Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Muñecos Malditos Que Engordan
Eduardo García Gaspar
7 enero 2011
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Es uno de los males de nuestros tiempos. Sí, tenemos grandes adelantos en muchos campos. Casi en todos.

Pero en uno de ellos no hay avances. Seguimos padeciendo los mismos problemas de siempre.

Un ejemplo: en noviembre pasado, en San Francisco, California, su gobierno prohibió el uso de juguetes en las Happy Meals de McDonald’s.

El razonamiento fue el clásico. Se dijo que esas pequeñas figuras promueven en consumo de comida chatarra.

Consumiendo comida chatarra, sigue el razonamiento, se elevan los riesgos de salud. Por eso, al prohibir tales juguetes, disminuyen los riesgos de enfermedades futuras.

La medida gubernamental es un caso que muy bien ilustra una mala interferencia estatal en la libertad humana.

Veamos esto con calma. Si realmente existe una preocupación por la salud, una medida más lógica sería la de retirar los subsidios al maíz, los que distorsionan patrones de consumo de comida. Esto muestra la naturaleza de tales prohibiciones, la de poner atención en lo menos importante.

Quitar los juguetes de esas comidas en restaurantes es tan relevante como proponer que las cajas en las que se vendan no puedan usar colores llamativos. Es más o menos lo mismo que la célebre medida inglesa de reducir el número de perforaciones en los saleros.

El punto que creo que bien vale una segunda opinión es doble.

Primero, medidas como ésa atacan la periferia del problema, no las razones reales de lo que quieren solucionar.

Segundo, son ataques a la libertad de la persona que acumulan poder en manos de burócratas que piensan ser mesías.

Prohibir colocar juguetes en esas cajas de alimentos para menores es una medida visible, que el gobernante adora porque le hace aparecer como un héroe que defiende al débil ciudadano de los ataques despiadados de empresas gigantes. Más que un remedio, es un acto de relaciones públicas.

Si en verdad quiere el gobierno resolver un problema de salud ocasionado por malos hábitos alimenticios, lo razonable sería buscar las causas importantes, no las irrelevantes.

Por ejemplo, se sabe que las familias que comen juntas tienen menores problemas de obesidad. Se sabe también que el problema de la comida chatarra no es su consumo, sino su abuso.

Por tanto, no hay razón para castigar a todos los consumidores, la mayoría de los cuales consumen esos alimentos razonablemente. Pero nada de esto importa. La autoridad se mueve con medidas visibles basadas en clisés que le dan popularidad.

Y parte de lo que le da popularidad es la justificación que se da a tales medidas. Esa justificación es, por lo general, la de costos de salud.

Se argumenta que la obesidad causa problemas de salud y que atender esas enfermedades tiene un costo alto en los presupuestos públicos. Para reducirlos, es necesario hacer cosas como prohibir poner juguetes en comidas de niños.

¿Quiere usted realmente resolver el problema? Sencillo, no subsidie el tratamiento de enfermedades por obesidad con fondos públicos. Deje que la persona absorba los costos de sus acciones. Si ahora no lo hace es porque existe un incentivo opuesto: yo puedo abusar de la comida chatarra y trasladar el costo de mis enfermedades a otros.

Sin ese incentivo perverso, tendría otro, el de cuidar mi dieta y la de mi familia. Por muchos juguetes que colocaran en las comidas infantiles de McDonald’s quizá haría que mis hijos comieran brócoli más seguido. Y que en lugar de ver la televisión, salieran a hacer ejercicio.

Además, el análisis de costos por atención de enfermedades causadas por obesidad, no incorpora otros costos. Si no se tuvieran esos costos, se crearían otros, los que enfermedades posteriores a más edad, quizá más personas con cáncer o con Alzheimer (y que ahora no las padecen porque mueren antes por causa de obesidad).

Todo el asunto es parte de la mentalidad del estado de bienestar, que es un grupo de burócratas que se sienten responsables de la felicidad ajena y creen que tienen la capacidad de manipular a un organismo muy complejo que no saben cómo funciona.

Y, peor aún, suelen poner atención en los síntomas, no en las causas, tomando medidas visibles justificadas en razones irrelevantes. Porque, dígame la verdad, ¿cree usted que los costos médicos de enfermedades por obesidad se reducirán retirando muñecos baratos de plástico en cajas de comida?

Post Scriptum

El razonamiento de retirar subsidios al maíz está en Happy Meal Ban: A Sad Day for the U.S.A.

En ContraPeso.info: Prohibiciones hay más ideas sobre el mismo tema.

En Niños Regordetes, Anthony B. Bradley trata el tema de los comerciales de televisión como causa de obesidad infantil.

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