta la tarea de suprimir los malos hábitos de los ciudadanos? Examinar los límites de las leyes humanas.

Con su exposición analítica, el autor señala como primer paso, varias posiciones al respecto del tema y que dan una respuesta afirmativa.

Sí, ellas deben suprimir todos los vicios

La primera de ellas sostiene que sí pertenece a la ley humana la tarea de suprimir todos los vicios y malas conductas.

Las leyes han sido hechas para que el atrevimiento y la audacia de las personas sea mantenidos bajo control, lo que no sería posible a menos que todos esos males fueran reprimidos.

Por tanto, la ley humana sí debe intentar esa supresión total de vicios y conductas reprobables.

Otra opinión sostiene lo mismo. La intención de las leyes, se argumenta, es hacer virtuosos a los ciudadanos y eso no puede ser logrado a menos que se eviten todos los vicios y malas acciones.

Por lo tanto, sí pertenece a la ley humana el suprimir los malos hábitos de todas las personas.

Igualmente puede argumentarse que la ley humana se deriva de la ley natural, y ya que todos los vicios están en contra de la ley natural, la ley humana también debe reprimir esos vicios.

Bajo estas posturas, las leyes humanas no tienen límites, ellas deben también avocarse a atacar todos los vicios.

No, ellas no deben suprimir todos los vicios

Pero también se ha razonado lo opuesto a las tres posturas anteriores, diciendo que la ley escrita para el gobierno de las personas permite esas cosas malas y que es la ley Divina la que las castiga.

La ley Divina castiga nada más que vicios, pero la humana permite algunos al no reprimirlos. Es un argumento que hace a la ley humana una parte del todo de la ley natural.

La postura de Aquino

Ante esas posturas y argumentaciones, Aquino ofrece las suyas acerca de los límites de las leyes humanas.

Dice que la ley es entendida como una regla o medida de los actos humanos y que debe ser una medida homogénea con eso que mide. Es un razonamiento de congruencia entre la persona, su naturaleza, y las leyes humanas a las que está sujeta.

De esto se deduce que las leyes que son impuestas a las personas debe considerar esa condición humana. Deben ser acordes con su naturaleza y las costumbres de la nación.

La facultad de actuar para hacer lo mismo, no es igual en todos. Hay naturalezas distintas en las personas. Quien tiene hábitos virtuosos no tiene la misma posibilidad de actuar que quien no los tiene.

La misma acción es diferente en un niño que en un adulto, razón por la que la ley de los menores es diferente a la de los adultos. Lo que se permite en un infante puede ser perseguido por la ley en un adulto.

De igual manera, algunas cosas son permisibles a un hombre que no tiene hábitos virtuosos, pero no lo son a quien sí los tiene. La ley humana debe considerar esas diferencias.

La ley está destinada, sigue diciendo, a muchas personas, la mayoría de las cuales no son virtuosas, por lo que debe pensarse que la ley humana no debe prohibir todos los vicios de los que se abstendría la persona virtuosa.

Sólo debe prohibir los vicios más severos y mayores, de los que deben abstenerse todos.

Esos vicios mayores son los que lastiman a terceros, sin cuya prohibición no podría mantenerse la vida en sociedad. Esta es la razón por la que la ley prohibe acciones como el robo y el matar.

El razonamiento de Aquino

Por un lado, acepta diferentes personas, unas más virtuosas que otras, pero a todas ellas debe aplicar la ley humana emitida por una autoridad.

Esa ley humana, aplicable a todos en una nación, no puede presuponer una alta virtud en todos y por esto mismo, debe enfocarse en aquellas malas acciones que son de daño claro en todos, las acciones que impedirían una vida social, como el asesinato.

Por tanto, las leyes humanas sí tienen límites.

La respuesta a quienes dicen que no tienen límites

El paso siguiente es tratar las opiniones que sostienen que sí, que la ley humana debe tener una gran amplitud de metas. Que las leyes humanas no tienen límites.

A quien dice que las leyes humanas han sido hechas para que el atrevimiento de las personas sea mantenido bajo control, lo que no sería posible a menos que todos esos males fueran reprimidos, dice Aquino que ese atrevimiento se refiere al daño a otras personas.

Por esto, la ley humana abarca las acciones que dañan al prójimo y sí son prohibidas por esa ley. No el resto de ellas.

A quien dice que la intención de las leyes es hacer virtuosos a los ciudadanos y eso no puede ser logrado a menos que por ella se eviten todos los vicios, dice el autor que el propósito de la ley es conducir a las personas a la virtud, pero hacerlo de manera gradual y no repentina.

La ley no debe cargar los hombros de las personas con disposiciones que solo los muy virtuosos pueden cumplir para que todos se abstengan de acciones malas.

Si acaso esto se intentara, las personas abrumadas con tales obligaciones se rebelarían y caerían en males aún mayores. El vino nuevo no debe ser puesto en odres viejos que se romperían, es decir, las leyes exigentes en exceso serían despreciadas por las personas y con esa actitud aceptarían vicios mayores aún.

A quien dice que la ley humana se deriva de la ley natural, y ya que todos los vicios están en contra de la ley natural, la ley humana también debe reprimir esos vicios, responde Aquino que la ley natural es una parte de la ley eterna y que la ley humana es parte de la eterna.

La ley que es dada para el gobierno de las personas permite y deja sin castigo muchas cosas que son castigadas por la Divina Providencia. Si la ley humana no intenta cubrir todo, no debe ser culpada por ello.

En resumen

La ley humana no puede prohibir todo lo que prohibe la ley natural. Las layes que eso intenten serán demasiado ambiciosas y abrumarán con sus cargas a las personas.

Sí, las leyes humanas tienen límites. Están más dirigidas a hacer posible a la convivencia de las personas que a volverlas virtuosas a todas ellas.

Más sobre el tema de los límites que no pueden rebasar las leyes humanas.

Leyes humanas, sus terrenos y límites

Por Eduardo García Gaspar 

Es un asunto de poder ver. O de no poderlo hacer. Si no puede verse será difícil o imposible juzgarlo. Este es un serio límite para todas las leyes hechas por personas.

No pueden ellas ver lo oculto en el ser humano. Su única posibilidad es usar lo que puede verse.

El propósito de la ley

Comencemos por el principio, con el propósito de una ley emitida por un gobierno. Esa ley persigue una meta simple, la de orientar la conducta humana por un camino apropiado de acuerdo con ciertos valores.

Lo hace generalmente prohibiendo y castigando lo que considera malo, como robar, defraudar, asaltar, matar, abusar y demás. De esta manera canaliza conductas a caminos no negativos y que facilitan la convivencia.

Entonces, la ley que juzga un acto tiene que actuar sobre bases sólidas y solo puede juzgar lo que puede verse. Uno de los claros límites de las leyes humanas.

Esta es la razón por la que en los juicios debe asegurar culpabilidad, con evidencias y pruebas. Cosas que pueden verse, comprenderse, tocarse, oír.

Será tarea imposible entrar en lo más interno de la persona para juzgarla a ella, por eso sólo puede juzgarse su acción concreta, esa de la que se le acusa.

Las leyes humanas tienes límites

Es imposible para las leyes humanas juzgar a la persona por entero, como un todo. Pero sí puede juzgarse una acción visible y concreta, como la de un robo que se prueba con una cinta de video, o un asesinato con huellas dactilares, o un fraude con documentos y testimonios.

Tenemos, pues, que las leyes humanas tienen esas limitaciones, la de solo poder juzgar acciones concretas, no personas. La de sólo usar lo que puede verse y tocarse, no lo interior de la persona. La de apuntar en dirección hacia lo que está prohibido y es negativo y reprobable.

Entremos a esto último. La ley es una expresión concreta de una creencia moral considerada superior a la misma ley.

Por ejemplo, las leyes que castigan el robo parten de un supuesto moral que está sobre la ley, la del derecho a la propiedad privada que obliga a respetarla.

Igual, las leyes que castigan el asesinato solo pueden justificarse por un principio preeminente, el de la vida humana que debe respetarse.

No es complicado. Mero sentido común. Las leyes humanas, las llamadas leyes positivas, son las que nos rigen en nuestra vida en sociedad con la meta de proveernos de una confianza razonable de que nuestras personas serán respetadas, así como nuestras propiedades.

No está mal, nada mal. Pero no es todo. Falta una buena parte.

Las leyes humanas tienen límites en otro sentido

Sería absurda una ley que obligara a mandar tarjetas de cumpleaños a los amigos, que forzara a dar caridad en la calle, que penalizara la envidia, que prohibiera la gula, o que regulara el número de camisas que pueden poseerse.

Hay faltas que no conciernen a la ley, virtudes que no está en su función alentar. Vicios que no puede suprimir.

Esto es lo que nos lleva a lo realmente vital, la existencia de algo que es superior a la ley y de lo que ella parte. Existe una serie de creencias anteriores y superiores a la ley emitida por un gobierno.

Son creencias sobre lo bueno y lo mal, que la ley cubre en parte al prohibir las grandes faltas que dañan a personas y a la sociedad en general. Pero la ley no puede cubrir a todas esas creencias sobre lo bueno y lo malo.

El vacío que deja la ley es cubierto por otras cosas, como las reglas de urbanidad que consideran poco apropiado eructar en un banquete, o emborracharse, o decirle majaderías a otra persona.

También, hay preceptos religiosos, que invitan a practicar virtudes, como la caridad. En otras palabras, la ley es una parte y nada más una parte, de la moral, la aplicada por obligación.

Prevenir problemas de leyes excedidas

Recordar estas limitaciones tiene su utilidad, por una razón. Los legisladores suelen tender siempre a salirse de sus límites y querer lograr una sociedad virtuosa según sus opiniones.

En lugar de crear una sociedad en la que exista la libre oportunidad de cada persona para hacer el bien, suelen querer obligar a hacer el bien a la gente, quitándoles méritos posibles. O tratado de suprimir conductas indeseables.

En otras palabras, no puede ni debe confiarse en la ley solamente para lograr tener una sociedad justa, virtuosa, o como quiere usted llamarle.

Y, si se intenta, seguramente se logrará tener una sociedad injusta y perversa. Todo, porque la ley no puede percibir lo que está dentro de la persona, sus intenciones, motivos, ideas. Solo puede ver lo exterior.

Las leyes humanas tienen límites severos en su campo de aplicación y cuando esos límites son brincados, comienza a existir el riesgo de un gobierno que viola derechos y libertades.

Y unas cosas más…

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