Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Moral: Definición Personal
Eduardo García Gaspar
22 octubre 2015
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El tema es irresistible. Una real tentación para verlo más de cerca. Para tratar de explicarlo, de entenderlo.

No en abstracto, sino en concreto, con un caso real. No fue hace mucho que cierta persona dijo esto:

«La moral absoluta no existe y no puede existir porque cada persona tiene sus propias creencias y ella es la que forma sus propias reglas morales para poder vivir de acuerdo con lo que ella piensa, con lo que ella piensa que le hace sentirse satisfecha y contenta, sin sentir obligación de obedecer lo que otros digan u ordenen».

No es una cita literal, sino un resumen de lo que la persona dijo expresando sus creencias sobre el tema.

No es la única que piensa así. Al contrario, es una mentalidad común y que está en aumento. Eso es lo que considero irresistible de ver más de cerca.

Siendo lógicos, lo primero que debemos hacer es entender lo que ha dicho esa persona. No creo que haya problema en esto.

Ha dicho que cada persona construye su propia moral y que esa moral propia tiene como propósito hacer que la persona se sienta contenta y satisfecha.

En otras palabras, la persona crea sus propios preceptos éticos. Aunque no lo dice, es obvio que esos preceptos pueden ser diferentes a los de otra persona, lo que crea un ambiente moral variable: donde lo que es bueno para unos puede ser malo para otros.

Muy bien, eso es lo que ha dicho la persona.

Veamos ahora si eso puede ser o no razonable. Lo que de inmediato me viene a la mente es una idea sencilla. Se trata de recordar el significado de la moral. Podemos entenderla como un conjunto de principios y reglas que tienen significado cuando se acepta que ellos debe ser obedecidos aunque nos desagraden.

Un autor lo ha expresado bien:

«El significado entero de la moralidad es un mandato que debemos obedecer nos guste o no nos guste. Si esto es así, entonces es incoherente la idea de crear una moralidad que nos agrade más».

Lo que se implica en esa cita es un par de opciones para entender a lo moral.

Una es entenderlo como algo que impone obligaciones, las de comportarnos de cierta manera, sin tratar de darnos gusto. Esto es lo que, por ejemplo, manda al alumno a cumplir con la obligación de hacer sus deberes.

La otra opción es la de entender a lo moral como una serie de principios y mandatos cuyo propósito central es el de agradarnos en lo personal. Es lo que haría que, por ejemplo, el alumno aceptara como moral el salir a una fiesta y no cumplir con su tarea.

Es una diferencia notable ésta, la de aceptar que existen mandatos con los que debemos cumplir aunque eso nos desagrade, o pensar que los mandatos son reglas que persiguen mantenernos contentos. La diferencia debe ser bien entendida.

Una moral cuyo propósito sea el de hacernos sentir contentos y satisfechos según nuestra propia opinión, es una moral que con facilidad puede deslizarse hasta convertirse en una justificación muy útil para hacer lo que sea que nos venga en gana. Es posible entonces ya ver en donde radica la real diferencia.

Cuando entendemos que la moral impone obligaciones que pueden no agradarnos, implícitamente reconocernos que esa imposición de obligaciones es exterior, que proviene de otra fuente independiente de nuestra voluntad.

Pero cuando entendemos a la moral como algo que definimos nosotros mismos, la fuente de esa moral es interior y proviene desde dentro de nuestra voluntad. Esta es una moral creada internamente y no puede ser sorpresa que sucumbamos a la tentación de hacer que ella nos dé gusto.

Esto puede ser muy bien ilustrado usando las opiniones de un amigo.

Piensa él que la fidelidad conyugal va contra la naturaleza humana, la que hizo al hombre biológicamente capaz de tener más de un mujer. Argumenta él que si Dios nos permite tener un gran gozo sexual, resultaría contradictorio que Él nos lo impidiera al mismo tiempo.

Esa eso precisamente lo que me refiero. Lo que sucede cuando uno mismo se vuelve el origen de los mandatos con los que uno debe cumplir. Será extraordinariamente fácil dejarse dejarse llevar y darse gusto a uno mismo utilizando cualquier pretexto.

Lo anterior tiene una cierta similitud con el principio de la separación de poderes en política. Se considera indebido que quien emite la ley sea el responsable de aplicarla. El legislador no puede ser el juez, ni el ejecutivo. Si eso se hace sería fácil caer en problemas.

Bueno, pues lo mismo sucede cuando la persona es la que define los principios morales a los que ella misma se obliga y bajo los cuales ella se juzga a sí misma.

Post Scriptum

Si le gustó la columna, quizás también Moral A La Carta.

La cita es de Budziszewski, J. (2011). What We Can’t Not Know: A Guide (Rev Exp ed.). Ignatius Press.

Creo necesario agregar otro punto. El aceptar que cumplir con un mandato moral a pesar de que este no sea de gusto personal, produce una satisfacción, la de haber cumplido con el deber, algo que está por encima del darse gusto.

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