Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No lo Sabía el Joven
Eduardo García Gaspar
30 julio 2010
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue una situación muy memorable. Fue del género de cosas que suceden con frecuencia y que, por desfortuna, son desaprovechadas como oportunidades de uso del sentido común y la razón. Era un hombre joven, recién graduado de la universidad.

Hablaba con varios, que formaban un grupo de similar edad. Estaban en una cafetería y los pude escuchar con bastante claridad. Obviamente era una especie de líder del grupo y hablaba de algo que me es irresistible: la libertad humana.

Con demasiadas palabras y a veces de manera un tanto confusa, el joven afirmó que la libertad real es hacer lo que a uno le plazca y sin limitaciones. No es el único que así piensa. Total que suspendí la lectura y sin que ellos lo notaran puse atención en lo que en esa mesa se decía.

Reiteró varias veces su afirmación: la verdadera libertad es poder hacer lo que cada quien quiera sin limitaciones ni obstáculos. Sus compañeros tendieron a darle la razón, sin que en ellos se notara un total convencimiento. Me dio la impresión que aceptaban una opinión estándar y sin mucho pensarla.

Quizá el joven no lo sabía, pero hubo antes alguien que habló de lo mismo: Marx mismo cuando dio una idea de la sociedad comunista futura. Dijo que en esa sociedad la persona podía dedicarse a lo que sus gustos indicaran y dio ejemplos: podía cazar por la mañana, ir de pesca más tarde, criar ganado después, conversar por las noches. Una visión fascinante de libertad.

La descripción de Marx tiene un problema, el de quién hace los rifles y las cañas de pesca… si cada quien se dedica a lo que le place más, podría ser que nadie quisiera producir esos artefactos y prefiriera dedicarse a estar tirado bajo un árbol. La descripción que el joven recién graduado hizo de la libertad también tiene sus problemas.

Problemas que conviene tratar con claridad porque esa idea de libertad es demasiado popular y, mucho me temo, es la enseñada con más consistencia en las escuelas. La idea del joven tiene un fundamento claro: todo acto decidido con libertad es bueno en sí mismo y debe ser respetado por el resto.

Pensar así es ilógico: llevaría a considerar admirable la conducta de la persona que se droga, a ver como loable la acción del ladrón y a dar igual rango de mérito a un pederasta que al descubridor de una vacuna. Es obvio que no todo acto libre es legítimo por ser decidido con libertad.

A pesar de ese absurdo, subsiste la idea de que la libertad es el derecho a hacer lo que la persona quiera sin limitaciones. Visto esto del otro lado, significa que la voluntad personal es la que valida las acciones sin necesidad de otra consideración adicional.

Tampoco lo sabía el joven, pero antes que él otro trató estas cuestiones. Nietzsche y su idea de la voluntad de poder —sin la noción del deber ser, lo único que queda es eso, la mera y sola voluntad propia. Y esto mismo era lo que el joven propugnaba, me imagino, sin saberlo realmente, con lo que llego a mi punto.

Un punto que bien vale una segunda opinión y se refiere a las consecuencias de nuestras opiniones. Es un buen ejercicio mental el tratar de ponerlas en la superficie. La opinión del joven en ese café fue una popular, repetida, elogiada y admitida sin mucha idea de lo que significa.

Es común que eso suceda. Piense usted, por ejemplo, en un caso, el de una persona que afirma que no vale la pena vivir. Piense en las consecuencias de mero sentido común si eso se toma como verdad. Se me ocurren dos: desaparecerían los médicos y el asesinato sería premiado, no castigado.

La historia del joven en la cafetería emitiendo opiniones me sacó del apuro de encontrar un tema para esta columna, pero sobre todo para ilustrar con ese caso, algo que nos suele pasar desapercibido: las ideas tienen consecuencias y tratar de anticiparlas es una habilidad que se está perdiendo en estos tiempos de televisión, cuando es noticia de importancia el embarazo de una cantante.

“Ningún hombre ni nación alguna pueden existir sin una idea sublime”, dijo Dostoievski, el novelista ruso. Tiene razón, lo mismo que Keynes cuando dijo que las ideas forman el curso de la historia. No lo sabía el joven de la cafetería, pero si su opinión fuera la prevaleciente, las consecuencias siguientes anularían esa libertad a la que tanto parecía defender.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras