Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
En Defensa de la Responsabilidad
Eduardo García Gaspar
13 agosto 2013
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El gobierno [Argentino] distribuirá gratuitamente 82 millones de condones y 17 millones de geles lubricantes en todo el país durante 2013 para prevenir las enfermedades de transmisión sexual, informó hoy el ministerio de Salud”. Los Andes, 4 enero 2013.

El concepto es bastante claro. Cualquiera puede entenderlo, si es que quiere. Es lógico, es razonable.

Es la otra cara de la libertad. Cualquiera que reclame libertad para sí mismo, debe aceptarlo. Me refiero a la responsabilidad.

¿Qué es responsabilidad? Sencillamente, es el aceptar y afrontar las consecuencias de los actos propios, las buenas y las malas. No es complicado.

Forma una dupla imposible de separar con la libertad. Si alguien quiere ser libre no podrá más tarde decir que no es responsable de sus actos.

Y, sin embargo, es un concepto que ha sufrido una caída. Paul Johnson, el historiador inglés, habla de esto.

“El siglo 19 vio el clímax de la teoría de la responsabilidad personal, la filosofía que dice que cada uno de nosotros es responsable de sus actos, que es la herencia conjunta del Judeo-Cristianismo y del mundo clásico”.

Según eso, en ese siglo el sentido de responsabilidad personal llegó a su punto más alto y ha decaído a partir de allí. Surgieron ideas que la redujeron. Menciona Johnson a algunos de los que hicieron eso: Proust, Joyce, Freud, el relativismo.

Entremos, si usted quiere, al tema.

Primero, por supuesto, es perfectamente racional que quien realiza un acto libre acepte implícitamente sus consecuencias. Siendo nosotros seres imperfectos, tenderemos a querer evitar las consecuencias malas de nuestros actos. Haremos lo posible por decir que la culpa no es nuestra, que no tenemos por qué sufrir los efectos negativos…

Es como el niño que por jugar pelota rompe el florero del comedor y es castigado. Tenderá a decir que no fue su culpa y si puede, culpará a otros. Igual que el adulto que roba y es capturado, tendiendo a justificar su robo con cualquier pretexto cierto o falso, como tener que pagar una cuenta médica.

En fin, el caso es que tenemos en nuestra naturaleza misma esa inclinación a querer salirnos de la responsabilidad de nuestras acciones libres, cuando sus efectos son malos. Encontramos pretextos, echamos la culpa a otros, alegamos desconocimiento, lo que sea que se nos ocurra.

Ante esa situación resulta sencillo el decirle a la persona que si hizo tal cosa por decisión libre, que no salga con pretextos, que acepte su carga, incumbencia, obligación, responsabilidad, o como usted le quiere llamar.

Hasta aquí nada que no sea sencillo y simple. Usted conduce un auto borracho, atropella a un transeúnte, pagará las consecuencias.

Las cosas comienzan a ponerse realmente interesante cuando se borra la idea de responsabilidad. Cuando ya no es tan clara. Cuando surgen ideas y métodos que ayudan a retirar de la mente la necesidad de aceptar los efectos de lo que uno hace en libertad.

Todas esas ideas y métodos que borran la noción de responsabilidad serán bienvenidas. Si nuestra tendencia natural es zafarnos de las consecuencias malas de nuestras acciones, recibiremos con aplausos a cualquier filósofo que nos dé una teoría respetable que niegue esa responsabilidad.

Diremos con satisfacción, “es que Freud dice que fue debido al subconsciente sobre el que no tengo poder y entonces…”

O piense usted en el gran pretexto que tiene un narcotraficante que argumenta que “en realidad la culpa es de la sociedad que no me…”

Incluso también, vea usted al realmente obeso que recibe ayuda del gobierno para dejar de serlo, resultando que entre todos pagamos las consecuencias de sus excesos.

Resulta también fascinante que, por ejemplo, se repartan condones gratuitamente, o píldoras del día después, para evitar las consecuencias de relaciones sexuales.

Un economista quizá expresaría todas esas situaciones como una cuestión de incentivos: si usted retira de la situación las consecuencias negativas que sufriría la persona, eso es un incentivo para realizar el acto de que se trate.

Y es así que nuestros tiempos son unos contradictorios. En medio de reclamos de mayor libertad tenemos un reclamo de menor responsabilidad.

Una cosa no va con la otra, al menos lógicamente. Cuando eso sucede, entonces ya no se tendré realmente libertad, se tendrá otra cosa, libertinaje, desenfreno, liviandad, o como usted quiera llamarle.

Post Scriptum

Hay más ideas al respecto en ContraPeso.info: Límites de la Libertad.

La idea de la columna puede ser vista de forma esquemática:

• La persona libre tiene responsabilidad por sus actos. A mayor libertad mayor responsabilidad para enfrentar las consecuencias buenas y malas de sus actos. Y viceversa.

• La persona libre que no tiene responsabilidad por sus actos, tenderá a realizar conductas más arriesgadas, menos limitadas. Tendrá menos límites a su libertad y se convertirá en alguien irresponsable.

Un caso de estos es el de los padres sobreprotectores que cobijan a sus hijos de la responsabilidad de sus actos y trasladan esa responsabilidad a los maestros y escuelas. Crean monstruos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “En Defensa de la Responsabilidad”
  1. Ramòn Preciado Dijo:

    Excelente artìculo…breve pero sustancioso.Cada dia vemos como las sociedades se hunden en el relativismo y eso deriva en que también nos hacemos indiferentes e irresponsables;cómplices ante tanta corrupción en los políticos,autoridades,instituciones,medios de comunicación, etc. Urge volver a los principios y valores morales que dignifican al ser humano.Ir contra corriente.





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