Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Cristal Con el que Mira
Eduardo García Gaspar
27 marzo 2012
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La pregunta es constante desde hace décadas. ¿Cómo resolver la pobreza?

Hay respuestas de dos grandes tipos, con amplias variaciones.

En un extremo están las opiniones que proponen que el gobierno intervenga con, en general, transferencias de recursos tomados de unos para ser dados a otros.

En el otro extremo están las ideas que proponen lo opuesto, reducir al mínimo el intervencionismo estatal y dejar libres las iniciativas de las personas.

Las diferencias entre un enfoque y el otro son grandes. Los conflictos entre los partidarios de las dos suelen ser agrias.

Y, sin embargo, hay un punto que suele olvidarse y que bien merece una segunda opinión.

Para explicarlo, le pido pensar en la definición de pobreza que haya hecho un gobierno.

Digamos que definió la pobreza como un ingreso mensual familiar inferior a cinco mil pesos. Muy bien, con esa definición que no es muy diferente a las que suelen usarse, usted tiene la misión de resolver la pobreza.

Usando la definición adoptada, que es la de un ingreso mínimo por debajo del cual se determina que hay pobreza, verá que la solución radica en elevar el ingreso de esas personas por encima de los cinco mil.

Si en esa categoría cae, supongamos, el 30% de la población y un año más tarde ese porcentaje es de 25, eso será un logro. La pobreza se ha reducido en cinco puntos.

Lo que permanece oculto en lo anterior es un sesgo en el planteamiento y que es difícil de ver. Está escondido en la definición de pobreza y le inclinará a resolver de cierta manera a la pobreza.

Si la pobreza es tener menos de cinco mil al mes, eso sesga la mente, sin darse cuenta, a encontrar la solución aumentado el ingreso siquiera un poco más. Quien gane 5,200 ya no será pobre.

Es decir, la definición misma de la pobreza como un ingreso mínimo, está sesgando a la mente a seleccionar cierto tipo de medidas, todas dirigidas a elevar esos ingresos. Me refiero a hacer cosas como dar dinero o equivalentes a personas en ese segmento, como casas, subsidios, pensiones, lo que a usted se le ocurra.

Lo que hace fascinante al tema es otra posibilidad de solución de pobreza, cuyo defecto será el no poder ver sus resultados en esa medición de pobreza.

Hablo de medidas que también usted puede tomar pero que no se verán en esa medición de pobreza. Usted estará de hecho resolviendo la pobreza, pero las cifras no cambiarán y, por eso, harán pensar que usted ha fracasado con su plan (cuando en realidad ha tenido éxito).

Veamos esta posibilidad más de cerca.

En este nuevo plan de combate a la pobreza, usted no pone atención en el ingreso de las personas. No le importa que ganen menos de cinco mil pesos. Lo que hace es otra cosa que a otros no se les ocurre: tomar medidas para que esos mismos cinco mil pesos o menos alcancen para más.

¿Se ve la diferencia? Para resolver la pobreza unos toman el camino de incrementar el ingreso de las personas. Pero hay otro que puede tomarse, el de abaratar naturalmente el precio de los bienes que compran esas personas.

Este último tiene una desventaja, no será detectado en las mediciones tradicionales de pobreza y dará la apariencia de haber fracasado a pesar de ser exitoso.

Para reducir precios, tome medidas que abaraten la producción y distribución: quite barreras al comercio, reduzca planes de control económico, quite barreras legales que impidan entrar y salir del mercado, reduzca regulaciones, fomente la competencia, en pocas palabras, facilite la vida del que produce y distribuye.

Eso bajará los precios. Con el mismo ingreso, la gente podrá comprar más y la pobreza se reducirá… a pesar de que siga habiendo 30% de las familias ganando menos de cinco mil al mes.

Mi punto, con todo lo anterior, es mostrar que la manera de plantear los problemas es una forma de sesgar soluciones. Un planteamiento malo o inexacto llevará a soluciones de pocos resultados. La pobreza, en lo general, en países como México, suele medirse con estándares de ingresos mínimos.

Esta medición sesga las decisiones para resolver la pobreza a medidas que eleven esos ingresos. Lo que quise hacer es mostrar que hay otra forma, la de abaratar los bienes que los pobres consumen y hacerlo por medio del abaratamiento de iniciativas económicas.

Post Scriptum

Creo que lo anterior corre el riesgo de ser malinterpretado. Podrá pensarse que entonces para solucionar la pobreza el gobierno deberá subsidiar, por ejemplo, los alimentos reduciendo sus precios. No es esto a lo que me refiero, en realidad es lo opuesto. Un subsidio es una transferencia de recursos.

Lo que propongo es la reducción natural de precios, sin necesidad de subsidios, por medio del abaratamiento de los costos de producción y distribución.

Por ejemplo, la prohibición de entrada de supermercados a zonas dominadas por mercados ambulantes en la capital mexicana es una medida que impide competencia y, por eso, incrementa la pobreza: disminuye el poder adquisitivo del ingreso de los pobres.

Para esta columna consulté la obra de Niemietz, K. (2011). A New Understanding of Poverty: Poverty Measurement and Policy Implications (Research Monograph). Inst of Economic Affairs. El PDF del libro es gratuito.

En ella se menciona una estrategia curiosa de innovación. La llamada “innovación frugal”, que es el retirar de los productos “campanitas y cascabeles” para reducir su precio; ofrecerlos en su esencia misma, sin opciones que los encarecen; productos ofrecidos con la intención clara de bajar su precio.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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