Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mutación Gubernamental
Eduardo García Gaspar
31 marzo 2014
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Pertenece al materialismo. Más en concreto al consumismo. androjo

Es el ansia de gastar. De comprar.

En inglés, la persona con ese hábito es llamada “shopaholic”. Adicta a las compras.

Un desorden de la conducta que lleva a gastar de forma compulsiva, desenfrenada.

La imagen general que esto crea es la de la persona que no puede contenerse en una tienda y compra mucho, incluso cosas que no necesita. Puede verse en las personas que, de viaje, prefieren entrar a una tienda Gucci en Florencia que visitar el Palazzo Vecchio.

Este trastorno de la conducta es más común de lo que se cree y afecta muy especialmente a los gobernantes.

Tienen ellos una pasión desordenada por gastar y hacerlo más allá de su presupuesto. Los déficits públicos son prueba de esta obsesión incontrolada.

Una evidencia de este desorden de conducta es el desorden de las finanzas públicas en México:

“Al igual que el gobierno federal, las entidades mantienen en constante expansión sus deudas, a tal grado que éstas se han elevado en un 138% en los últimos cinco años, a un ritmo superior a los $150 millones de pesos por día”. El Horizonte, 18 marzo 2014

Y eso es deuda, es decir, dinero gastado por encima de los impuestos recibidos (y que representa a impuestos futuros).

Creo que es muy difícil demostrar que los gobernantes no sufren este padecimiento de gastar de forma compulsiva. En su dimensión medible, esto tiene consecuencias, las que forman condiciones para una crisis económica futura (recordar a Grecia y su exceso de gasto público ayudará a entenderlo).

Otra evidencia mexicana de esta enfermedad mental fue una noticia clásica en estos campos:

“El Pleno de la Cámara de Diputados aprobó en una larga sesión los artículos reservados para su discusión del decreto que expide la Ley de Pensión Universal y reformas para implementar el Seguro de Desempleo”. El Horizonte,18 marzo 2014

Es este tipo de conducta el que forma las condiciones de las tormentas financieras futuras. Un ejemplo notable: la deuda pública de EEUU es el equivalente de más de 55,000 dólares de deuda por cápita.

No creo que haga falta tener más evidencias de ese desorden de la conducta del gobernante. Entremos ahora en lo que creo que merece una segunda opinión.

Sabemos que los gobernantes padecen ese trastorno, y ahora debemos ir más allá. A las causas de la enfermedad.

Me parece obvio que la causa central bien podría ser una manera de entender a las acciones de gobierno en nuestros tiempos.

Antes, lo que hacían era gobernar y eso consistía en algo que quizá nunca hayan escuchado las generaciones actuales: imponían y mantenían el orden y poco más que eso.

La cosa cambió notablemente. Las acciones de gobierno en nuestros días son decisiones de gasto: en qué gastar cuánto del dinero de otros. A eso se resumen los actos de gobierno de nuestros días.

Gobiernan en dosis homeopáticas y gastan en proporciones descomunales lo que tienen y lo que no tienen. Por ejemplo:

“Para cubrir el costo del proyecto hidráulico Monterrey VI, que se construirá con una Asociación Público Privada (APP), Agua y Drenaje (AyD) hipotecará por 30 años una parte de sus ingresos”. El Norte, 16 marzo 2014

La transformación gubernamental en una agencia de gasto de dinero de terceros va más allá de ser un padecimiento que afecta solamente a los gobernantes.

La afección mental llega al ciudadano mismo. En ellos la política se entiende como un gasto por hacer y poco más que eso.

Es otra de las mutaciones de nuestros días, manifestada en un trastorno mental que altera la mente y define a gobernar como un equivalente de gastar. Cuando más se gasta, según este achaque, mejor se gobierna.

No hay razón que pueda oponerse, razonamiento que pueda negarlo. Gastar es bueno y gastar mucho es mejor.

Por ejemplo, Krugman, el célebre economista

“…recomienda a Obama ir mucho más allá. “Debe gastar lo suficiente como para llenar el agujero que dejó la reducción (del gasto) del sector privado”. La factura será descomunal si EEUU pretende alcanzar el pleno empleo. “Usted probablemente tiene que gastar 800.0000 [sic] millones de dólares al año para lograr una recuperación económica total”. Precisamente, ésta es la cifra que maneja Obama en su nuevo plan de impulso económico que pretende aprobar cuanto antes. Es decir, billones de dólares de gasto en la presente legislatura”. Libertad Digital, 26 enero 2009

La situación es paradójica. Quien suele criticar a la persona que gasta en exceso, más allá de sus posibilidades, suelen aplaudir febrilmente cuando un gobierno hace lo mismo.

El ciudadano que aplaude el gasto público no hace la conexión: ese gasto es dinero que de una manera o de otra sale de sus propios bolsillos.

En fin, estamos en tiempos que han redefinido actos como el de gobernar, para hacerlo sinónimo de gastar con avidez y sin cálculo.

Post Scriptum

No es ésta la única mutación de conceptos e ideas. Otras columnas apuntan mutaciones —legal, democrática, moral, de la libertad, representativa—, que han alterado la comprensión de la política de manera que no solo deja de rechazarse la expansión gubernamental, sino que es ella bienvenida.

La desconexión entre gasto público y dinero propio que el ciudadano padece puede ser vista esquemáticamente; el ciudadano que apoya el mayor gasto público:

• presupone que el dinero es del gobierno y nada más.

• presupone que el dinero que tiene el gobierno es de otros, pero no de él (el dinero de los ricos, de las empresas, de todos, menos el suyo).

• no es consciente de que el gasto público es siempre dinero que que retira de la gente, a veces directamente, a veces indirectamente.

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