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Salarios: McDonald’s Tiene Razón
Selección de ContraPeso.info
10 junio 2014
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Anthony B. Bradley. Agradecemos al Acton Institute Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es On Wages, McDonald’s Gets It Right.

En la cultura actual de demandas sociales, las personas creen que simplemente por existir merecen ciertas recompensas —no por trabajar duro, perseverar, ni tomar decisiones sabias.

Los reclamos sociales son la única manera de explicar la locura detrás de las demandas recientes para que las cadenas de comida rápida como McDonalds paguen arbitrariamente a trabajadores 15 dólares por hora.

A diferencia de muchos políticos, los líderes de negocios no toman decisiones de acuerdo con la opinión pública, ya que tienen responsabilidades fiduciarias con sus juntas directivas y accionistas. Como resultado, Don Thompson consejero delegado de McDonalds Corp. está haciendo lo correcto al no intimidarse frente a demandas salariales ridículas. En resumen, McDonald se ha convertido en un chivo expiatorio de una serie de políticas económicas y públicas que han fallado.

La narrativa de las protestas registradas en los medios de comunicación es algo como esto: “McDonalds debe pagar más porque la vida es dura para los empleados”.

Por ejemplo, en el New York Daily News el trabajador de un McDonald, Shaniqua Davis, dijo: “No voy quedarme callada… voy a seguir luchando… Tengo una hija que cuidar. Con trabajo me alcanza para vivir”.

El St. Louis Post-Dispatch habla de Lashunda Moore, una madre de 36 años de edad, con cinco niños que, después de 14 meses en McDonald’s, gana $7.85 por hora. “Empiezo a trabajar a las 5 de la mañana, y hacia las 5:05 am, estoy sudando”, dijo. “Trabajo en el área de la parrilla, y la gente no ve todo el trabajo que hacemos”. Los hijos de Moore viven con su padre. “No me pagan lo suficiente para mantener a todos”, dijo. “Él es un vendedor por teléfono y está sentado todo el día, pero se le paga mejor que a mí”.

Estas historias plantean cuestiones importantes. Por ejemplo, ¿por qué es que los trabajadores de McDonald’s no pueden llegar a fin de mes? ¿Esperamos que McDonald’s compense la diferencia entre las circunstancias difíciles y las malas decisiones personales?

¿Es culpa McDonald’s que usted tenga 30 años de edad, sea soltera con varios hijos, y no haya adquirido la habilidad necesaria para mejorar sus oportunidades de empleo? ¿Es culpa de McDonald’s que los políticos hayan regulado con exceso el mercado, fomentando de forma inadvertida a las empresas a salirse de los barrios de bajos ingresos?

¿Estamos culpando a McDonald’s por el hecho de que la innovación tecnológica y la automatización sigan eliminando primeros empleos de baja preparación? Es más que ridiculo pensar que los restaurantes de comida rápida reconciliarán estas tensiones.

Don Thompson incluso es acusado de ser codicioso y estar fuera de la realidad. ¿Saben los manifestantes que el propio Thompson salió de la pobreza para convertirse en el primer director ejecutivo negro McDonalds?

Thompson creció sólo a tres cuadras al norte del complejo de viviendas Cabrini-Green en Chicago antes de mudarse a Indianápolis en el sexto grado para ser criado por su abuela. Él entiende lo que es luchar para llegar a fin de mes.

Thompson, sin embargo, protestó contra el futuro de bajos ingresos con alta criminalidad y de bajos salarios al que parecía estar destinado por sus circunstancias, trabajando duro en la escuela secundaria, graduándose de la universidad, casándose, participando en su iglesia y, después de 22 años en McDonalds, eventualmente llegando a ser director general.

El progreso de Thompson es un claro ejemplo de la fuerte correlación entre la toma de decisiones moralmente responsables y la estabilidad financiera personal.

Hubo un tiempo en Estados Unidos cuando aceptar la responsabilidad de las propias metas a largo plazo no era ni el trabajo del gobierno ni de la empresa. Era suya y sólo suya.

Usted protestaba mejorando su situación. Si su trabajo actual no era suficiente para llegar a fin de mes, no exigía que su salario se duplicará de forma arbitraria, por la fuerza si era necesario; buscaba un mejor trabajo haciendo cosas como mudarse a una ciudad diferente o aprendiendo un nuevo oficio. Usted veía el límite salarial y seguía otro camino.

Las protestas de comida rápida de hoy en día están fuera de lugar. Quizás estos manifestantes deberían protestar frente al Congreso por lo siguiente: el intento fallido durante 70 años del gobierno manejando la economía, el fracaso de los programas de bienestar social para sacar a la gente de la pobreza, la creación de políticas que destruyeron la familia urbana y socavaron la moral judeo-cristiana, la introducción de desincentivos regulatorios que sacaron a las empresas fuera de las zonas de bajos ingresos, y la subvención de la educación pública de calidad inferior que deja a los estudiantes incapaces de competir con la innovación en un mercado global.

Tal vez los manifestantes también deberían protestar contra sí mismos por tomar las malas decisiones que los colocaron en una situación difícil.

Al final, McDonalds ya está haciendo su parte justa, empleando y pagando un salario de mercado a cientos de miles de trabajadores con un mínimo de capacitación y educación.

Lo que se necesita en el futuro es que los empleados se aprovechen de su punto de entrada en la comida rápida, el trabajo duro, hagan elecciones sabias de vida, y que los políticos dejen de estorbar a las pequeñas empresas a fin de que las personas pueden asumir la responsabilidad de su futuro —y tal vez algún día, como Don Thompson, se conviertan en el jefe de una de las compañías más grandes del mundo.

Nota del Editor

Puede anticiparse una reacción ante la columna de Bradley. La del indignado que argumente sobre lo injusto que resulta que una gran empresa, que gana mucho, pague salarios que no son suficientes para vivir dignamente.

Comprender así las cosas es propio de la mentalidad que traspasa responsabilidades personales a terceros. Bajo ella, es la empresa la que tiene esa responsabilidad, la de dar una vida digna a sus empleados, con independencia de cómo ellos hayan conducido su vida. Y, también con independencia de las fallas de política económica de los gobiernos, que han causado salarios bajos.

Visto más en su fondo, debe recordarse que no es propiamente la empresa quien paga a los trabajadores. Son los clientes y consumidores quienes lo hacen.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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