Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Sociedad Debe Dar
Leonardo Girondella Mora
26 marzo 2012
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


Como parte esencial de los discursos políticos —pero también como parte de la enseñanza escolar—, se repite una idea que examino en lo que sigue.

Se dice con una frecuencia pasmosa, que la sociedad debe dar al ciudadano los medios y los recursos que se necesitan para un desarrollo personal óptimo —que, por ejemplo los jóvenes y adolescentes, deben exigir a la sociedad las cosas que ellos necesitan para desarrollarse como personas.

Es una petición general que enseña a las personas a exigir que la sociedad les cumpla sus derechos a, por ejemplo, educación, vivienda, alimentación, trabajo digno y similares, como diversión y cultura.

La idea central está colocada en una petición que tiene dos elementos.

Primero, la persona en sí misma; segundo, la sociedad en general. Esos dos elementos se unen por una exigencia: la sociedad debe dar a la persona.

Eso es precisamente lo que quiero examinar en lo que sigue —demostrando que se trata de algo que presenta problemas pocas veces vistos.

• La sociedad, es obvio, está formada por personas —no puede existir una sociedad en la que no existan personas. Por consecuencia el decir que la sociedad debe dar significa que unas personas deben dar a otras.

Si una persona exige que la sociedad le dé algo, en la realidad está pidiendo que otras personas se lo den —la palabra “sociedad” es igual a “otros en esa sociedad”. Si alguien pide a la sociedad una casa, lo que está diciendo es que otras personas en esa sociedad se la den.

• Una vez descubierto algo tan obvio como lo anterior debe examinarse la legitimidad de esa exigencia —es un problema de justicia y equidad. ¿Tiene alguien el derecho a exigir a otros que le provean con bienes culturales, por ejemplo?

Es un problema serio. Si se admite que alguien tiene el derecho a exigir a otros un trabajo digno, por ejemplo, se admitiría que hay personas sometidas a las exigencias de otros, que hay diversos grados de dignidad en las personas —lo que choca con la idea de la igualdad de derechos.

En el caso de pedir a la sociedad que dé a una persona un trabajo digno y bien remunerado se ve ese problema con claridad: debe señalarse a otra persona, o serie de personas, a quienes se les obligue a dar ese empleo a la persona que lo exige.

¿Quiénes serían esas personas a las que se les obliga a contratar a alguien? Tendrían que definirse a ellas separadas del resto.

• Pero sí existen derechos que pueden exigirse a todos por igual —a todos los que forman la sociedad. El más clásico ejemplo es el exigir respeto a la propiedad personal, lo que se traduce en un mandato que prohibe el robo y se aplica a todos sin distinción.

Otras exigencias son imposibles de tener esa característica universal, como el pedir a la sociedad que dé casa a algunos. Significaría que se obligaría a una colecta de dinero entre todos para construir la casa de alguien en concreto —lo que hace surgir una pregunta, ¿por qué a ese sí y no a otros?

Tendrían que hacerse más colectas de fondos, para dar casa a todos —pero no sólo casa, sino alimentos, educación, diversión y eso violaría el derecho a la propiedad personal de aquellos a quienes se retira dinero. Un problema grave de justicia.

• Hay una única manera de intentar satisfacer las exigencias de que la sociedad debe dar esas cosas: crear un agente distribuidor de las cosas que se exigen, alguien que represente a la sociedad entera, el gobierno.

Como consecuencia, el gobierno realiza la colecta entre todas las personas de la sociedad —por medio de impuestos presentes y futuros—, creando un fondo del que se toman recursos para satisfacer la petición de que la sociedad dé vivienda, servicios de salud, educación, alimentos y demás.

No se remedia el problema de justicia —todo lo logrado ha sido un mecanismo en el que esa injusticia se distribuye masivamente, entre millones de personas. Con, adicionalmente, efectos colaterales inclementes; por ejemplo, el gobierno podrá usar esos fondos para propósitos corporativistas, por no mencionar un aumento probable de corrupción.

También, se crearán grupos bien organizados que pelearán por el otorgamiento de recursos.

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En los puntos anteriores, he examinado la idea muy repetida de que la sociedad debe ofrecer los medios y recursos para un desarrollo personal óptimo de sus miembros —encontrando que está vacía de contenido, que acarrea injusticia y falta de equidad.

Además, al tratarla de aplicar, los gobiernos desencadenarán efectos imprevistos e indeseables.

¿Qué hacer entonces? Seguir el otro camino, el crear condiciones que sean facilitadoras para que cada persona se haga libre e independiente, capaz de lograr tener ella misma los recursos que necesita, sin depender de la exigencia que a otros haga.

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