Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Falacia Ecológica?
Eduardo García Gaspar
24 mayo 2016
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


La definición común es simple y comprensible

«La falacia ecológica, conocida clásicamente como falacia de ambigüedad por división, es un tipo de falacia o error en la argumentación basado en la mala interpretación de datos estadísticos, en el que se infiere la naturaleza de los individuos a partir de las estadísticas agregadas del grupo al que dichos individuos pertenecen».

En otras palabras, esta falacia supone que todos los que son miembros de un grupo tienen en común los mismos rasgos que definen al grupo. Los ejemplos más obvios son los estereotipos, como «los gordos son simpáticos y los delgados son amargados».

Usando números, por ejemplo, podrá afirmarse que los estadounidenses tienen más ingresos que los italianos, lo que no significa que todo italiano sea menos rico que todo estadounidense. Los habitantes de países pobres no son todos pobres; ni todos los africanos son capaces de ganas maratones.

La falacia tiene aplicaciones médicas, sociológicas y psicológicas, dependiendo del campo de investigación.

La noción de esta falacia puede verse quizá mejor con lo siguiente :

«Se produce una falacia ecológica cuando los resultados obtenidos mediante el análisis de datos a nivel agregado se usan para hacer inferencias sobre el comportamiento a nivel individual […] Por ejemplo, afirmar que las mujeres apoyan el derecho al aborto relacionando el porcentaje de mujeres en distritos electorales que votan a favor de una medida abortista es una falacia ecológica».

Quizá sea esta falacia muy similar a la de la generalización.

En resumen, nada que realmente esté alejado del sentido común. Sin embargo, las cosas se ponen interesantes cuando la falacia ecológica se aplica a terrenos fuera de la estadística, o de la ciencia empírica.

Ella está bien representada en la siguiente afirmación:

«Es una creencia muy extendida, producto del antropocentrismo […] el afirmar que todos los humanos, y sólo ellos, poseen una determinada característica C. Generalmente, la característica C […] es la racionalidad, la inteligencia, la conciencia, el libre albedrío, etc. y entonces dicen: “todos los humanos son animales racionales”, “todos los humanos tienen conciencia”, etc., pero no suelen explicar cómo hacen para verificar si un determinado humano tiene racionalidad, conciencia, etc.[…]».

La observación tiene su mérito, al menos aparente y le permite observar que los siguientes son ejemplos de la falacia ecológica:

«Los humanos tienen más mucha capacidad de razonamiento, por lo tanto, cualquier humano tiene mucha capacidad de razonamiento. Los humanos tienen más capacidad de razonamiento que los animales no humanos, por lo tanto, cualquier humano tiene más capacidad de razonamiento que cualquier animal no humano».

Además, siguiendo esa misma línea de pensamiento, se concluiría que «bebés, niños pequeños, disminuidos psíquicos profundos, algunos enfermos» y otros no serían en realidad humanos (no tienen, por ejemplo, racionalidad o conciencia). Aceptar esto tendría serias consecuencias.

Entonces, el punto central es ahora sencillo de ver. Decir que los humanos son racionales y libres, inteligentes y conscientes; y que todos sin excepción forman un grupo distinto al resto de los animales, ¿es o no una falacia ecológica?

No lo creo. Creer que los seres humanos son racionales y libres, por ejemplo, no es un dato estadístico, ni propio de la ciencia empírica. No es algo que esté destinado a probarse con evidencias científicas. Pero sí es una afirmación filosófica, justificada con argumentos, no con números ni con estudios de laboratorio.

Por otro lado, piense usted en las consecuencias de concluir que algún ser no es humano porque padece síndrome de Down, o porque tiene solo dos semanas de edad, o porque está en coma. Decretar que esas situaciones hacen que las personas sean humanas justificaría acciones impensables de otra manera.

Creo que la aplicación de la falacia ecológica fuera de sus terrenos naturales está bien explicada en la idea del cientificismo:

«Se designa con el nombre de empiricismo o, más corrientemente, con el de empirismo a aquel sistema filosófico que en el problema referente al origen y valor del conocimiento humano sostiene que la única fuente de conocimientos válidos es la experiencia sensible, la sensación y la percepción en sus diversas modalidades. El empirismo, por tanto, se refiere no solo al origen del conocimiento, sino también a su validez. Tan empirista es el que afirma que la única fuente de conocimiento es la experiencia cuanto el que sostiene que, habiendo otras fuentes de conocer, la única válida es la sensación».

Después de todo, si encontramos que alguien comete un error contra la racionalidad aplicando la falacia ecológica, sería absurdo negar que haya dejado de ser humano por dejar de ser racional en ese momento.

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