Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Big Brother, Big Government
Eduardo García Gaspar
26 septiembre 2014
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Son los personajes diarios. Las celebridades cotidianas. androjo

Aparecen en un Big Brother televisivo que tiene otro nombre.

Se llama Big Government y lleva décadas en la televisión. Hasta en libros, recuerde 1984.

Cada determinado tiempo, los personajes cambian para inyectar cierta novedad al ya cansado espectáculo.

Quizá valga la pena una segunda opinión para examinar a los personajes de Big Government en este siglo 21.

Comencemos por uno de los atributos que deben tener. Algo que se espera de ellos, la habilidad retórica. El uso magistral del lenguaje, el que después de todo es su herramienta central.

De ellos se esperarían palabras memorables, discursos fuera de serie, ideas bien expresadas, frases persuasivas.

Y, sin embargo, no sé usted, pero en México al menos, no tengo eso.

Las declaraciones y discursos de los gobernantes son pobres, raquíticas. Están llenos de lugares comunes, clisés y palabras olvidables. Debería ser lo contrario. En lenguaje, para mi gusto, tienen calificación de reprobado.

Luego está el asunto de la inteligencia, entendida como aprendizaje de errores y prudencia, esa virtud de anticipar consecuencias futuras de acciones presentes. No sé usted, pero tampoco veo esto. Los errores gubernamentales se cometen una y otra vez, sin sacar provecho de experiencias anteriores.

Los seres humanos somos imperfectos y de los gobernantes no podemos esperar perfección, ni en motivos ni en inteligencia.

Correcto, pero aún así, ellos dan la apariencia curiosa de ser al mismo tiempo listos y sagaces para conservar su poder, pero inhábiles y torpes al decidir políticas de gobierno.

También, hay en ellos una buena dosis de conciencia de fama. Son célebres igual que los artistas y actores y socialités. Sus nombres son conocidos por la gente. Sus caras aparecen a diario en los medios. Les siguen también paparazzis que de eso viven. Y eso tiene consecuencias.

Les hace pertenecer a un círculo aislado y cerrado. Viven en su propio mundo, en donde viven con el resto que son como ellos.

Si tienen contacto con su audiencia, eso es más o menos preparado en una escenografía, como cuando un actor hace promoción de su más reciente película.

Hay un problema. Vivir encerrado y aislado distorsiona la visión de la realidad. La confunde. Llegan a creer que sus órdenes pueden realizarse sin malas consecuencias. Que ellos poseen una sabiduría exclusiva y superior. Que el resto de la gente los necesita tanto como necesitar agua.

Y es así como hemos tenido y tendremos el programa pionero y que fue el antecesor de Big Brother. Big Government sucede a diario y lo transmiten todos los canales de televisión, todos los periódicos.

Un espectáculo complicado y que da pie a comentarios entre los ciudadanos, no diferentes a los que produce una telenovela o una película.

No debe serse demasiado negativo. Los gobernantes son gente común, igual al resto y tienen sus complejidades en las funciones en las que trabajan.

No son fácilmente entendidos. Por ejemplo, ellos viven en un mundo de presiones opuestas, opiniones contrarias entre las que deben encontrar posiciones armónicas.

Construir acuerdos es quizá su función central, posiciones desde las que sea posible implantar políticas públicas. Esto puede producir la apariencia de vaguedad e indeterminación en ellos. A veces intencional, a veces inconsciente, no es sencillo emitir un juicio personal sobre cada gobernante.

Y, más aún, sus decisiones presentan una complejidad aún mayor. Pueden, por ejemplo, creer en la bondad de una cierta acción y al mismo tiempo usar argumentos que la apoyen y que nos parecen irrelevantes. Esto es defender una posición con razones que tienen un atractivo público y no una justificación racional.

Quien quiera entenderlos, mucho me temo, tiene que usar mucha perspicacia. El juego que el político juega es complejo y lo hace rodeado de enemigos reales o potenciales. Se necesita cierta inteligencia para sobrevivir y mucha más para avanzar.

El escenario en el que la política se juega, me parece, no es precisamente limpio y caballeroso. Lejos de eso, está lleno de engaños, apariencias, acusaciones y juego sucio. No habló aquí de corrupción ni de fraude, sino de suciedad en las relaciones entre ellos. Lealtades compradas, enemistades creadas, personalidades extremas.

Finalmente, en Big Government hay un elemento crucial, el poder.

No hay mejor posición para la persona con ambición de poder que la de una carrera gubernamental. En ella, más que en ninguna otra, un enorme poder es posible sin tener que demostrar éxito en desempeño y logro de metas.

Post Scriptum

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