Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Deísmo, Teísmo: Definición
Leonardo Girondella Mora
8 agosto 2013
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Los términos deísmo y teísmo siempre me confunden aunque sé que son muy distintos. ¿Podrían ustedes darme una idea sencilla con respecto a sus diferencias?” Un lector.

Confundir teísmo con deísmo es común —las palabras son iguales excepto por una letra t, más aún, tiende a usarse con descuido.

Primero, repito lo escrito en Esta Curiosa Prueba —donde resumí ideas a las que deben añadirse otras dos que son vitales para la comprensión del tema.

Primero, debe mencionarse al ateísmo, que es muy claro en lo que propone: Dios no existe y por eso no hay nada sobrenatural, todo es material.

Segundo, hay otra posición que se llama agnosticismo y que propone otra cosa distinta: es posible que Dios exista y es posible que Dios no exista y eso es algo que no podrá saberse jamás —no merece la pena hablar del tema.

En las dos anteriores ideas se agrupa a las personas para las que para todo propósito práctico Dios no existe.

Lo anterior lleva a otras dos posiciones, en las que caen las personas que sí creen en Dios pero que tienen diferencias al respecto.

Tercero, la posición del deísmo, el que propone que Dios sí existe y que ha sido él quien ha creado al mundo pero hasta allí —Dios no interviene en el mundo, ni se ha revelado a las personas. Bajo esta óptica, ninguna iglesia ni religión tiene sentido.

Cuarta, la posición del teísmo, el que también cree que Dios existe y que el mundo es su creación —una creación en la que él interviene, en la que se ha revelado al hombre y lo llama a una vida futura junto a él.

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Entonces, la distinción entre deísmo y teísmo es sencilla de ver —para los dos, Dios existe, pero para el deísmo Dios no interviene en nuestra vida, aunque para el teísmo Dios sí interviene. Así de simple, aunque en estos terrenos las posturas tienen sutilezas que crean grupos dentro de cada concepto.

Para mayor recordación de estas ideas, ellas pueden ser colocadas en una escala de intensidad de creencia en Dios:

La mayor intensidad de creencia en Dios es el teísmo pues cree en la intervención de Dios en la vida humana; a lo que sigue una posición de intensidad mucho menor, el deísmo, que afirma que Dios existe, pero que no interviene en la existencia humana.

Con una intensidad aún menor está el agnosticismo que simplemente declara que no puede saberse si Dios existe o no; y al final, con una intensidad nula está el ateísmo que niega que Dios exista.

Una buena manera de distinguirlos es pensar en los milagros —esos sucesos que son tan extraordinarios que no tienen una explicación basada en la razón humana y sus conocimientos.

Para el teísmo, los milagros son reales y se deben a la intervención de Dios; para el deísmo los milagros sencillamente no existen y si algo extraordinario sucede, ello debe tener una explicación. Para el agnosticismo, los milagros son posibles quizá, pero nunca se sabrá si lo son o no; y para el ateo, los milagros no existen.

El uso de la escala de intensidad de creencia en Dios tiene cierta utilidad para comprender algunos fenómenos religiosos —por ejemplo, quienes creen en la Biblia como una revelación de Dios pueden clasificarse como teístas, mientras que serían deístas los que niegan que ese libro sea una manifestación de Dios.

De unos pocos siglos para acá, se ha registrado un movimiento secular que ha movido la intensidad de la creencia en Dios hacia posiciones que son más deístas sobre todo —las que siguen afirmando la creencia en Dios pero la conciben fuera de la religión establecida y más como un fenómeno de experiencia personal subjetiva con muchas posibles manifestaciones.

Nota del Editor

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