Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Valores no, Ideales sí
Eduardo García Gaspar
29 julio 2011
Sección: ESCUELAS, ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La persona en la radio dijo que se necesitaba “educar en valores”. Llevamos oyendo esto, me parece, al menos un par de décadas.

Es un reclamo consistente y frecuente, que llega a ser un lamento urgente: tener valores, poseer valores, enseñar valores.

La repetición se ha convertido en algo habitual. Es corriente escucharlo en conversaciones comunes, pero también en conferencias. Se lee en los periódicos y algunas veces en televisión.

Hasta las universidades crean cursos al respecto y en las escuelas se dan cursos de formación ética.

El lamento es inquietante: reclamar la necesidad de valores, por indefinido y vago que sea, muestra el claro reconocimiento de un vacío ético. Me imagino que sea producido por la proliferación de conductas consideradas censurables.

Cosas como delincuencia y corrupción y fraudes empresariales y escándalos religiosos y violaciones, divorcios y adulterio y consumo de drogas y libertinaje.

No está mal, al contrario. La indignación frente a todo lo reprobable es positiva. Lleva ella a querer hacer cosas que corrijan esas malas conductas.

Pero hay algo que no convence del todo: eso de pedir educar en valores es demasiado indeterminado, muy neutro, poco concreto.

Tan genérico que no sirve de mucho (y que no ha tenido muchos resultados por lo que se ve). Es una buena frase, pero un mal remedio.

Porque, al final de cuentas, ¿qué son valores? Es como decirle a un enfermo que necesita medicina, sin decir cuáles. El consejo genérico es bueno, el remedio específico, pésimo.

Es de seguro una frase sin mucho sentido eso de “educar en valores” y dejar las cosas allí, tomando por dado el resto. Lo creo porque educar en valores sin hablar de qué valores, es eso de hablar de medicinas sin decir cuáles. Como hablar de enfermedad sin hacerlo de salud.

Más aún, hablar de educar en valores se parece a esa idea de empezar a construir casas comenzando por el techo. Este techo es la indignación y reprobación de la delincuencia y corrupción y fraudes empresariales y escándalos religiosos y violaciones y adulterio y consumo de drogas.

Pero, ¿cómo saber que todo eso es indeseable si se evita hablar de lo deseable?

Sin tener idea de lo que es bueno, la condena de lo malo es débil. Es como tener una brújula que señala el sur, pero no el norte. Establece a dónde no ir, pero ignora la dirección correcta.

Y quizá eso de educar en valores, sea mejor expresado en otra frase, la enseñanza de los ideales.

Porque ideales son esas cosas que muestran los caminos correctos, que por definición son opuestos a todos esos males. Yendo por la ruta del ideal ya no puede irse por la del mal. En cambio, si sólo se habla del camino del mal, ése será el único conocido y lo conocido atrae.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es el cambio de ideas.

Cambiar lo de educar en valores por lo de enseñar ideales. Ideales es eso que la educación actual se niega a reconocer.

El ideal necesita esfuerzo, pero la educación actual ensalza la comodidad. El ideal incluye la responsabilidad, pero la educación actual fomenta la irresponsabilidad.

Los ideales requieren seriedad, pero la educación actual enseña la ligereza. Necesitan razonamiento, pero se exalta la sinrazón. Necesitan reglas, pero se admira el relativismo. Precisan miras de largo plazo, pero se aclama lo inmediato. Los ideales viven del sacrificio y la disciplina, pero se alaba el placer y la transgresión.

Y, más aún, hay algo en los ideales que se alimenta de lo sobrenatural, lo que no puede ser muy muy entendido ni demostrado y que sólo las religiones pueden proveer con sus creencias en la vida futura… que la educación actual se empeña en poner de lado creyendo que se ha quitado de encima dogmas imposibles de comprobar.

Quitándose esos dogmas de encima, todo lo que ha creado es otro conjunto de dogmas que ahora se llaman educación cívica o educación para la ciudadanía.

Los nuevos dogmas son raquíticos. Pueden reprobar el mal, pero no tienen ideales en ese sentido de mostrar caminos ajenos al mal. Aman las opiniones, pero odian la verdad.

Repetir la idea de tener educación en valores es quedarse parado a la mitad del camino, como el guía que en un bosque nos dice no tomar una cierta vereda, pero se queda callado cuando le preguntamos qué camino sí tomar.

Post Scriptum

Hay más ideas en Contrapeso.info: Vacío Moral.

Para darse cuenta de lo que se enseña en las escuelas en México, véase ContraPeso.info: Libros de Texto.

Mientras escribía esto, pensé en la Teoría de los Efectos no Intencionales: el laicismo convertido en prohibición de enseñanza religiosa buscó dar una educación mejor, pero logró una peor. Lo que hizo fue retirar reglas que guían conductas y dio entrada a la validez de toda conducta.

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