Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falacia del Nirvana
Eduardo García Gaspar
12 noviembre 2015
Sección: ECONOMIA, FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
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«Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras de que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas son, en efecto, formas de la hemiplejía moral» J. Ortega y Gasset

El terreno de la política lo confirma. Es un escenario, como ningún otro en el mundo, en el que se exhibe sin filtro alguno la imperfección humana.

Decisiones tontas, medidas imprudentes, metas absurdas, mediciones erróneas, sed inacabable de dinero, lenguaje confuso, doctrinas irreales, personajes zafados… todo eso y más nos da la política en todas partes.

En todas partes, pero también en todos los tiempos. La única porción práctica del conocimiento humano en el que no ha habido adelanto alguno.

Tenemos aún los mismos problemas de hace siglos (la tesis de B. Tuchman en The March of Folly).

La idea de C. M. Cipolla también aplica: siempre hay más imbéciles de lo que se piensa y su proporción es una constante en todo grupo, sin excepción.

La política, por tanto, tendrá una buena cantidad de ineptos y ellos serán un número mayor al supuesto. La idea de que se necesita ser listo para estar en la política, se derrumba estrepitosamente.

Esta realidad parece ser un secreto muy bien guardado, una verdad tan obvia que pasa desapercibida curiosamente en tiempos en los que revelar secretos muy ocultos es toda una moda. Tiene su nombre, se llama «imperfección humana» y es una constante en nosotros. Una verdad que no necesita de demostración científica, ni de experimentos en laboratorios.

La única verdad religiosa que es universalmente aceptada, incluso por los ateos y los científicos más materialistas (parafraseando a G. K. Chesterton).

Y, sí, se sufre por igual en la «derecha» que en la «izquierda». El socialista que promete corregir las fallas del mercado libre, mucho me temo, deberá aceptar que sus soluciones no estarán exentas de errores.

¿El mercado libre tiene fallas? Por supuesto, también es obra de humanos. Los mismos economistas lo han reconocido, como escribió Everardo Elizondo (El Norte, Glosas Marginales, 3 agosto 2015)

«Allá por los 20 del siglo pasado, A.C. Pigou, expuso agudamente ciertas fallas del mercado, llamadas “externalidades negativas”, esto es, perjuicios laterales de la actividad económica -exactamente lo que los ecologistas deploran en la actualidad-. (Por cierto, un concepto relacionado fue desarrollado cuarenta años antes por H. Sidgwick, un profesor de economía y de moral). De hecho, Pigou propuso también el remedio apropiado: impuestos correctivos. En los 50, Paul Samuelson y Francis Bator publicaron artículos clave sobre la teoría del gasto público y sobre la naturaleza de las fallas del mercado, respectivamente. Un par de décadas más tarde, Tyler Cowen compiló diversos ensayos críticos alrededor de la cuestión, y tituló el volumen “La Teoría de las Fallas del Mercado” -una obra cuya lectura evita redescubrir tardíamente lo conocido-. En los últimos tiempos, varios académicos (Akerlof, Stiglitz, Shiller) han ganado el Premio Nobel teorizando sobre las fallas de los mercados financieros».

Acusar a los opositores de ser imperfectos supone que quien acusa está libre de esa imperfección. Una suposición tan fallida que no merecería la pena ver de no ser por la frecuencia con la que se usa. Tanto que tiene su nombre Falacia del Nirvana:

«[…] errar al comparar la alternativa existente (el mercado) con una ideal (lo que pasaría si el gobierno interviene) y no una real (lo que realmente pasa si el gobierno interviene), es creer que el gobierno no falla y no ser conscientes de que el remedio puede ser peor que la enfermedad».

Esto es lo que bien merece una segunda opinión, el no presuponer que la idea propia está exenta de fallas. Pero eso es precisamente lo que suele suceder una y otra vez. Un ejemplo solamente:

«El presidente de la República, Rafael Correa, expidió hoy un decreto a través del cual se crea la Empresa Pública Nacional de Hábitat y Vivienda, cuyo objetivo será el incrementar la oferta de vivienda con el fin de corregir fallas de mercado en el segmento de vivienda de interés social y prioritario».

La Falacia del Nirvana es obvia: suponer que las fallas son del otro y que uno no las tiene.Proponer, en el caso más frecuente, que las fallas de los mercados libres serán corregidas por medio de acciones gubernamentales, presuponiendo gratuitamente, que esas acciones no tendrán errores.

La imbecilidad política, de izquierda y derecha, tiene en esto una explicación real. Es una imposibilidad absoluta suponer que todos los errores están del lado del opositor.

Finalmente, siempre habrá imperfección, siempre y sin excepción. Será posible estar en la situación menos imperfecta que pueda alcanzarse y no saberlo. El mejor de los mundo posible siempre tendrá fallas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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