Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mal Análisis, Mal Impuesto
Eduardo García Gaspar
24 octubre 2013
Sección: SALUD, Sección: Una Segunda Opinión
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La situación es muy clásica. Se descubre un problema en un país y, acto seguido, el gobierno propone una solución.

Generalmente el problema es real y la solución, una tontería que no va a solucionarlo.

Veamos un caso en México, con datos de CNNexpansión (20 octubre 2013).

Existe un problema de obesidad en México. No hay duda. Es el “segundo país con el mayor número de adultos con obesidad, detrás de Estados Unidos, y el primero en sobrepeso infantil, según la OCDE”.

Los mexicanos consumen refrescos con azúcar en buena cantidad: “El consumo per cápita de refrescos en el país es de 160 litros al año frente a 38 litros de leche”.

La obesidad significa problemas de salud y costos mayores de ese tipo. Comprensible el asunto, por supuesto, pero la solución es ridícula: un impuesto de un peso por litro de bebida azucarada.

La creencia es que un aumento de precio de esas bebidas reducirá el sobrepeso de la gente. La solución supone dos cosas: que las bebidas son la única causa de obesidad y que la medida no tendrá efectos colaterales indeseables.

¿Reducir el consumo de bebidas azucaradas reducirá la obesidad? No necesariamente porque la obesidad no tiene solamente esa causa. Tiene otras, como costumbres alimenticias y hábitos de vida. El azúcar puede ser consumido por otras vías, como bebidas preparadas en casa, o bebidas no incluidas en el impuesto. También, otros alimentos tienen azúcar.

También, hay otras causas de obesidad, como la ingestión excesiva de grasas y, por supuesto, el exceso al comer y los malos hábitos alimentarios en general. Incluso, por ejemplo, la vida sedentaria que producen los juegos electrónico y la televisión.

Podría, quizá, pensarse en un impuesto por obesidad a un Play Station y a la televisión. Incluso a los libros, que tienen que leerse sentado.

La influencia limitada de las bebidas tiene una cifra: “sólo contribuye en 5% de la dieta de 3,000 calorías que representa lo que come el mexicano”.

En cuanto a los efectos colaterales indeseables, de ha mencionado que “se perderán 20% de empleos, y afectará especialmente a los pequeños establecimientos, cuyas ventas dependen en 30% o más de las bebidas azucaradas”.

Además, este muevo impuesto “ocasionará un descenso en el consumo de azúcar en el país en un momento en que los ingresos de los productores de caña cayeron casi 37% en el último año”.

Todo lo que se tiene es: “el gravamen a las bebidas azucaradas permitirá recaudar al Gobierno 13,000 millones de pesos que, según la propuesta del Ejecutivo, serán destinados a fomentar el acceso al agua potable en las escuelas públicas del país”. Por supuesto, no será así. El dinero será usado de otra manera.

En fin, estamos frente a uno de los casos clásicos de intromisión estatal tonta. Frente a un problema real, el que sea, la autoridad implanta una solución ineficaz. Sí, hay organismos que piden ese impuesto para reducir el consumo, pero no tienen evidencia de que lo logrará.

No es la primera vez que sucede algo así. Ni la última.

Quizá los mayores ejemplos de esta mentalidad son dos prohibiciones, la del alcohol y la de las drogas. Ninguna de las dos solucionó el problema y las dos tuvieron efectos colaterales enormes. Sus problemas son obvios: un mal análisis del problema, una mala solución propuesta. Ilustra esto la incapacidad del gobernante.

El problema de fondo, el que realmente importa, tiende a perderse en los detalles de la discusión del problema concreto. Y ese problema de fondo es el mal análisis del problema aunado a la muy limitada capacidad de instrumentos gubernamentales para solucionarlo.

Fue expresado bien: “La doctora Ruth Pedroza Islas, especialista en Ingeniería en Alimentos de la Universidad Iberoamericana, explica que ‘no es ninguna garantía’ que la gente cambie sus hábitos alimenticios con el alza de los precios”.

El mundo es más complejo, más sutil, de lo que suponen muchas organizaciones, incluyendo el gobierno.

Pero puede suceder que ese impuesto y la reforma fiscal logren hacer bajar de peso a los mexicanos: con una economía estancada y pérdida de inversión y empleos, será posible tener menos para comer.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Prohibiciones.

La mentalidad fiscal de ese impuesto es igual a la de una nueva dieta, la que dice que si todos le dan dinero al gobierno, obesos y no obesos, el obeso reducirá su peso.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Mal Análisis, Mal Impuesto”
  1. Alejandro Dijo:

    Por supuesto que saben que eso no soluciona el problema. Aqui más bien me parece que fué una estrategia mañosa de los políticos porque primero saben que los hábitos alimenticios no van a cambiar y el consumo de refresco no disminuirá. Segundo, sabiendo eso, saben que la recaudación que tendrán es mucho mayor a la que indican, por lo que es una medida meramente recaudatoria. El tercer punto es que eso de facilitar el acceso a agua potable es simplemente una farsa, buscaron un rubro que será difícil medir para etiquetar ese dinero, y como siempre, dichos recursos se usarán en otra cosa. Simplemente llenar bolsillos de algunos políticos.





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